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Dos organismos
de inapreciable
dimorfismo
sexual se
desplazaban por
el vacío. Se
habían alejado
treinta
kilómetros de la
Familia para
iniciar una
comunicación
personal,
mediante una
suerte de
aparato de radio
orgánico.
Extendieron los
apéndices
receptores.
Y comenzaron a
emitir
radioondas de
corto alcance.
-¿¿¿Qué
opinas???
-¡¡¡Parece que
la granja
cuartogénita se
ha vuelto poco
viable!!!
-¡¡¡Ya lo he
analizado!!!
-¿¿¿Vas a
escupir otro
correctivo???
-¡¡¡No!!! ¡¡¡El
primero que
escupí fue
bastante
eficiente!!!
¡¡¡Unos setenta
y cinco millones
de individuos!!!
¡¡¡Pero fue
demasiado
local!!! ¡¡¡#Nietzche#&”/
consiguió
neutralizar
alrededor de
veintiún
millones la
última vez,
cifra inferior
pero a nivel más
global!!!
¡¡¡Aunque era un
virus de la
gripe dotado de
un mecanismo
especial que
multiplicaba por
diez su
virulencia y su
poder mortífero,
ya has visto que
no fue
suficiente!!!
-¡¡¡No quiero
ser agorera,
pero preveo
demasiadas
sorpresas en la
granja
cuartogénita!!!
¡¡¡Y sólo me
quedan tres
estadios para
expulsar el
cuerpo-vástago!!!
-¿¿¿Tan
pronto???
-¡¡¡Sí, debes
hacer algo
ahora, antes del
letargo!!!
-¡¡¡Déjame
pensar!!!
Y pensó...
durante seis
semanas
terrestres,
aprovechando al
máximo sus
órganos
cogitativos.
-¡¡¡Lo tengo!!!
-¿¿¿Otro
escupitajo???
-¡¡¡No, voy a
hacer una
Selección
Ideal!!!
-¿¿¿Cómo???
-¡¡¡Espera!!!
–Envió un
mensaje a la
granja.
El emisor de
radioondas se
extenuó y la
actividad de los
oortianos se
volvió casi
nula, entrando
en un estado
letárgico. Les
había acometido
una nueva
lasitud de
varios años
terrestres,
hasta la próxima
comunicación.
Era como si la
naturaleza de
esos seres fuera
totalmente
autónoma e
introspectiva,
realizando un
paréntesis tras
largas
temporadas para
una efímera
comunicación
entre el grupo.
Sus esfínteres
eyectaron gas
comprimido y
retornaron a la
Familia, para
caer en el Gran
Descanso. Y
esperaron.
6 de noviembre
del 2005. 23.50
h.
Las calles se
encontraban
desiertas, tan
sólo se podía
escuchar el
ladrido
sincopado de
algún perro
vagabundo.
Nos adentramos
más en el barrio
gótico.
Jirones de humo
se elevaban
oscilantes desde
la calle Zánatos,
mezclándose con
un murmullo
ininteligible.
Nos acercamos.
Groucho volvió a
aspirar
profundamente
del cigarrillo y
Simplicio Aragón
volvió a toser
expulsando
flema.
-Apágalo ya,
cojones. Me vas
a matar con esa
humareda.
-Con los
repugnantes
efluvios que
hemos aguantado
tú y yo y ahora
me vienes con
esto -replicó
Groucho haciendo
caso omiso.
La calle Zánatos
era un entrante
sombrío en la
alineación de
las fachadas,
una callejuela
angosta e
inundada de
desperdicios que
los vecinos
lanzaban desde
sus ventanas. ¡Blam!
Otra bolsa de
basura reventó
contra el suelo
tras recorrer
los seis pisos
de altura. Lo
único que daba
un poco de vida
al lugar era la
mortecina
iluminación de
un par de
farolas
descabezadas y
la esquina del
escaparate de
una tienda de
electrodomésticos.
Aún así, las
tinieblas se
habían apoderado
del lugar.
Tres modelos de
televisor
sintonizaban el
mismo canal en
aquel luminoso
escaparate.
