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Dos organismos de inapreciable dimorfismo sexual se desplazaban por el vacío. Se habían alejado treinta kilómetros de la Familia para iniciar una comunicación personal, mediante una suerte de aparato de radio orgánico.
Extendieron los apéndices receptores.
Y comenzaron a emitir radioondas de corto alcance.
-¿¿¿Qué opinas???
-¡¡¡Parece que la granja cuartogénita se ha vuelto poco viable!!!
-¡¡¡Ya lo he analizado!!!
-¿¿¿Vas a escupir otro correctivo???
-¡¡¡No!!! ¡¡¡El primero que escupí fue bastante eficiente!!! ¡¡¡Unos setenta y cinco millones de individuos!!! ¡¡¡Pero fue demasiado local!!! ¡¡¡#Nietzche#&”/ consiguió neutralizar alrededor de veintiún millones la última vez, cifra inferior pero a nivel más global!!! ¡¡¡Aunque era un virus de la gripe dotado de un mecanismo especial que multiplicaba por diez su virulencia y su poder mortífero, ya has visto que no fue suficiente!!!
-¡¡¡No quiero ser agorera, pero preveo demasiadas sorpresas en la granja cuartogénita!!! ¡¡¡Y sólo me quedan tres estadios para expulsar el cuerpo-vástago!!!
-¿¿¿Tan pronto???
-¡¡¡Sí, debes hacer algo ahora, antes del letargo!!!
-¡¡¡Déjame pensar!!!
Y pensó... durante seis semanas terrestres, aprovechando al máximo sus órganos cogitativos.
-¡¡¡Lo tengo!!!
-¿¿¿Otro escupitajo???
-¡¡¡No, voy a hacer una Selección Ideal!!!
-¿¿¿Cómo???
-¡¡¡Espera!!! –Envió un mensaje a la granja.
El emisor de radioondas se extenuó y la actividad de los oortianos se volvió casi nula, entrando en un estado letárgico. Les había acometido una nueva lasitud de varios años terrestres, hasta la próxima comunicación. Era como si la naturaleza de esos seres fuera totalmente autónoma e introspectiva, realizando un paréntesis tras largas temporadas para una efímera comunicación entre el grupo.
Sus esfínteres eyectaron gas comprimido y retornaron a la Familia, para caer en el Gran Descanso. Y esperaron.


6 de noviembre del 2005. 23.50 h.
Las calles se encontraban desiertas, tan sólo se podía escuchar el ladrido sincopado de algún perro vagabundo.
Nos adentramos más en el barrio gótico.
Jirones de humo se elevaban oscilantes desde la calle Zánatos, mezclándose con un murmullo ininteligible.
Nos acercamos.
Groucho volvió a aspirar profundamente del cigarrillo y Simplicio Aragón volvió a toser expulsando flema.
-Apágalo ya, cojones. Me vas a matar con esa humareda.
-Con los repugnantes efluvios que hemos aguantado tú y yo y ahora me vienes con esto -replicó Groucho haciendo caso omiso.
La calle Zánatos era un entrante sombrío en la alineación de las fachadas, una callejuela angosta e inundada de desperdicios que los vecinos lanzaban desde sus ventanas. ¡Blam! Otra bolsa de basura reventó contra el suelo tras recorrer los seis pisos de altura. Lo único que daba un poco de vida al lugar era la mortecina iluminación de un par de farolas descabezadas y la esquina del escaparate de una tienda de electrodomésticos. Aún así, las tinieblas se habían apoderado del lugar.
Tres modelos de televisor sintonizaban el mismo canal en aquel luminoso escaparate. Hasta pasadas las dos de la madrugada, el dueño no abandonaba el establecimiento y mantenía los escaparates expuestos, por si lograba encandilar a algún paseante desprevenido.
El programa Controversia 2000 comenzó a emitir su carátula de entrada. Los dos vagabundos dieron un respingo y se acomodaron entre las bolsas de basura.
-¡Ya empieza! -exclamó Simplicio.
Groucho lanzó su cigarrillo al suelo y con un pedazo de madera ensiforme, que utilizaba a modo de espada, le propinó un golpe seco que ahogó hasta la última ascua.
Era difícil seguir el hilo de un debate desde un televisor sin voz -y además, el realizador no siempre permitía leer los labios de los polemistas-, pero era mejor que contemplar los chisporroteos de una hoguera en un descampado. Esos aparatos de televisión eran como ventanas de luz sobrenatural que les permitían aislarse de la podredumbre que les rodeaba.
-Buenas noches... y señores, soy Diana Washington. Hoy... tratar un tema tan candente como..., la existencia del Más allá.
-Un buen tema -admitió Simplicio.
-Mucho mejor que aguantar a variettés memas y oligofrénicas hablando sobre moda -sentenció Groucho sin dejar de leer los labios de la presentadora.
-Veamos que opina La Ciencia <<Aparece sobreimpresionado en la pantalla un rótulo multicolor: ESCÉPTICOS. Tras unos estallidos de luz estroboscópica, surge una butaca de la base del plató. Primer plano del rostro del Polemista Escéptico, que toma asiento en el sofá >> Tenemos con nosotros a don Mauricio Costa, biólogo y neurocirujano del Instituto Sónar de Valencia. Señor Costa, ¿cree que es sensato creer que hay vida después de la muerte?
-... decir que estoy encantado de estar aquí esta noche. Lo primero que quiero advertir es... <<Aparece en pantalla el rostro de una anciana del público que se está sondeando la nariz con el dedo índice>> La muerte no es más que la extinción de todas las reacciones químicas producidas por el cuerpo. Los átomos <<El realizador hace un plano general del público y acaba con el rostro de profundo interés de la presentadora>>.
-Ya podrían dejar la cámara quietecita -masculló Simplicio dando un trago de vino barato.
-Compadezco a los sordos.
-Y a los que no tienen sonido en la tele.
-...puede ser producido por la hipoxia cerebral en el lóbulo occipital. Así que el famoso túnel que algunos han visto cuando han sufrido una ECM, una Experiencia Cercana a la Muerte, podría haber sido producto de un estado alucinatorio creado por la anestesia en los hospitales o por una hipersensibilización de la memoria, que nos hace recordar el momento de nacer.
-Uff, qué fuerte -musitó Simplicio.
