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Sergio Parra
nació en Barcelona en 1978 aunque
actualmente reside en Calafell
(Tarragona). Ha escrito varios relatos
que han recibido varios premios. Entre
sus novelas están “What hath God wrought”
(Finalista del Premio UPC 1999), “La
granja de Dios” (Premio Pc-Actual 2001),
“Las gafas de Platón” y la que nos ocupa
en esta entrevista: “Frío” (publicada
por Septem Ediciones). En la red tiene
una web propia: www.sergioparra.com con
enlaces a su obra.
1. La novela trata sobre una relación en
la que el hombre parece insensible y la
mujer está angustiada por ello. Ella
tiene que buscar medios casi
desesperados para obtener el cariño de
su marido. ¿Resulta un icono o metáfora
de algún aspecto de la sociedad actual?
¿De las relaciones de pareja de hoy día?
En efecto, la frustración creciente de
la protagonista representa una patología
muy común en la actualidad que, sin
embargo, todavía no se ha identificado
lo suficiente como tal: la confusión
entre amor y miedo a estar solo, dos
sentimientos que suelen confundirse pero
que no podrían ser más antagónicos. Pues
el primero es un amor hacia el prójimo y
el segundo, amor a uno mismo.
Debido a un buen puñado de razones de
reciente implantación, como pueden ser
la soledad del individuo en la masa de
una gran ciudad, y a otras más
arraigadas, como el concepto demodé e
idílico del romanticismo, se ha tendido
a pervertir el amor, convirtiéndolo en
dependencia. Uno ya no quiere. Quiere
que lo quieran, sin detenerse a pensar
que ese sentimiento sólo tiene sentido
(y valor) si surge sin que nosotros lo
forcemos en el otro. Ya Ortega y Gasset
nos advertía de nuestra ignorancia en lo
relativo a los sentimientos, pues
popularmente se ha considerado
incongruente el conocimiento racional de
algo tan volátil e irracional como son
las pasiones humanas: su análisis
crítico desvirtuaría al sentimiento, lo
condicionaría, lo convertiría en otra
cosa, se ha pensado siempre. Porque el
sentimiento debe correr libre y poco
importa si es sano o insano, sólo si es
díscolo es sentimiento.
Por ello, Ana, termina recurriendo a los
ardides más reprochables para forzar en
su marido un amor que jamás existió.
De este modo, la novela tiene dos
lecturas: una romántica, en el sentido
más clásico del término, y otra, más
simbólica, que criticaría la primera,
cuestionando el significado de la
palabra amor. Ambas, quede dicho, no son
incompatibles. Por esa razón siempre
definí “Frío” con un oxímoron: una
historia de amor apasionadamente fría y
cuadriculada.
2. El personaje de Fred (el marido)
parece en algunos momentos como si fuera
una parte más del mobiliario. Se
comporta como si fuera un vegetal, que
no puede aportar nada ni hacer nada (por
ejemplo, no es capaz siquiera de hablar
en las comidas…). Sin embargo en otros
momentos, sí parece cobrar personalidad
y hasta sentimientos (al menos algo se
percibe): trata con el apelativo
“cariño” a su hija, dice él mismo que
“necesita” decirle a su esposa que en un
empleo anterior de profesor lo
despidieron por ser demasiado
cuadriculado y se llama a sí mismo
“monstruo”… Además, a pesar de no tener
sentimientos, sí se ha casado y ha
tenido una hija. ¿No has subestimado el
poder de los sentimientos? Es decir,
¿una persona sin sentimientos podría
hacer todo esto?
En un principio, el personaje de Fred no
pretendía ser verosímil. La falta de
sentimientos y su exagerada abulia no
eran más que recursos literarios para
explicar lo que me interesaba. Fred es
el hielo, Ana es el fuego. Y, en todo
caso, la visión que tenemos de Fred es
siempre la visión que nos ofrece la
protagonista, pues la narración es en
primera persona. De esta manera, este
subjetivismo podría excusar el que un
hombre que parece estar muerto haya
llevado a cabo tales hazañas: quizás no
esté tan muerto y sólo sea la narradora
quien exagera.
Pero mi sorpresa fue mayúscula cuando,
al terminar la redacción de la novela,
tuve la ocasión de leer acerca de
desórdenes mentales cuyos efectos eran
casi idénticos a los padecidos por Fred.