Hasta pasadas
las dos de la
madrugada, el
dueño no
abandonaba el
establecimiento
y mantenía los
escaparates
expuestos, por
si lograba
encandilar a
algún paseante
desprevenido.
El programa
Controversia
2000 comenzó a
emitir su
carátula de
entrada. Los dos
vagabundos
dieron un
respingo y se
acomodaron entre
las bolsas de
basura.
-¡Ya empieza!
-exclamó
Simplicio.
Groucho lanzó su
cigarrillo al
suelo y con un
pedazo de madera
ensiforme, que
utilizaba a modo
de espada, le
propinó un golpe
seco que ahogó
hasta la última
ascua.
Era difícil
seguir el hilo
de un debate
desde un
televisor sin
voz -y además,
el realizador no
siempre permitía
leer los labios
de los
polemistas-,
pero era mejor
que contemplar
los
chisporroteos de
una hoguera en
un descampado.
Esos aparatos de
televisión eran
como ventanas de
luz sobrenatural
que les
permitían
aislarse de la
podredumbre que
les rodeaba.
-Buenas
noches... y
señores, soy
Diana
Washington.
Hoy... tratar un
tema tan
candente
como..., la
existencia del
Más allá.
-Un buen tema
-admitió
Simplicio.
-Mucho mejor que
aguantar a
variettés memas
y oligofrénicas
hablando sobre
moda -sentenció
Groucho sin
dejar de leer
los labios de la
presentadora.
-Veamos que
opina La Ciencia
<<Aparece
sobreimpresionado
en la pantalla
un rótulo
multicolor:
ESCÉPTICOS. Tras
unos estallidos
de luz
estroboscópica,
surge una butaca
de la base del
plató. Primer
plano del rostro
del Polemista
Escéptico, que
toma asiento en
el sofá >>
Tenemos con
nosotros a don
Mauricio Costa,
biólogo y
neurocirujano
del Instituto
Sónar de
Valencia. Señor
Costa, ¿cree que
es sensato creer
que hay vida
después de la
muerte?
-... decir que
estoy encantado
de estar aquí
esta noche. Lo
primero que
quiero advertir
es... <<Aparece
en pantalla el
rostro de una
anciana del
público que se
está sondeando
la nariz con el
dedo índice>> La
muerte no es más
que la extinción
de todas las
reacciones
químicas
producidas por
el cuerpo. Los
átomos <<El
realizador hace
un plano general
del público y
acaba con el
rostro de
profundo interés
de la
presentadora>>.
-Ya podrían
dejar la cámara
quietecita
-masculló
Simplicio dando
un trago de vino
barato.
-Compadezco a
los sordos.
-Y a los que no
tienen sonido en
la tele.
-...puede ser
producido por la
hipoxia cerebral
en el lóbulo
occipital. Así
que el famoso
túnel que
algunos han
visto cuando han
sufrido una ECM,
una Experiencia
Cercana a la
Muerte, podría
haber sido
producto de un
estado
alucinatorio
creado por la
anestesia en los
hospitales o por
una
hipersensibilización
de la memoria,
que nos hace
recordar el
momento de
nacer.
-Uff, qué fuerte
-musitó
Simplicio.
-<<El plano
cambia y aparece
de nuevo el
rostro de la
presentadora>>
Muy bien,
durante esta
noche tal vez el
señor Costa
cambie de
opinión y...
<<Plano de don
Mauricio Costa
negando con la
cabeza>> ...la
fenomenología es
extensísima...
Por ejemplo, los
católicos. Creen
que cuerpo y
espíritu irán a
una vida
permanente de
felicidad con
Dios, en la que
no existe el
tiempo y de la
que sólo se
podrá volver a
través de la
resurrección. El
budismo cree que
la mente
permanece y
busca una nueva
forma de
encarnarse, ya
sea humana,
animal, de
espíritu... o de
deidad, así...
un karma. Puesto
que ya no
necesitan su
antiguo cuerpo y
no van a
resucitar, la
incineración es
la práctica más
habitual. Los
musulmanes
consideran que
el espíritu
aguarda en una
fase llamada
ísmica, hasta el
Día del Juicio
Final, en que
todos
resucitarán
yendo al Paraíso
o al Infierno,
dependiendo de
su trayectoria
personal. No
existen la
reencarnaciones
ni las
apariciones, y
los cuerpos no
son incinerados
porque no
podrían
resucitar.