-<<El plano cambia y aparece de nuevo el rostro de la presentadora>> Muy bien, durante esta noche tal vez el señor Costa cambie de opinión y... <<Plano de don Mauricio Costa negando con la cabeza>> ...la fenomenología es extensísima... Por ejemplo, los católicos. Creen que cuerpo y espíritu irán a una vida permanente de felicidad con Dios, en la que no existe el tiempo y de la que sólo se podrá volver a través de la resurrección. El budismo cree que la mente permanece y busca una nueva forma de encarnarse, ya sea humana, animal, de espíritu... o de deidad, así... un karma. Puesto que ya no necesitan su antiguo cuerpo y no van a resucitar, la incineración es la práctica más habitual. Los musulmanes consideran que el espíritu aguarda en una fase llamada ísmica, hasta el Día del Juicio Final, en que todos resucitarán yendo al Paraíso o al Infierno, dependiendo de su trayectoria personal. No existen la reencarnaciones ni las apariciones, y los cuerpos no son incinerados porque no podrían resucitar.
-Hay que fastidiarse, manda cojones -exclamó Simplicio.
-El magín humano siempre me sorprenderá.
-...entre todas las creencias más conocidas, los testigos de Jehová son los únicos que no creen en una vida después de la muerte. Sólo el Día del Juicio, todos los cuerpos serán resucitados, judgados y destinados al Infierno, al Paraíso terrenal o, en el caso de los 144.000 elegidos, al reino de los cielos. En cuanto...
-Entre tanta variedad, alguien debe de haber acertado -señaló Simplicio.
-Vamos, ya lo ha apuntado el escéptico; sólo somos un puñado de reacciones químicas. No hay razones que avalen que vivamos una eternidad. Aunque, si existiera el Paraíso, me quedaría con el islámico, que es mucho más divertido que el cristiano.
-Y ahora escuchemos la opinión de La Fe. <<Hay un plano general del plató y aparece sobreimpresionado en pantalla un rótulo multicolor: CREYENTES. Tras una explosión de luz blanca, surge una butaca de la base del plató. Un hombre obeso y glabro, ataviado con una túnica morada, toma asiento. Primer plano del rubicundo rostro del Polemista Creyente.>>
-Ese tío me suena, ¿no salía en el programa de la semana pasada? -preguntó Simplicio.
-Creo que sí, era el que habló de pseudociencia y medicinas alternativas.
-Y de los ovnis.
-<<Encuadre de la presentadora y el invitado>> El señor Blas Carmona, más conocido en el mundo mágico-esotérico como mago Blascar, es experto en medicina holística, fitoterapia, flores de Bach, moxibustión, fisiología energética, meditación trascendental y reflexología podal. Además es diplomado en Alta Magia y PES. Mago Blascar, ¿cuál es su opinión? <<Primer plano del Mago Blascar>> ...opino que..., porque este mundo tan maravilloso no puede ser casualidad, no puede..., y claro, el..., y con... Los Ovnis están relacionados y como experto... de... suscita la... y... <<La cámara se acerca al rostro del mago, ampliando un punto de saliva cuajada que se había formado en en su labio inferior>>.
-Cojones, al tío éste no se le entiende nada. Ya podría vocalizar.
-Simplicio, no seas tan basto.
-¿A qué te refieres?
-Te sorprendería saber cuantas palabras existen afines a cojón; perendengue, por ejemplo. Queda más elegante.
-Ya empezamos. Según dices, yo tengo la manía de no soportar el humo de tu cigarrillo; pero tu manía de utilizar palabras raras y rebuscadas creo que es peor. Estamos sucios, apestamos, no tenemos un duro y estamos tirados entre la basura, y me dices que use la palabra perendengue. Nunca cambiarás.
-Que estemos desaseados, rodeados de inmundicia y que no tengamos ni un ardite en el bolsillo no es óbice ni cortapisa para que cuidemos las formas al hablar.
-Ya, perendengues.
-Ahora pasemos a los testimonios <<La cámara vuela por encima del público, que aplaude enfervorecidamente>> Vamos a poder escuchar testimonios impactantes, que arrojarán luz a este nuevo Controversia 2000...
-Vaya, a soportar unas cuantas historias fantásticas -presagió Groucho-. Los que tienen que demostrar la existencia del Más Allá son los que lo afirman, y con esas paranoias que relatan no prueban nada.
-Pues si es una fantasía, déjales vivir felices.
-¿Vivir? Vivir y saber no deben ser cosas contradictorias, ni siquiera distantes. No, no. ¿Por qué a los niños, cuando llegan a cierta edad, se les revela que el ratoncito Pérez no existe? Sería curioso ver a un hombre de cuarenta años creyendo realmente que el ratoncito Pérez existe y trae regalitos a todos los niños que pierden un diente de leche, incluso a los pobres. Esas personas deben saber. La ignorancia es la antítesis de la libertad. Ahora se me ocurre una cita que leí hace tiempo, <<También sabemos qué cruel es a menudo la verdad, y nos preguntamos si el engaño no es más consolador>> Creo que aunque sea cruel, la verdad debe ser revelada, porque...
-Espera, espera, mira a la vieja -le interrumpió Simplicio señalando los rutilantes televisores.
-<<En un primer plano se muestra la tez morena y apergaminada de una anciana>> Yo voy a decí la verdá. Yo he invocao espíritus. Yo he hablao con muchos espíritus de otros seres de otros tiempos, con seres paranormales. Poque yo he estao en el Sielo <<Cambio a la presentadora>> ¿...ha estado muerta? <<Cambio al testimonio>> He estao muerta do hora, ¡do! Yo me bebí una botella enterita de vino con dose pastilla pa dormí. Poque yo quería morirme. Bien lo sabe nuestro señó... que como no me moría me tiré de un segundo piso desde mi casa en... <<Cambio a la presentadora>> ¿Y cómo es el cielo? <<Cambio al testimonio>> ¡Es presioso! Tiene mucho colorío y mucha lucecilla. Hay bosque, desierto, montaña, mar, río; todo igualito que aquí, pero limpio. <<Cambio a la presentadora>> ¿Qué quiere decir con limpio? <<Cambio al testimonio>> ...limpio, limpio. A ver si me aclaro, mismamente como aquí pero limpio como una... Allí te cae al suelo y te ensusias, pero esa suciedá es limpia. Allí no te duele ni ná y es muy bonito... Es como una película de Mary Poppins.
Groucho y Simplicio estallaron en carcajadas.
-<<Cambio a la presentadora>> Vamos a ver, señora Vallejo, ¿me quiere usted decir que el Cielo es como una película de dibujos animados? <<Cambio al testimonio>> Efectivamente, en el maravilloso Sielo de nuestro Señó... se vive cómo en una pelíscula de muñecos, to es muy inocente. Yo, cuando... y jugué con un conejillo blanco que hablaba y caminaba con dos patas. Era un conejillo limpio y que olía a fresa de... y entonses me tropesé con una piedra y no me hice ningún mal. Yo era como de goma...
Se escuchó un bisbiseo en la oscuridad de la calle, tras un contenedor de basura. Las carcajadas se apagaron.
-¿Qué pasa? -susurró Simplicio.