Y, precisamente, estos desórdenes se
caracterizan por continuas
intermitencias en los sentimientos, como
si alguien los accionase o los
desactivase de forma aleatoria. Fred
existe. Así como hombres que confunden a
su mujer con su sombrero, hombres que no
perciben el movimiento de las cosas,
como si el mundo fuera una fotografía, u
hombres que pierden la moralidad, la
vergüenza y los modales de la noche a la
mañana. Como de costumbre, y pese al
tópico, la realidad supera a la ficción,
y más tratándose de ese gran desconocido
que es el cerebro.
3. Ana (la protagonista) es enfermera
y son obvias las alusiones a su
profesión. ¿Ha habido un proceso de
documentación?
Sin duda lo ha habido, y exhaustivo.
Antes de abordar Frío no tenía mucha
idea de enfermería ni del funcionamiento
de un hospital. Los hospitales siempre
me han deprimido e intento evitarlos
tanto como me sea posible. Hay gente que
teme volar, pues a mí me inquieta la
atmósfera pretendidamente salubre y
aséptica de los hospitales.
Como reto personal, me propuse escribir
una historia muy femenina sin caer en
los tópicos ni en las estridencias ñoñas
de la mayoría de autores masculinos que
lo intentan. No sé hasta qué punto lo he
conseguido, pero me hizo mucha gracia
cuando el jurado del premio Ategua me
confesó que, al abrir la plica,
esperaban encontrarse con una
participante femenina. Y no sólo les
sorprendió descubrir a un hombre tras
aquel manuscrito sino a un chico tan
joven. Exactamente lo mismo sucedió
cuando recibí la llamada de Septem
Ediciones para comunicarme su intención
de publicar la obra. Y, hasta ahora, la
mayoría de críticas que he leído acerca
de Frío hacen hincapié en la
credibilidad de la protagonista y en el
verismo de sus cabriolas emocionales.
Para construir a Ana, pues, le busqué
una profesión interesante, poco conocida
y mayoritariamente femenina. La de
enfermería me convenció enseguida,
contando que, por aquel entonces,
conocía gente que trabajaba en un
hospital. Por lo tanto, tuve la suerte
de bucear en hojas de ingresos,
manuales, protocolos, archivos,
instrumentos, costumbres y demás
parafernalia del mundo sanitario. Todo
lo que menciono es real, incluso el
ominoso artefacto que abre la novela, el
Drum. Sostuve uno de ellos en mis
propias manos y lo accioné para ver cómo
funcionaba, y realmente es tan terrible
como lo describo (más bien omití los
detalles más truculentos). Parecía un
artefacto alienígena. Y afianzó mi pavor
a los hospitales.
4. El título es conciso y directo:
“Frío”. ¿Por qué este título y no otro?
¿Querías avanzar algo con el título?
Al título le di muchas vueltas. Soy muy
maniático con los títulos. Los que son
demasiado crípticos y rebuscados no me
aportan ninguna información sobre la
historia. Los excesivamente obvios y
descriptivos, no atraen mi atención. En
breve, por ejemplo, se estrenará una
película llamada Soñando, soñando…
triunfé patinando (Ice Princesa), un
ejemplo paradigmático de esta segunda
clase de títulos.
Al principio me decanté por lo críptico
y el título fue Emet (palabra judía que
significa “verdad”). En 1200, los
cabalistas alemanes hablaban de dos
místicos que habían creado de la arcilla
una figura de un hombre, sobre cuya
frente figuraba la mencionada palabra.
El hombre de barro, una suerte de Golem,
les habló y dijo: <<Dios sólo creó a
Adán. Y cuando quiso que Adán muriese,
borró la alef, la primera letra de EMET.
Entonces no quedó más que MET, muerte.
Es lo que tenéis que hacer conmigo: no
creéis otro hombre, o el mundo sucumbirá
a la idolatría. Pero ese título, quizá,
era demasiado rebuscado, y tampoco me
gustan los títulos que sólo cobran
sentido cuando se leen las últimas
líneas del último capítulo. (Soñando,
soñando… triunfé patinando desvela,
directamente, el desenlace, lo cual ya
roza la obscenidad).