-Hay que
fastidiarse,
manda cojones
-exclamó
Simplicio.
-El magín humano
siempre me
sorprenderá.
-...entre todas
las creencias
más conocidas,
los testigos de
Jehová son los
únicos que no
creen en una
vida después de
la muerte. Sólo
el Día del
Juicio, todos
los cuerpos
serán
resucitados,
judgados y
destinados al
Infierno, al
Paraíso terrenal
o, en el caso de
los 144.000
elegidos, al
reino de los
cielos. En
cuanto...
-Entre tanta
variedad,
alguien debe de
haber acertado
-señaló
Simplicio.
-Vamos, ya lo ha
apuntado el
escéptico; sólo
somos un puñado
de reacciones
químicas. No hay
razones que
avalen que
vivamos una
eternidad.
Aunque, si
existiera el
Paraíso, me
quedaría con el
islámico, que es
mucho más
divertido que el
cristiano.
-Y ahora
escuchemos la
opinión de La
Fe. <<Hay un
plano general
del plató y
aparece
sobreimpresionado
en pantalla un
rótulo
multicolor:
CREYENTES. Tras
una explosión de
luz blanca,
surge una butaca
de la base del
plató. Un hombre
obeso y glabro,
ataviado con una
túnica morada,
toma asiento.
Primer plano del
rubicundo rostro
del Polemista
Creyente.>>
-Ese tío me
suena, ¿no salía
en el programa
de la semana
pasada?
-preguntó
Simplicio.
-Creo que sí,
era el que habló
de pseudociencia
y medicinas
alternativas.
-Y de los ovnis.
-<<Encuadre de
la presentadora
y el invitado>>
El señor Blas
Carmona, más
conocido en el
mundo
mágico-esotérico
como mago
Blascar, es
experto en
medicina
holística,
fitoterapia,
flores de Bach,
moxibustión,
fisiología
energética,
meditación
trascendental y
reflexología
podal. Además es
diplomado en
Alta Magia y PES.
Mago Blascar,
¿cuál es su
opinión?
<<Primer plano
del Mago Blascar>>
...opino que...,
porque este
mundo tan
maravilloso no
puede ser
casualidad, no
puede..., y
claro, el..., y
con... Los Ovnis
están
relacionados y
como experto...
de... suscita
la... y... <<La
cámara se acerca
al rostro del
mago, ampliando
un punto de
saliva cuajada
que se había
formado en en su
labio
inferior>>.
-Cojones, al tío
éste no se le
entiende nada.
Ya podría
vocalizar.
-Simplicio, no
seas tan basto.
-¿A qué te
refieres?
-Te sorprendería
saber cuantas
palabras existen
afines a cojón;
perendengue, por
ejemplo. Queda
más elegante.
-Ya empezamos.
Según dices, yo
tengo la manía
de no soportar
el humo de tu
cigarrillo; pero
tu manía de
utilizar
palabras raras y
rebuscadas creo
que es peor.
Estamos sucios,
apestamos, no
tenemos un duro
y estamos
tirados entre la
basura, y me
dices que use la
palabra
perendengue.
Nunca cambiarás.
-Que estemos
desaseados,
rodeados de
inmundicia y que
no tengamos ni
un ardite en el
bolsillo no es
óbice ni
cortapisa para
que cuidemos las
formas al
hablar.
-Ya,
perendengues.
-Ahora pasemos a
los testimonios
<<La cámara
vuela por encima
del público, que
aplaude
enfervorecidamente>>
Vamos a poder
escuchar
testimonios
impactantes, que
arrojarán luz a
este nuevo
Controversia
2000...
-Vaya, a
soportar unas
cuantas
historias
fantásticas
-presagió
Groucho-. Los
que tienen que
demostrar la
existencia del
Más Allá son los
que lo afirman,
y con esas
paranoias que
relatan no
prueban nada.