Groucho se levantó como impulsado por un resorte y, de entre la zahúrda de su gabardina, extrajo su pedazo de madera en forma de espada. Haciendo acopio de todo su coraje, se acercó con sigilo al contenedor, esgrimiendo la espada. Simplicio se situó detrás de él.
-¿Quién está ahí? -La descarga de adrenalina provocó que la voz de Groucho fuera jadeante.
La oscuridad le contestó con unos pasos apresurados.
Un ruido sordo a su espalda le hizo volverse en redondo y advirtió como su amigo se desplomaba sobre el pavimento, boqueando.
Entonces los distinguió de nuevo, aquella calavera fluorescente en la camiseta del más alto era inconfundible. El miedo agarrotó sus piernas, volvían a por ellos.
De súbito, en la borrosa periferia de su visión, descubrió que una sombra acechaba detrás suyo. El impacto del bate de beisbol en sus corvas le obligó a caer de rodillas, desprendiéndose de su espada, y al instante siguiente recibió otro golpe en la espalda que lo dejó tendido en el suelo cuan largo era. Ahora tenía delante el cuerpo exánime de Simplicio, a tan sólo un par de metros. El hilo de sangre que le corría por la frente evidenciaba que había sufrido un golpe brutal en la cabeza.
Levantó la vista con osadía y se encontró con los ojos de esas tres figuras de silueta demoníaca. Por las carcajadas deducía que tras él habían otras dos.
-Vaya, vaya, así que viendo la tele otra vez, ¿eh? -barboteó el joven de la calavera fluorescente, blandiendo una barra de hierro.
-Os avisamos que no queríamos gente como vosotros por aquí -apostilló otro de ellos, corpulento como un oso, mientras se acariciaba su cabeza rasurada.
Pudo escuchar la voz de subido diapasón de uno de los que aguardaba detrás de él.
-Estos gilipollas sólo captan las hostias, el lenguaje universal.
Las carcajadas volvieron. Entonces el último que había hablado se situó junto a Simplicio; era la primera vez que Groucho lo veía. Endureció la mandíbula enseñando los dientes y empezó a patear con crueldad la cabeza de su amigo.
Groucho trató de incorporarse, pero el agresor que quedaba tras él le hundió la rodilla en la espalda para inmovilizarle. El aliento se le había cristalizado en la garganta y no podía emitir sonido alguno. Cerró los ojos para no ver como destrozaban a Simplicio. Pero continuaba escuchando los golpes, el crujir de los huesos al quebrarse, los salivazos y los insultos; y las carcajadas. Las endiabladas carcajadas.
-¡Dale! ¡Dale!
-¡Así, que aprenda!
¿Por qué la imaginación podía volverse tan cruel? Los sonidos se convirtieron en imágenes en su cabeza. Vio como la tensión arterial bombeaba la sangre a través de las heridas de Simplicio; vio su rostro abotargado por los golpes y sus dientes astillandose, saliendo de su boca como metralla; vio un ojo reventado por la barra de hierro, secretando un humor viscoso; vio los mohines del gozo en esos monstruos, mientras se ensañaban con aquel desgraciado.
Groucho sollozó, intentando levantarse en un postrer conato de furia. Pero no fue capaz, un objeto punzante comenzó a internarse en su espalda. Todo su cuerpo tembló de dolor a la par que las lágrimas acumuladas en sus ojos comenzaron a brotar. Aún le restaron fuerzas para exhalar un alarido estremecedor que le desgarró la garganta. Sin embargo, nadie se presentó en su ayuda.
-¡Muérete, hijo de perra!
Sintió un golpe en su cabeza.
Y sin más dilación, todo cesó.
Un túnel y al final una luz cegadora.

Algo se desconectó.

La luz cegadora se desvaneció.


La enfermera estaba cambiando el envase de suero vacío de Alejandro Canovellas. Odiaba el turno de noche, le deprimía contemplar esa larga alineación de camas separadas por cortinillas, en absoluto silencio. Sin embargo, durante aquel turno no tenía que soportar la voz chillona de la señora Berlanga.
-Ya se podría ir al Evo -musitó para sí mismo, cuando aquel orondo cuerpo acudió a su mente.
Estudió el rostro de uno de los pacientes, indiferente a todo lo que ocurría a su alrededor, incapaz de reaccionar a los estímulos sensoriales. Según su historial, llevaba mucho tiempo desconectado de la realidad. No era especialmente atractivo, pero tenía algo. Tal vez esa cicatriz en la ceja izquierda era lo que le daba ese toque especial, o la nariz ligeramente escorada.
Un pitido la apartó de su ensimismamiento. Comprobó sorprendida las lecturas del sistema de soporte vital. Volvió a mirar al paciente postrado en la cama, seguía con los ojos cerrados.
-¿Señor Canovellas? ¿Me oye?
Groucho abrió los ojos.


Groucho había permanecido en un estado vegetativo persistente y ahora había vuelto a comenzar. Debido al traumatismo cerebroencefálico, las neuronas habían sufrido un daño irreversible. Ahora su cabeza se asemejaba a una especie de caja negra que se resistía a mostrar su interior. Era como un niño que no sabía leer ni escribir, ni siquiera articular una mera palabra. Todo su pasado se había emborronado. Y su estado físico era lamentable, no era capaz ni de mover una silla de ruedas con sus brazos.
Pero a pesar de las terribles secuelas, se había saltado la fase de mínima consciencia, en la que a menudo entran los que han vivido una situación crónica de inactividad cognitiva.
Tras pasar seis meses realizando un duro programa de rehabilitación, tragando un buen número de pastillas diarias y ser atendido por varios psicólogos y fisioterapeutas, la conclusión fue contundente: la recuperación de Groucho era milagrosa.


Arnoldo González se había convertido en el fisioterapeuta particular de Groucho. Le ayudaba a recuperar su forma física, y colaboraba junto con los psicólogos en la ardua tarea de estimular sus recuerdos y las funciones ejecutivas.
Arnoldo empujaba la silla de ruedas de Groucho, siguiendo el camino de asfalto de los jardines del hospital. En el cielo predominaba un sol espléndido, pero se avecinaba una tormenta. Los anegadizos jardines se volverían pronto intransitables.
-Bueno, colega. Creo que por hoy ya hemos acabado el paseo matutino. Vamos a machacarnos un poco en la sala de rehabilitación, ¿vale?
En el cerebro de Groucho aún persistía un procesamiento de la información más lento de lo habitual, por ello se demoró en contestar.
-La verdad es que no me apetece mucho.
-¿Qué? Vamos, Alejandro, lo vamos a pasar guay. Hoy tengo un nuevo ejercicio para ti, te va a encantar.
-Prefiero que me llames Groucho.
-Groucho. ¿Por qué ese nombre? ¿Recuerdas algo?