Más tarde opté por El círculo
incompleto, por la analogía que se
establece entre la misteriosa obsesión
de Fred por los círculos y su
naturaleza, que además se relaciona con
el círculo polar ártico de su país de
origen, Islandia, y con la serpiente de
Midgaard, un monstruo prodigioso de la
mitología nórdica que rodeaba el mundo
en forma de círculo mordiéndose su
propia cola. Sin embargo, este título
podría confundirse con el de un thriller
al uso de cofradías secretas o aventuras
de evasión.
Al final, casi como un flash, surgió
Frío. La frialdad de Fred, la frialdad
de los sentimientos, la frialdad de
Islandia, la frialdad en contraposición
al apasionamiento de Ana, el amor frío
como superación del amor romántico
patológico. Una novela llamada Frío en
cuya portada aparece un corazón, otro
oxímoron que concordaba con la
ambivalencia que intentaba transmitir el
argumento.
5. Sergio, ¿estamos ante una novela
corta o más bien un relato largo? ¿Hay
alguna diferencia para ti? Recordemos
que la obra tiene unas 126 páginas
aproximadamente.
Creo que, en general, nos preocupamos
demasiado de las etiquetas que debe
llevar una obra literaria: géneros,
estilos, denominación de origen,
cánones, galardones, influencias,
público al que va dirigido, críticas. La
verdad es que tengo una concepción un
tanto anárquica sobre todo eso, y, si
acaso, considero que sólo debería
importar a los estudiosos, a los
hermeneutas, a los exegetas y, quizá, a
los esnobs. Yo prefiero adentrarme en
una historia de la forma más pura
posible, descubrirla por mí mismo. De
hecho, muchas veces me doy cuenta de que
es innecesario que figure un título en
la portada, o el nombre de un autor.
Así que dejo al lector que él mismo
juzgue si Frío trata de una novela corta
o un relato largo. O un ensayo novelado,
quién sabe.
6. ¿Tiendes a preparar mucho un libro
antes de llevar a cabo su escritura? ¿Te
ha llevado mucho tiempo preparar el
esquema de la novela antes de escribirla
o te has dejado llevar por la escritura?
Suelo ser muy puntilloso con la
documentación. Disfruto mucho con ella.
Es más, documentarme me funciona también
para dar con nuevas ideas que jamás se
me habrían ocurrido con la simple
reflexión. Luego, a la hora de trazar el
argumento, perfilar los personajes o
ponderar los acontecimientos importantes
suelo dejarme llevar por la
espontaneidad. Cuando empiezo a escribir
la historia fluye naturalmente por mi
cabeza y pocas veces necesito, a grandes
rasgos, corregir nada.
Frío no fue una excepción. Leí una
docena de ensayos acerca de los
sentimientos, desde clásicos, como
Ortega y Gasset, hasta los últimos
avances científicos en el tema. Luego,
obviamente, no utilizo ni un diez por
ciento de lo que he aprendido, pero aún
así lo considero imprescindible para
organizarme mentalmente para, al final,
abordar la redacción con naturalidad,
dejándome llevar por la trama como si yo
mismo la estuviera viviendo. En parte,
es como interpretar un papel.
7. En el libro he notado que
predominan más los sentimientos que la
propia trama. De las 126 páginas, las 90
primeras tratan el estado emocional de
Ana y es entonces cuando empieza a verse
el problema que nos va a llevar al
desenlace. Es decir, que realmente la
trama se plantea más bien al final y se
resuelve rápido. ¿Por qué esta
estructura?
La estructura sería poco apropiada si
Frío fuera una novela de misterio. Pero
no lo es. O no lo es del todo. Lo que
más me interesaba era impregnar la
narración de cotidianeidad. Que por
encima de las tribulaciones de un
matrimonio en crisis, el lector sintiera
cierta empatía hacia las emociones de la
protagonista. Esas 90 primeras páginas
sirven para dejar claro que Ana es una
persona normal, que su vida, aunque
adulterada por su fantasía y su
imaginación desbordantes, podría ser la
vida de cualquier mujer de hoy en día. Y
entonces, ya acostumbrado el lector a la
cadencia pacífica de la narración, me
pareció interesante darle la vuelta a
todo y convertir la parte final en un
misterio inesperado.
