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Un toxicómano en
fase de rehabilitación recibe una carta
que le propone cambiar su vida y
convertirse en alguien que ni siquiera
pudo soñar.
Lee un fragmento de
la novela
aquí.
Conrado Marchale
está colándose por el sumidero de la
mediocridad, a punto se encuentra de
abandonarse cuando un reclamo
publicitario llama su atención. A partir
de entonces, Conrado entrará a formar
parte de una organización que camina de
puntillas por la verosimilitud: una
cofradía de hechiceros laicos, de
hechiceros que ni creen en la magia ni
la practican, porque la magia no existe
mas que como una forma de manejar el
mundo y relacionarse con él.
En la línea de
novelas que siguen el proceso de
instrucción de un aspirante a mago,
Jitanjáfora rompe con todas las
convenciones: la trama se sitúa en el
mundo real, con personajes fidedignos
que rozan el esperpento (como el
ampuloso Figueredo, un intelectual que
siempre ha vivido enclaustrado en su
biblioteca), la magia no es más que un
modo inteligente de interpretar las
cosas donde valen las frases persuasivas
(como conjuros verbales) o los trucos de
prestidigitador. Y, sin embargo, aunque
el argumento jamás abandona el realismo,
aparecerán dragones, hechizos,
monstruos, fuerzas del mal, varitas
mágicas o habilidades aparentemente
sobrenaturales.
Jitanjáfora
es un guiño a las novelas de Harry
Potter o similares desde un punto de
vista adulto, hiperreflexivo,
costumbrista, verosímil y laico. Un
verdadero manual de instrucciones para
convertirse en un hechicero
contemporáneo.
Lee acerca de la bitácora creada a
partir de esta novela
aquí.
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