-No lo sé-. Intentó concentrarse. -Sólo sé que lo prefiero así.
-Bueno, tú verás. A mi me puedes llamar Arn. Parece nombre de insecto, de hormiga, ¿verdad?
Groucho no supo qué contestar. Arnoldo hablaba muy rápido y se trababa continuamente, añadiendo dificultad a la comprensión de las frases largas. Eso obligaba a Groucho a forzar más su cerebro, y la sensación le irritaba. No obstante, ese enfermero no estaba contaminado por el frío -o el blanco- ambiente hospitalario. Estar con él era como estar con una amigo tomando una cerveza; hablaba como un ser humano y no cómo un robot.
Arnoldo situó su enorme tez morena delante de Groucho, a diez centímetros de su rostro.
-Venga, sé que estás pensando. Sé que recuerdas por qué te haces llamar Groucho. Venga, tío, esfuérzate. ¿No recuerdas que eras un vagabundo? Eras un vagabundo y te hacías llamar Groucho, vamos, dime algo.
-Espera... espera, déjame concentrarme.
-No, hoy no hay concentración. Cuéntame algo ahora y te prometo que haremos media hora menos de ejercicio; podrás ir a hacer lo que te dé la gana durante ese tiempo. Y te garantizo algo de la cafetería para comer. Pero primero exprime esa cabezota.
Groucho rememoró aquella sustancia pastosa e incolora con sabor a pollo que le suministraban los martes para comer. Cualquier novedad era mejor que esos preparados del hospital. Cerró los ojos con fuerza.
-Recuerdo que era vagabundo, pero no sé exactamente porqué. Algo me pasó, vivía en la calle... no, en la calle no. Tenía una furgoneta..., quiero volver a mi furgoneta-. Abrió los ojos y miró fijamente al enfermero. -Quiero volver a mi furgoneta.
-¿Por qué? ¿Por qué quieres ir a tu furgoneta?
-No lo sé, me apetece. Simplico estará allí.
-¿Simplicio?
Groucho se sorprendió al pronunciar ese nombre.
-Es... es un amigo. ¿Dónde está?
Arnoldo suspiró.
-¿Dónde está Simplicio, Arn? -volvió a preguntar Groucho.
-Tranqui, lo has hecho muy bien. Te mereces el descanso de media hora y un bollo de chocolate de la cafetería. Te prometo que la próxima semana iremos a ver al doctor Castillo, él te explicará qué te ha pasado.


La nube de Oort era una vasta extensión de cometas que rodeaba todo el sistema solar. Millones de rocas de nieve y polvo se extendían más allá de la órbita de Plutón.
Tras pasar por su periodo de aislamiento, #?Akeshi// se hallaba adherido con su órgano succionador a un cometa de unos treinta kilómetros de diámetro, absorbiendo el agua de esa roca nívea para realizar la posterior fotosíntesis.
&Violeta# se acercó a la corteza helada.
-¡¡¡Percibo a alguien ajeno a la Familia!!! ¡¡¡No corresponde a ninguna de las seis nonillones de cabezas!!!
-¡¡¡Yo también lo percibo, está muy lejos!!! -contestó #?Akeshi//, desprendiéndose del cometa-. ¡¡¡Pertenece a la granja cuartogénita!!!
Los dos oortianos se alejaron del cometa. Eran esféricos, del tamaño de un balón de fútbol. Su fungoso cuerpo estaba recubierto por una especie de vello puntiagudo, que disimulaba las escoriaciones de la armadura cutánea. Esos pelos oscuros recogían la energía del Sol y mediante la fotosíntesis producían la energía y el oxígeno necesarios para su propio consumo.


Arnoldo empujó la silla de ruedas de Groucho al interior del despacho del doctor Castillo.
-Bueno, yo te espero fuera, colega.
-Gracias, enfermero Gonzalez -dijo el doctor Castillo, sentado tras una mesa repleta de papeles. Arnoldo palmeó la espalda de Groucho y abandonó la estancia.
Era un pequeño cubículo dominado por el blanco, escuetamente decorado. Sólo algunos dibujos muy coloristas del cerebro daban un poco de vida al lugar.
-¿Cómo estamos hoy, señor Canovellas? -preguntó el doctor Castillo. Era un tipo muy grueso, cuyos botones de la bata amenazaban con salir disparados en cualquier momento. Su placa de identificación decía: Dr. Vicente Castillo. Jefe de la Unidad de Politraumatizados. Hospital Pancracio Ojea.
-Prefiero que me llame Groucho.
El doctor Castillo frunció el ceño, desconcertado.
-Claro, Groucho. Me han informado de que no ha dejado de hacer preguntas. Es normal que se sienta confuso. Sin embargo, opino que ya está preparado para saber lo que le ha ocurrido exactamente. Esta semana ha hecho una gran mejoría en todos los aspectos, aunque si no entiende algo o voy demasiado deprisa para usted, no dude en avisarme.
Groucho se sintió aliviado, ya estaba harto de que le contestaran con evasivas. Asintió.
-Bien. Usted ya recuerda algunos fragmentos de su pasado. Como ya sabe, era un vagabundo. Cuando lo trajimos aquí, entre sus efectos personales no encontramos nada que lo indentificase. Y nadie preguntó por usted.
-Recuerdo que unos chicos me atacaron, y en la escena aparece un amigo mío, Simplicio.
El doctor Castillo ojeó unos informes antes de proseguir.
-Verá, la policia no encontró a sus agresores. Y..., bueno, esto será un poco duro para usted. Simplicio Aragón ingresó cadáver el siete de noviembre del 2005.
Groucho cerró los ojos, pasándose las manos por la cara. De súbito le invadió la cólera, pero logró aplacarla con rapidez. Intentó no lamentarse por la muerte de su amigo, ahora no servía de nada.
-¿Cómo murió? -preguntó.
-Señor Cano... Groucho, no creo que deba profundizar más en ello; todavía está usted...
-Quiero saberlo, es la única persona que recuerdo.
El doctor Castillo volvió a recurrir a los informes.
-Después de practicarle la autopsia, se le detectó la rotura del hueso parietal izquierdo, que le provocó una hemorragia interna y un coágulo en el cerebro -relató fríamente.
Groucho apretó los puños y los nudillos se le pusieron blancos, como si el hueso fuera a atravesarle la piel. Se iba a recuperar totalmente y saldría del hospital en busca de esos asesinos; aunque en el fondo estaba seguro de que nada iba a borrar el rastro indeleble que había dejado la muerte de Simplicio.
-¿Cuánto tiempo más pasaré aquí?
El doctor Castillo esperaba esa pregunta.