Quizá esta estructura tenga algo que ver
por mi interés hacia las historias sin
etiquetas. Si veo una película de
aventuras, me predispongo a ver
persecuciones, lugares exóticos y un
final feliz. Si veo una película
romántica, lo mismo. Lo verdaderamente
divertido es comprobar como un autor ha
jugado contigo, vendiéndote un arquetipo
de historia que luego se convierte en
otro, y luego en otro, hasta que ya no
sabes a qué atenerte.
8. La novela ha recibido el Premio
Ategua Castro del Río. ¿Esperabas que
“Frío” recibiera algún premio? ¿Te ha
servido para darte confianza y continuar
escribiendo?
Nunca esperé ningún premio para Frío. En
general, los premios suelen recibirlos
obras de estructura muy clásica y
temática muy trillada. Así que cuando me
llamaron de Castro del Río, un pueblo de
Córdoba, mi sorpresa muy aún mayor:
¿Dónde diablos estaba Castro del Río?
¿Por qué les había gustado una historia
tan iconoclasta?
Asistí a la entrega de premios en un
pueblo de los de toda la vida, con su
coral y todo, alejado de las grandes
urbes. Y al jurado le había entusiasmado
la historia. Esto me acabo de convencer
de que los premios son cabriolas del
azar y es muy difícil calcular a quién
convencerás con un manuscrito. Por ello,
más que un premio, lo que verdaderamente
me da ánimos para continuar escribiendo
es cuando alguien a quien no conozco de
nada me confiesa todo lo que ha sentido
leyéndome, qué es lo que ha
interpretado, etcétera. Esa sensación es
indescriptible, y vale mucho más que
haber recibido una docena de premios,
que en gran parte son cuestión de
suerte.
9. Supongo que con lo difícil que
resulta publicar libros para los autores
jóvenes, el hecho de recibir un premio
es un gran logro. ¿Cierto?
Difícil, no. Es dificilísimo. En muchas
ocasiones te planteas tirar la toalla.
Sí, continuar escribiendo pero no perder
más tiempo intentando que alguien te
haga caso. Pero entonces, cuando menos
te lo esperas, te llaman por teléfono y
te dan una alegría. Por esa razón, casi
por salud mental, me intento tomar todo
esto de los premios y las publicaciones
como jugar a la lotería. Si toca, toca.
Pero si no, no me preocupa demasiado.
10. ¿La edición del libro forma parte
del premio o es independiente al mismo?
El premio Ategua sólo consistía en una
retribución económica y una placa que
guardo con mucho cariño, si acaso se
contempló la publicación en un futuro,
en un volumen único junto a los
ganadores de las demás convocatorias.
Tiempo más tarde, Frío quedó finalista
del Premio Letras que convoca Septem
Ediciones. Y fueron ellos los que se
mostraron interesados en publicarla en
su colección de literatura.
11. Sergio, permíteme recordar que
para los que te quieran seguir, tienes
una web propia donde explicas tu
trayectoria y hay enlaces a tus
escritos: (www.sergioparra.com) Ahí hay
publicados varios trabajos tuyos. Una de
las posibilidades de Internet es poder
hacer llegar tus escritos a mucha gente.
Pues lo es, sí. La web recibe una media
de 10 visitas diarias, que no está nada
mal para ser una web personal de un
escritor novel. Últimamente he ampliado
sus posibilidades y, además de poder
leer narraciones completas inéditas y
avances de algunas publicadas (como
Frío), he añadido enlaces a mis
bitácoras y me he embarcado en el
experimento de hacer un podcast de una
de mis novelas. Podéis leer la
definición de podcast en http://es.wikipedia.org/wiki/Podcast.
A grandes rasgos sería como un blog o
bitácora pero en audio. En EEUU ya
existen muchas novelas podcast, pero
aquí aún nadie se ha animado a hacerlo.
Espero que la cosa cambie pronto.
12. Sergio, gracias por habernos
dedicado tu tiempo. Suerte en tus
próximos proyectos y hasta la próxima.
Gracias a vosotros por la encomiable
labor de difusión de autores noveles que
estáis realizando desde vuestra página
web.
Fuente original de la
entrevista: www.libros.ciberanika.com |