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Asignaturas



Cinesiologia:


Objetivo: Obtener un preciso conocimiento y control del cuerpo y de la relación mente-cuerpo.
Preceptor: Zhi Wang-Mei. Chino. Atuendo: Mono ajustado de muselina blanca con el cuello alto e impresiones chinescas de color negro imitando una salpicadura. Huye del barroquismo, de los abalorios y de todo lo que no se adapte a su cuerpo como una segunda piel.
Habla en inglés pero con tanto acento asiático que en realidad parece chino.
Se pasea siempre por el entarimado con movimientos suaves y cadenciosos, como si siempre estuviera interpretando alguna danza minimalista. Parece estar siempre levitando. Enjuto, con la consistencia ectoplasmática de un fantasma.
Habla como Yoda o como un indio <<Ahora, cuerpo ser vuestra prisión. Cuando concluir este curso de liberación cinesiológica, cuerpo esfumarse y ser completamente etéreos.>>

 



Mnemologia:


Objetivo: Estimular y controlar la impronta de la memoria, el registro sináptico y el anagrama bioquímico; también para olvidar información, lastres que mermen las capacidades intelectivas, emociones malsanas, recuerdos luctuosos, traumas, hechizos autodestructivos. De forma accesoria, se familiarizará al alumno, junto con la asignatura de Pócimas, acerca de las sustancias químicas necesarias para incrementar las capacidades mnemóticas o fijar ciertas emociones o estados neurales, como las endorfinas, los inhibidores de la fosfodiesterasa, algunos estimulantes centrales, nootrópicos, colchicina, vinblastina, benzodiacepinas, vasodilatadores, litio y anisomicina.
Preceptor: Fassbinder. Alemán. Atuendo: pechera de armiño constelada de botones de orfebrería azul emperatriz y lanas teñidas de malva sembradas profusamente de boliches, cabezas de galgos y enormes dados.
Habla como un robot, siempre con el mismo tono y la misma velocidad, como si estuviera leyendo un guión memorizado pero no poseyera dotes interpretativas. Así pues, nunca lleva cartera ni carpesanos atestados de notas: todo lo necesario se halla dispuesto eidéticamente en su cabeza.
No muy alto, cabeza cuadrada de jugador de Rugby. Pasaba de los cuarenta años pero su rostro parece el de un adolescente con las hormonas dislocadas: inflamaciones, enrojecimiento de la piel, espinillas purulentas, quistes butíricos y mucoides, vesículas y otras dermatosis severas, como un eczema en los labios que le confiere cierta apariencia de payaso. Es como si alguna sustancia vesicante le hubiera salpicado el rostro o se hubiese caído de bruces en un campo de ortigas.




Pociones:


Objetivo: Descripción y obtención de sustancias nootrópicas, vitaminas, minerales, aminoácidos, drogas, venenos y demás vademécum neurofisiológico.
Preceptor: Héctor Valdés. España. Su nombre es adéspota, no aparece, pues, en ningún santoral, no tiene ningún santo al que acogerse. Atuendo: Para más señas, era cordobés, y suele sentarse en una silla de enea y vestirse con pantalones negros acampanados y camisa de damasco en tono liso, con un ramillete de rosas abiertas bordado en el bolsillo de la pechera. No es difícil imaginárselo a punto de entonar alguna soleá. En sus manos, muchos anillos de oro. En sus orejas, tres pendientes de aro en cada una. Perilla y cabello engominado peinado hacia atrás. Al hablar gesticulaba como si tocara las castañuelas, y sus mangas de la camisa siempre estaban desabotonadas.
Rango: 8 espiras. La espiral la exhibe en la hebilla del cinturón, una ostentosa hebilla de bronce que se enroscaba sobre sí misma formando una caracha de ocho espiras.


 


Dialectica y Control de hilos:
 

Objetivo: Impartir estrategias básicas de control mental y volitivo mediante la expresión verbal y corporal. Gobernar al ser hombre como si éste fuera una marioneta del Teatro de Marionetas de Dusseldorf.
Preceptor: Cosmin Targo Sobievsky. Rumania. Atuendo: Pantalones y camisa negra, chaqueta de Arman también negra y sombrero ladeado de ala ancha, negro, por supuesto, de la que surgía una melena grisácea de cabello lacio. Siempre fuma una pipa que atufa el ambiente.
Gesticula como si espantara una pléyade de mosquitos hambrientos. Además, se advierte severas secuelas motrices de resultas de su síndrome de Tourette. Era avasallado, pues, por continuos tics nerviosos y manías, que llegaban a su punto culmen cuando no hablaba ni estaba entretenido en ningún quehacer.
<<Existen muchas formas de ofender o agraviar al prójimo y el insulto directo o los gritos (¡usted no me insulte, usted no me chille!) son dos de las formas más primitivas e insignificantes que existen para agraviar al prójimo>>.
Rango: 11 espiras (monstruo de Corfú).




Temperacion:


Objetivo: Valoración de la calidad de la cultura y los conocimientos (no de su cantidad) y su gestión, la apertura de miras, el grado de relatividad que se otorga a los fenómenos, la forma de percibir los fenómenos, la superstición, la perspectiva, el criterio, la visión del futuro, el control volitivo y la gradación moral. La forma básica universal para medir el grado de temperación es la espiral.
Preceptor: Madame Petzenick. Anciana. Atuendo: Cabello canoso recogido en dos moñetes y satenes y terciopelos tachonados de ramilletes de plumas de avestruz, rosas abiertas y tulipas multicolores. Gafas enormes, como los ojos multifacetados de una mosca, con montura de densa pasta para sujetar unas lentes gruesas bifocales, porque apenas veía, apenas oía, apenas podía sentir el mundo a su alrededor, condenada al ostracismo en aquel cuerpo con los sentidos taponados.
A pesar de su avanzada edad y su aspecto de abuela decrépita aficionada al punto de cruz, había algo en su mirada, un chisporroteo en sus ojos zarcos y acuosos, que evidenciaba que bajo aquel manto de piel abolsada y arrugada y estructura débil de huesos quebradizos se agazapaba un torrente de vida adrenalínica. Petzenick es pensamiento puro habitando un cadáver en las postrimerías de su descomposición.
Su varita es un cayado retorcido y curvo.
Suele ajustarse sus gafas megalíticas en el puente de la nariz.
Rango: 10 espiras.