-Bien, siento darle tantas noticias desagradables a la vez. Es cierto que estos últimos días se ha recuperado extraordinariamente, pero no sabemos como puede evolucionar a partir de ahora. Tal vez nunca se recupere del todo. El cerebro continúa siendo un misterio para nosotros. Pero quiero que olvide cualquier tipo de represalia contra sus agresores, el mal ya está hecho. Si la policía no los ha encontrado después de tanto tiempo, usted no tendrá ninguna posibilidad de hacerlo ahora. Así que quiero que se tranquilice e intente hacer todo lo posible para volver a su vida normal. Ha logrado salir de un estado vegetativo persistente, aproveche esta segunda oportunidad para empezar de nuevo.
Groucho se sintió abatido, impotente. Pero había algo que no encajaba.
-¿Estado vegetativo persistente? Me dijeron que había despertado de un coma profundo.
-Bien, ahora viene la parte más difícil. Intrínsecamente es lo mismo. Pero lo que le ha ocurrido a usted es algo más grave y duradero.
Groucho frunció en entrecejo.
-Continúe.
-Sufrió un traumatismo craneoencefálico que le provocó una lesión en el cerebro y entró en el estado vegetativo. Utilizamos el término <<persistente>> para los enfermos que han permanecido en estado vegetativo más de tres meses para las heridas traumáticas.
Groucho comenzó a entender, y se temió lo peor.
-¿Cuánto tiempo he estado yo? -preguntó.
-No quiero engañarle -admitió el doctor Castillo, resoplando-, unos nueve años.
Groucho tuvo un ligero vahído, los acontecimientos le abrumaron; no podía creer lo que había escuchado. ¡Nueve años! ¿Qué sería ahora de su vida? Todo habría cambiado demasiado, todo habría quedado atrás.
-No es tan grave -le tranquilizó el doctor Castillo-. Si como parece, no tenía nada que le vinculara con su vida anterior, ni familia, ni posesiones -Groucho estuvo a punto de interrumpirle para decir que recordaba una furgoneta, pero optó por guardar silencio-, su reinserción en la vida será fácil. Piense que ahora su cerebro desconoce mucho sobre su vida anterior, así que es como una tabula rasa en la que podemos reescribir toda la actualidad. Es un poco exagerado, pero un buen símil para su situación es que ha vuelto a nacer.
-Entonces... que día es hoy.
-Estamos en el 2016. 22 de febrero del 2016.
-Dios mío -musitó Groucho-. Pero esto no puede ser. No soy estúpido, una persona que hubiera pasado tanto tiempo desconectada de la vida, jamás habría superado las secuelas como yo lo he hecho.
-Bien, veo que conoce algo sobre el tema. Es cierto, sus posibilidades de volver eran mínimas, su cerebro estaba muerto. Pero hemos hecho unos cuantos adelantos en neurología.
<<Supongo que sabe que las neuronas no proliferan, cuando una muere no aparece ninguna para reemplazarla; no se multiplican. Después de un coma, hay pacientes que recobran la consciencia, ya que existe lo que llamamos plasticidad neuronal. Es decir, que las neuronas tienen la habilidad de establecer nuevas conexiones sinápticas capaces de asumir las funciones de las células vecinas que han quedado inutilizadas por el coma. Hemos utilizado la última tecnología disponible para que, durante tanto tiempo inactivo, su cuerpo se resintiera lo mínimo posible. También hemos utilizado un fármaco experimental para que aumentara el fenómeno de la neuroplasticidad en su cerebro.
-He sido una especie de cobaya.
-Puede llamarlo así, pero está resultando muy bien. Gracias a usted, se salvarán muchísimas vidas.
Groucho sonrió con cinismo, por lo menos había servido de algo todo su sufrimiento. Pero aún le atormentaba la idea de que había transcurrido demasiado tiempo, de que no debería haber resucitado.
En ese instante sonó un pitido agudo. El doctor Castillo cogió un interfono y habló por él.
-Sí..., es la enésima vez que lo advierto. Enseguida voy-. Colgó el interfono y escrutó a Groucho. -¿Se encuentra bien?
-Supongo que sí -admitió levantando los hombros.
-De acuerdo, me necesitan un momento aquí al lado. Vuelvo en dos minutos, le irá bien reflexionar un poco; comprendo que es difícil aceptar todo lo que le he dicho.
El doctor Castillo rodeó la mesa y salió por una puerta que daba a una habitación contigua. Groucho se quedó solo, recapitulando la avalancha de acontecimientos que se le echaban encima. Nueve años. Me puedo considerar un muerto viviente, pensó esbozando una sonrisa amarga.
Miró vacilante las hojas que poblaban la mesa. Ahí estaba su ficha, bajo un estetoscopio. No pudo contener su curiosidad y la cogió, siempre había tenido la impresión de que los médicos le ocultaban información o, al menos, que la endulzaban. Comenzó a revisarla por encima, ya que había aprendido a leer hacía dos semanas, y se dio cuenta de que aparecía su historia, el examen físico realizado el día de su ingreso -el siete de noviembre del 2005-, notas sobre la intervención de los enfermeros, gráficos de sus signos vitales durante todos los años que había permanecido inconsciente, registros de diferentes pruebas, valores de laboratorio y un largo etcétera. Detectó un parágrafo curioso en la sección que hablaba de su ingreso en el 2005:
<A pesar de que el estado vegetativo surgió después del Mensaje sobre el Evo, se descarta la inducción voluntaria al mismo. Quede aquí suscrito por el doctor Vicente Castillo, de la Unidad de Politraumatizados, para los posibles efectos retroactivos de la Ley del Evo del 2009.
Pasó unas cuantas páginas y continuó leyendo.
<EXAMEN: respuesta negativa a la luz, cuando se le habla y al dolor intenso. La anoxia...
Saltó de parágrafo.
<El examen del líquido cerebroespinal revela una presión de...
Pasó la página.
<SEGUIMIENTO DE LA UNIDAD DE POLITRAUMATIZADOS: Bajo consenso general, la recomendación del doctor Narciso Hinojosa, el apoyo de capital privado y los valores positivos del líquido cefalorraquídeo, se aprueba el suministro de DENDROGEX. (Remitirse a Dendrogex, pp. 301-308.)
Groucho localizó las páginas en cuestión.
<DENDROGEX GM1.
<Cambios persistentes en el calcio libre citosólico, [Ca2+]i, pueden ser responsables de la plasticidad neuronal. Por ejemplo, modificando la liberación de neurotransmisores. Se han estudiado las posibles acciones de dos mensajeros interneuronales, el óxido nítrico (NO) y el ácido araquidónic (AA), en la regulación de [Ca2+]i en sinaptosomas de hipocampo inmovilizados mediante microfluorimetría de 2-3 sinaptosomas. Donadores de NO inducían un aumento persistente en los aumentos transitorios de [Ca2+]i producidos por despolarización sin modificar [Ca2+]i basal, aumento que podría estar implicado en alguna de las formas de plasticidad neuronal donde participe el NO.
