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Filosofía de la hechicería laica



 

Aquella era una magia material, razonada, biogilizada, psicologizada, humanizada. Se instruían para ser prestidigitadores, conscientes siempre del truco y del artificio, de la farsa. Ilusionistas, timadores del prójimo. Aunque en ellos no existía ninguna impostura: actuaban y pensaban como magos genuinos, porque ésa era su filosofía de vida.


En clase de Temperación, un alumno preguntó entonces a Madame Petzenik si la magia existía, y la contestación aclaró las sospechas de Conrado. Sí, sí que existía, pero de un modo nuevo. Madame Petzenik dibujó unas líneas paralelas que, a los ojos normales, parecían divergir debido al efecto de unas líneas divergentes sobrepuestas a ellas.


–Acabo de hacer magia, ¿no lo ven? –exclamó la anciana Madame Petzenik. –Ha sido magia inteligente, creativa, real. Contemplen las figuras invertidas, como cubos y escaleras plasmados en perspectiva, que son normalmente vistos en profundidad e invierten su configuración aparente a intervalos. Magia, efectos ilusorios que constituyen la magia fidedigna. Miren los dibujos ambiguos de Escher. O los estereogramas. O el test de Roschard. Dejen fluir su conciencia. O lean una greguería, la magia de las palabras. Temperen la espiral, la magia de la comprensión y el conocimiento. Conviértanse en un pavo real consciente del ridículo de arrastrar una cola megalítica, la magia de la autoestima. Ríanse de todo, no respeten nada, la magia del Witzelsucht. Muevan los hilos de los títeres, la magia de las emociones. Persuadan, convenzan, dirijan, hagan creer, sorprendan, la magia de los encantamientos intelectuales. Usen lo que les rodea y no se dejen usar por lo que le rodea, la magia de las pócimas. Transformen un insignificante bastón de madera en un talismán, ensamblándolo a su mano, a su psique, la magia de la varita. Vuelen, salten, esquiven, gobiernen músculos y articulaciones que ni siquiera conocían, la magia del cuerpo físico.


>>La magia de verdad consiste en poseer unos conocimientos que están vedados a la mayoría por su ignorancia o su cerrazón y canalizarlos hacia tareas virtuosas.

 

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