Egocentria:


Objetivo: Control y gestión pragmática de la autoestima, el ego y la apariencia.
Preceptor: S. Su máxima era no estar allí, no tener importancia, así pues, más que una preceptora parece una alumna. Siempre evita las interacciones con los demás, pasando desapercibida. Atuendo: Viste con una túnica vaporosa que imita el tono de las paredes para escamotear las miradas, como un camaleón, siempre fundiéndose con el medio. Su naturaleza anodina estaba milimétricamente calculada.
<<Aquí nadie debe tener autoestima, la autoestima sólo es un arma y se debe descargar cuando uno lo considere oportuno>>. <<Sólo el que no posee look puede permitirse el lujo de gozar de uno, porque sólo admito la impostura y la afectación cuando se es consciente de ella>>. <<Me avergüenza vestir como una intelectual sólo porque la vida me ha conducido a ser una intelectual>>.






Artes adivinatorias y Analisis:


La preceptora Birgitta Wilson les impartió algunas nociones de Artes Adivinatorias y Análisis, que se basaban en las teorías de cómo los psicólogos interpretaban la capacidad humana para utilizar y gestionar información incompleta o ambigua. Potenciaron la intuición y la observación, dejando a Sherlock Holmes como a un aficionado. Incrementaron también sus dotes para negociar, su gusto estético, su ojo clínico, su empatía; convirtieron el sexto sentido en un sentido más, real y tangible. Practicaron hasta identificar los pálpitos más acertados, las corazonadas y las suspicacias. Y todos comenzaron a experimentar ese sentimiento de dirección, de virtud cognitiva que aparece en los que toman el camino correcto y reconocen las posibilidades antes de explicarlas. Con la eustochia, aprendieron a saber conjeturar acertadamente, con la solercia afilaron con un esmeril su sagacidad, inventando así a la velocidad del rayo posibilidades eficaces tan sólo observando el medio durante unos segundos, con la ebulia daban consejos a los demás de un modo revolucionario, con la gnome juzgaban los hechos extraordinarios o poco comunes aplicando sin vacilar reglas heurísticas especiales. Y muchas otras habilidades fueron ejercitadas hasta que comenzaron a sentirse depositarios de un poder extraordinario para percibir las cosas y extraer inferencias de toda clase.
En sus ojos se instalaron permanentes microscopios, estetoscopios, telescopios, rayos X que dejaban el alma desnuda de carne, dactilógrafos y demás cachivaches para ver más allá de lo evidente, el futuro y el pasado.
Si, por ejemplo, se topaban con un desconocido, en pocos segundos ya le habían realizado un perfil psicológico extremadamente fiable (exceptuando a los preceptores, que empleaban estrategias para escamotear cualquier tipo de escrutinio).
–Observen esta mano –decía la preceptora Birgitta Wilson–, un adivino debe poder advertir que estos dedos en palillo de tambor (con la primera falange más ancha de lo normal) son evidencias de algún tipo de afección circulatoria o pulmonar y que este color cianótico tiene relación con dificultades para pensar con claridad. Y las uñas, ¿qué significan estas uñas? A ver, usted.




Contramedidas:


El preceptor Descartes Malebranche se encargó de descubrirles las contramedidas que tenían a su abasto para repeler un conjuro, un encantamiento o un hechizo de otros hechiceros. El Witzelsucht era la contramedida fundamental, puesto que la técnica destruía la inhibición humorística del hechicero. Sí, el humor era una contramedida muy efectiva contra los ataques mágicos, el conseguir mezclar en una misma coctelera intelectual lo magno y lo trivial, lo sublime y lo ridículo, lo serio y lo intrascendente, aplicándolo a toda persona, objeto, emoción, pensamiento o palabra, independientemente de su procedencia. La burla y la parodia debían ser inacabables en un hechicero que pretendiera estar protegido de otros hechiceros, junto con la asunción de que uno no era nada en el fondo, sólo un patético grano de arena más en un universo infinito e inconsciente, como había referido la preceptora S. en Egocentria. Todo es ridiculizable, y la ironía y el cinismo constituyen corazas indestructibles. Un hechicero frívolo no posee puntos flacos porque no ofrece, en realidad, ninguna resistencia al oponente, porque él es el primero dispuesto a atacarse a sí mismo, criticarse, desdecirse, vencerse y quedar hecho un guiñapo frente a los demás. La frivolidad y el cinismo devalúan el calibre de las afrentas. Nada debe ser lo suficientemente serio o profundo para despistar a un hechicero de su senda carnavalesca. No hay que temer a nada, nada es tan importante, nadie está legitimado para determinar lo que es y no es importante, todo es impostura y teatro. Todo es una presuntuosa pamema, y el hechicero consigue descubrir los ridículos mecanismos que la animan en la sombra. Todo es, en puridad, absurdo; el nihilismo, tomado desde su vertiente más díscola y lúdica, constituye una armadura terapéutica.

 

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