Groucho sacudió la cabeza, el texto era demasiado técnico. Saltó unos parágrafos hasta encontrar algo mínimamente comprensible.
<DENDROGEX facilita los procesos de reinervación y regeneración axonal y neurítica. Al paciente, Alejandro Canovellas Soto, se le ha suministrado una dosis diaria de 100 mg., que contenía monosialogangliósido, aplicado vía intramuscular.
Recordó esas dolorosas inyecciones que le ponían cada día; aquello era el Dendrogex. Siguió leyendo las últimas líneas, saltándose algunas páginas de incomprensible lenguaje técnico.
<Se advierte que DENDROGEX no es recomendable para el embarazo, la lactancia, la enfermedad de Tay Sachs, la enfermedad de Bielschowsky y la enfermedad de Spielmeyer.
Se sintió de nuevo aliviado, esas inyecciones no estaban contraindicadas para él. Por lo menos podía estar seguro en lo referente al embarazo y la lactancia. Sí, no cabía ninguna duda. No tenía ni idea de lo demás, pero supuso que los médicos lo habrían tenido en cuenta.


Groucho continuaba observando su rostro ante el espejo del aseo. Ahora tenía 49 años. Se le habían formado arrugas, un tizne le aureolaba sus ojillos zarcos y la nariz se había ensanchado y estaba más escorada hacia la izquierda. Se mesó el escaso cabello blanco, otrora negro azabache, con una profunda nostalgia. Aquellos días jamás volverán.
Se sentía vacío, con una sensación de pérdida. Pero no se lamentaba por los nueve años que había permanecido dormido. No. Advirtió que era el pasado, los fragmentos de pasado que recordaba, lo que había malgastado; se había dejado llevar por la vida, empleando mal el tiempo, las horas, los minutos. Pero no se hundió. Ahora no iba a caer en el mismo error, iba a exprimir al máximo lo que le quedaba. Iba a vivir. Suspiró y su imagen se borró con la condensación de su aliento.
Groucho salió del aseo. Aún se tenía que ayudar con un andador, pero al menos podía levantarse para ir al lavabo por su propio pie, sin tener que recurrir a un denigrante orinal de cuña.
Le habían trasladado una habitación doble, que compartía con un paciente llamado Rogelio Pardo. Era un crítico de cine y televisión que había entrado en coma tras un terrible accidente de automóvil. Era un tipo bajito que siempre hablaba como si estuviera enfadado con el mundo. Aseguraba que el cine contemporáneo era una basura, salvo algunos minutos lúcidos de alguna película, y que su retina sólo se excitaba con el blanco y negro.
A Groucho le agradaba esa mezcla de egocentrismo endémico con unas gotas de misantropía. No era especialmente simpático, pero al menos era capaz de mantener una conversación interesante.
Arnoldo penetró en ese momento en la habitación.
-Hola, colega. ¿Preparado para salir?
-Sí. Por cierto, Arn, nunca había dormido en una cama tan cómoda. Las sábanas son... no sé cómo explicarlo, como una segunda piel.
-Ah, claro -el enfermero no puedo evitar reírse-, supongo que hace diez años, la ropa no era inteligente.
-¿Ropa inteligente? -Groucho arqueó una ceja, palpándose el camisón que cubría su cuerpo desnudo.
-Debió ser por el 2010, si no recuerdo mal, cuando aparecieron los primeros tejidos inteligentes. Tienen todo tipo de añadidos para ser realmente una segunda piel. Son calientes en invierno y frescos en verano. Por lo que sé, tu ropa está hecha de una fibra antibacteriana.
-Vaya -bajó la cabeza para mirar el tejido blanco, llevaba uno de esos clásicos camisones de hospital que se anudaban por la espalda. Era suave y liviano, pero no era capaz de ver ninguna diferencia con su gabardina. Más limpio, nada más.
Arnoldo extendió una etiqueta de la esquina de la sábana.
-Aquí está... Mundallas ofrece un estrato interno de fibra polipropilénica que conduce el sudor hacia el exterior, donde es absorbido por una segunda capa de algodón.
-Caramba, si que han cambiado las cosas.
Arnoldo miró a los ojos de Groucho.
-Eh... -titubeó-, sí, es verdad... han cambiado mucho.
Desde que había despertado del estado vegetativo, tenía la sensación de que aún le ocultaban algo. Apartó esa idea por el momento y salieron a almorzar, Arnoldo le había prometido un buen menú en la cafetería.


No obstante, habían cosas que no cambiaban. La habitación disponía de un aparato de televisión y, cómo era habitual, estaban emitiendo anuncios. Esas breves historias embaucadoras eran una herramienta muy útil para conocer la evolución de una sociedad. Groucho no perdía detalle de los adelantos socio-culturales y tecnológicos; reparó en que continuaban perviviendo algunos tópicos. Después de todo, diez años no era tanto tiempo.
Entonces emitieron un anuncio que ya había visto un par de veces pero que no acababa de comprender. Sobre un fondo negro emergían unas letras que acababan formando una palabra: VIVE, a la par que una voz grave hacía una llamada a la razón y a la madurez.
-No creo que con eso convenzan a demasiada gente -murmuró Rogelio, con su característica voz atiplada. Se sentía inútil postrado en aquella cama y le hostigaba la necesidad de desempeñar su antiguo empleo, criticando todo lo que se le pusiera por delante.
-¿Qué quieres decir? -preguntó Groucho. -¿De qué trata ese anuncio?
Rogelio se incorporó en la cama.
-¿Pues de qué va a ser? Cualquier anuncio publicitario con ese pésimo montaje, esa ausente imaginación y ese burdo mensaje sólo puede referirse al Evo. ¿No lo has visto?, menudo bodrio.
Groucho recordaba haber leído algo sobre el Evo en su ficha.
-¿Qué es el Evo?
Rogelio parecía asombrado.
-¿No sabes lo que es? Creo que no te han explicado demasiado sobre lo que ha ocurrido durante los nueve años que has permanecido dormido.
-Aquí no me han facilitado mas que unos pocos periódicos electrónicos, que aún no sé manejar con habilidad. Parece que todo el mundo me oculta algo. Así que dímelo tú.
-¿Yo? No, no. Si no te lo han dicho será por algo. Tal vez no estés preparado para el impacto. O a lo mejor dudan de que si te lo cuentan se te pudiera ocurrir la idea de suicidarte o algo por el estilo. Debe de ser una prescripción de los psicólogos que te atienden. Cuando se pasa por lo que tú has pasado, el Evo suele ser el mejor lugar a donde ir.
Groucho comenzó a irritarse. Todo el mundo lo trataba como si fuera un niño, ocultándole la verdad como si no fuese capaz de afrontarla. Le vino a la cabeza aquella cita de Poincaré, <<También sabemos qué cruel es a menudo la verdad, y nos preguntamos si el engaño no es más consolador>>. Pero él siempre había deseado saber, aunque corriera el riesgo de que lo que se encontrara no le gustase.
-Rogelio, dime que es el Evo.
-No creo que...
-No importa lo que creas. O me lo dices tú o ya buscaré a alguien que me lo explique.
-Está bien. Que conste que hablo bajo presión, luego no quiero problemas con tus psicólogos. El Evo es el sitio donde van las personas que mueren, una especie de Más Allá.
Groucho entrecerró los ojos asimilando la información, su cerebro aún estaba adormecido. Estuvo a punto de estallar en una risa nerviosa.
-Ya. Cómo broma ya está bien.
-No, no. No es ninguna broma. Cuando morimos, nuestra alma, aunque el nombre técnico no sea ese, se traslada a otra realidad. No me preguntes cómo, porque es muy complicado. Pero te puedo decir que en las películas que se hicieron antes de la Ley Evo del 2009, se representaba al alma como una especie de energía. Y con unos efectos especiales muy buenos, muy caros y muy inútiles a mi entender esa energía viajaba hasta una nueva dimensión, un nuevo universo donde las leyes físicas son distintas. Esta parte de la película sí que me gusta, porque ese nuevo hábitat es como un decorado de un filme de serie B de los años cincuenta, y ya sabes que eso me entusiasma. Es como si te hubieras tomado un alucinógeno, todo con mucho colorido y mucha luz. Sí, es como aquellos dibujos animados de la década de los cincuenta. Allí, los animales hablan, cantan, todo el mundo es feliz, te diviertes continuamente... incluso, si te caes y te manchas, esa suciedad es limpia, si me permites el oxímoron. Es una fusión de los Chiripitiflaúticos, Heidi y Mary Poppins. Pero bueno, ya se sabe que los realizadores de este tipo de cine se toman muchas licencias poéticas, no sé si el Evo es exactamente así.
Groucho tuvo un fugaz recuerdo de aquella señora que explicaba como era el Cielo, en el programa Controversia 2000. Era demasiado extravagante para ser cierto. Una persona equilibrada no podía creerse semejante patraña. Estuvo a punto de reprender a Rogelio por engañarle de manera tan deliberada, pero acabó por encajarlo con buen humor.
-Creo que estás peor que yo, Rogelio.
-No, te lo digo en serio. Recibimos un mensaje extraterrestre de la nube de Oort, donde se nos explica todo el tema del Evo. Oortianos llaman a las inteligencias alienígenas que emitieron el mensaje. Y... –señaló la pantalla de televisión. Estaban dando las noticias de las nueve de la mañana y en aquellos momentos retransmitían una rueda de prensa multitudinaria.
-Peter Archer -decía la locutora-, uno de los radioastrónomos implicados en la decodificación del Mensaje extraterrestre, se defendía esta mañana en la Sala de Reuniones del Instituto Omega de California.
La cámara enfocaba el rostro de un hombre enjuto y corcovado, de unos ochenta años, que esgrimía su dedo índice a la par que vociferaba en inglés algo que Groucho no entendió.
Por fortuna, la locutora lo tradujo.
-Alegó que el mundo tiene derecho a saber la verdad, y que él no era responsable de las consecuencias de esa verdad.
La imagen cambió y se mostró el final de la conferencia, donde todo el público se levantaba y prorrumpía en un embolismático rumor.
-Peter Archer -continuó la locutora-, más conocido como Peter el Genocida, acabó diciendo que continuaría sus experimentos sobre el Evo hasta desentrañar completamente sus misterios.
-Ahí está uno de los descubridores del Mensaje -apuntó Rogelio.
Groucho deglutió saliva. Aún no podía pensar con claridad, así que no se precipitó. En la televisión no habían dicho nada del Cielo, sólo hablaban del Evo y de un mensaje extraterrestre. Alcanzó a tientas el avisador y apretó el botón.


El doctor Castillo se hallaba ante la cama de Groucho, detrás de él dos enfermeros tomaban notas. Otro enfermero se había llevado a Rogelio a su paseo matutino, así que estaban solos.
-Es cierto, le hemos engañado -admitió el doctor Castillo. -Aunque no es exactamente un engaño, usted no preguntó nada sobre el Evo y por ello no le dimos ninguna información. Tampoco creemos que sea algo de tal trascendencia cómo...
Groucho, sentado en la cama, alzó el brazo para interrumpir al doctor.
-Espere un momento. ¿Me está diciendo que no es trascendental un mensaje alienígena oriundo de los confines del sistema solar, revelando que después de la muerte nos trasladamos a una suerte de maravilloso cielo donde todo el mundo es feliz? Y quizás no lo sea, porque hay que tener en cuenta que no se ha demostrado nada todavía; pero lo importante es que me han ocultado esa información porque sabían que se me podía pasar por la cabeza la idea de suicidarme. En mi situación no sería descabellado, ¿verdad? No sé si se percata, pero me han ocultado información para que sus experimentos no se fueran al traste.
El doctor Castillo retrocedió ante el ímpetu de Groucho, desde la última vez que lo había visto su mejoría había sido asombrosa.
-No, Groucho. Hay muchos descubrimientos que han surgido últimamente que desconoce, ese mensaje sólo es la punta del iceberg. ¿Por qué deberíamos contarle éste antes que otro cualquiera?
-Usted y yo lo sabemos. Tal vez yo quisiera irme al Evo porque no me gusta mi nueva vida. No importa si lo hago o no, lo que importa es que no me han dejado elegir.
-La Ley del Evo del 2009 prohíbe expresamente que nadie se vaya al Evo...
-Lo sé. Y también sé que ese mensaje se ha llevado a muchos humanos, necesitaban a un indigente desvinculado de todo para hacer sus experimentos. Hay demasiado dinero en juego como para perderlo todo ahora, por eso me han mantenido vivo, ¿no?
El doctor Castillo negó con la cabeza, visiblemente irritado.
-Su recuperación ha sido posible gracias a una enorme inversión de medios, eso es cierto. Pero si todo funciona bien, podríamos acabar con enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer, el Parkinson, la esclerosis múltiple y la esclerosis lateral amiotrófica. Mensualmente, ingresamos a decenas de personas con traumatismos que les han inducido el coma; la mayoría acabaron con sus vidas por culpa de ese mensaje alienígena. Podríamos revivir a toda esa gente, darles una segunda oportunidad.
Groucho bajó la cabeza, confuso. ¿Era lícito revivir a esos suicidas que deseaban ir al Evo? Quizás no actuaron con total libertad, sucumbieron a los medios de comunicación, a la presión de las personas que les rodeaban... pero ¿y si el Evo existiera?
-Nosotros le hemos mantenido con vida durante nueve años -continuó el doctor Castillo-. Su cerebro estaba desconectado, aunque su corazón seguía latiendo. Así que todo lo que antes de entrar en el coma funcionaba gracias a su cerebro, tuvimos que hacerlo artificialmente. Respiración asistida, alimentación, mantener el nivel de líquidos y electrólitos, regular la temperatura...
Esa puya hirió a Groucho.
-¡Era su obligación! Y si costaba demasiado mantenerme vivo, haberme dejado morir. No les tengo porqué estar agradecidos por nada, ustedes no hacen todo esto por mí, sino por otros, tal vez por las personas que pagan todo esto. Sé que existe una gran inversión de capital privado, a alguien le debe interesar mucho que se aceleren las investigaciones sobre la neuroplasticidad.
El rostro del doctor Castillo se demudó, estupefacto.
-¿Cómo sabe...?
-Lo sé y basta-. Groucho se levantó de la cama y se agarró a su andador.
-¿A dónde va?
-Voy a donde quiero ir -replicó Groucho con vehemencia, dirigiéndose a la puerta. -¿Temen que me escape? ¿Que me suicide porque el descubrimiento de una vida en el Más Allá me ha transtornado? Deberán correr ese riesgo, porque si no puedo salir de esta habitación ahora mismo, no dude que en cualquier descuido me iré al Evo, al cielo o al maldito infierno.
Y cerró la puerta detrás de él con un estrépito.
Groucho necesitaba organizar sus ideas a solas. Estaban ocurriendo demasiadas cosas a su alrededor. Sentía una mezcla ambigua de confusión e indignación, todo le parecía irreal. Tras el descubrimiento de un mensaje extraterrestre, tampoco podía ocultar cierta emoción; muchas veces había soñado con algo así, sobretodo cuando se tendía sobre la arena de la playa en verano para contemplar las estrellas. No estaban solos en el universo. Siempre que todo no fuera un montaje, cada vez se fiaba menos de la gente.
Caminaba por el pasillo con los pies desnudos, hasta llegar a los ascensores que bajaban hasta el vestíbulo. Sus pies se estaban insensibilizando al contacto con el frío piso, que poseía un revestimiento vinílico. Tuvo que esquivar todo tipo de obstáculos; carritos con la cena, sillas de ruedas aparcadas, máquinas de arcanas funciones, y cedió el paso a un camillero que pasó fugazmente. No soportaba el ambiente opresivo del hospital, ni su olor; le despertaba algún miedo atávico.
El sistema de altavoces cobró vida: Doctor Cruz, doctor Cruz, acuda a traumatología.
Bajó por el ascensor hasta la planta baja y recorrió el vestíbulo principal. Cuando pasó por la sala de descanso se percató de que se encontraba vacía. Se apoyó en la pared, que brillaba gracias a una capa de pintura lacada, para descansar; aún le era difícil avanzar con ese andador tan tosco. Tras recobrar el aliento, continuó su camino hasta los jardines del hospital.
En el exterior hacía frío. Las nubes habían oscurecido el sol y en el horizonte se podían divisar las primeras luces de la ciudad. De pronto, Groucho experimentó una intensa melancolía.
Pero, a pesar de todo, decidió continuar en el hospital. Por el momento prefería dejarse llevar, hasta que se le ocurriese qué hacer.


Groucho entró en su habitación con la cabeza gacha y se dirigió a su cama. Rogelio ya había vuelto de sus ejercicios de la tarde y estaba viendo una película en blanco y negro en la televisión.
-Arn me ha contado lo que ha sucedido -dijo, levantándose para apagar el televisor-. Y es una putada. ¿Cómo estás?
Groucho se sentó en su cama.
-Pues creo que la respuesta la das tú cada mañana -contestó, rememorando la primera palabra con la que abría el día Rogelio, cuando algún enfermero le hacía esa misma pregunta.
-¡Fatal! -completó Rogelio.
Los dos se rieron. Y ese acto, aparentemente inocuo, sirvió para descargar la tensión acumulada. Groucho se sintió mucho mejor.
-Parece como si fuera un niño al que le desvelan que los Reyes Magos no existen. ¿Por qué nos mienten tanto a lo largo de nuestra vida?
Rogelio suspiró.
-Los chupatintas y los comecocos creen que es mejor para nosotros que vivamos entre algodones. -Tamborileó con sus dedos sobre el televisor. -¿Por qué crees que existe esto?
-Ya. Como decía mi tocayo, <<la tele es muy instructiva. Cada vez que alguien la enciende, voy a la biblioteca y leo un buen libro>>.
Se rieron de nuevo.
Hubo una pausa reflexiva. Groucho fue el primero en continuar.
-Escucha, me parece fascinante todo el asunto del mensaje alienígena. Siempre había soñado con algo así. ¿Cuándo se recibió?
Rogelio había revisado más de un guión cinematográfico y estaba empapado en el tema. Igualmente, era imposible no conocer algo sobre el Mensaje; todos los medios de comunicación habían difundido tal cantidad de información, que hasta la última persona de la Tierra era capaz de contar algo sobre la existencia del Evo y de los oortianos.
-Fue una noche del 2005. A parecer, el Mensaje fue enviado en multitud de frecuencias y no sólo lo detectaron radioastrónomos de medio mundo, sino que además algunos programas de televisión y de radio fueron interferidos por esas radioondas. Así que enseguida salió a la luz pública.
-Vaya -exclamó Groucho-. Me hubiera gustado verlo, debió de ser apasionante.
-Lo fue, lo fue. Todo el mundo comenzó a hablar del tema como si no hubiera otra cosa en la que pensar.
-Pero, ¿qué día fue?
Rogelio se frotó el puente de la nariz con el dedo.
-Mmm... el siete de noviembre del 2005. A las doce y media de la noche, más o menos.
Groucho abrió los ojos desmesuradamente, sorprendido.
-Esa noche fue en la que nos atacaron a Simplicio y a mí.
-¿El siete de noviembre?
-Sí, la madrugada del siete de noviembre. Mi amigo Simplicio y yo estábamos viendo un programa de debate, Controversia 2000.
Rogelio no pudo creer lo que escuchaba.
-¿Controversia 2000? Por la madre de Rock Hudson, ese fue uno de los programas que fueron interferidos por el Mensaje.
-Pues yo no vi nada. Parece una broma, pero creo que acierto al pensar que mientras nos daban una paliza mortal, se estaba recibiendo un mensaje extraterrestre.
-Parece el argumento de una película. Yo no suelo ver la basura infecta que dan por la televisión, salvo algún film en blanco y n