-Pues si es una
fantasía,
déjales vivir
felices.
-¿Vivir? Vivir y
saber no deben
ser cosas
contradictorias,
ni siquiera
distantes. No,
no. ¿Por qué a
los niños,
cuando llegan a
cierta edad, se
les revela que
el ratoncito
Pérez no existe?
Sería curioso
ver a un hombre
de cuarenta años
creyendo
realmente que el
ratoncito Pérez
existe y trae
regalitos a
todos los niños
que pierden un
diente de leche,
incluso a los
pobres. Esas
personas deben
saber. La
ignorancia es la
antítesis de la
libertad. Ahora
se me ocurre una
cita que leí
hace tiempo,
<<También
sabemos qué
cruel es a
menudo la
verdad, y nos
preguntamos si
el engaño no es
más consolador>>
Creo que aunque
sea cruel, la
verdad debe ser
revelada,
porque...
-Espera, espera,
mira a la vieja
-le interrumpió
Simplicio
señalando los
rutilantes
televisores.
-<<En un primer
plano se muestra
la tez morena y
apergaminada de
una anciana>> Yo
voy a decí la
verdá. Yo he
invocao
espíritus. Yo he
hablao con
muchos espíritus
de otros seres
de otros
tiempos, con
seres
paranormales.
Poque yo he
estao en el
Sielo <<Cambio a
la
presentadora>>
¿...ha estado
muerta? <<Cambio
al testimonio>>
He estao muerta
do hora, ¡do! Yo
me bebí una
botella enterita
de vino con dose
pastilla pa
dormí. Poque yo
quería morirme.
Bien lo sabe
nuestro señó...
que como no me
moría me tiré de
un segundo piso
desde mi casa
en... <<Cambio a
la
presentadora>>
¿Y cómo es el
cielo? <<Cambio
al testimonio>>
¡Es presioso!
Tiene mucho
colorío y mucha
lucecilla. Hay
bosque,
desierto,
montaña, mar,
río; todo
igualito que
aquí, pero
limpio. <<Cambio
a la
presentadora>>
¿Qué quiere
decir con
limpio? <<Cambio
al testimonio>>
...limpio,
limpio. A ver si
me aclaro,
mismamente como
aquí pero limpio
como una... Allí
te cae al suelo
y te ensusias,
pero esa suciedá
es limpia. Allí
no te duele ni
ná y es muy
bonito... Es
como una
película de Mary
Poppins.
Groucho y
Simplicio
estallaron en
carcajadas.
-<<Cambio a la
presentadora>>
Vamos a ver,
señora Vallejo,
¿me quiere usted
decir que el
Cielo es como
una película de
dibujos
animados?
<<Cambio al
testimonio>>
Efectivamente,
en el
maravilloso
Sielo de nuestro
Señó... se vive
cómo en una
pelíscula de
muñecos, to es
muy inocente.
Yo, cuando... y
jugué con un
conejillo blanco
que hablaba y
caminaba con dos
patas. Era un
conejillo limpio
y que olía a
fresa de... y
entonses me
tropesé con una
piedra y no me
hice ningún mal.
Yo era como de
goma...
Se escuchó un
bisbiseo en la
oscuridad de la
calle, tras un
contenedor de
basura. Las
carcajadas se
apagaron.
-¿Qué pasa?
-susurró
Simplicio.
Groucho se
levantó como
impulsado por un
resorte y, de
entre la zahúrda
de su gabardina,
extrajo su
pedazo de madera
en forma de
espada. Haciendo
acopio de todo
su coraje, se
acercó con
sigilo al
contenedor,
esgrimiendo la
espada.
Simplicio se
situó detrás de
él.
-¿Quién está
ahí? -La
descarga de
adrenalina
provocó que la
voz de Groucho
fuera jadeante.
La oscuridad le
contestó con
unos pasos
apresurados.
Un ruido sordo a
su espalda le
hizo volverse en
redondo y
advirtió como su
amigo se
desplomaba sobre
el pavimento,
boqueando.
Entonces los
distinguió de
nuevo, aquella
calavera
fluorescente en
la camiseta del
más alto era
inconfundible.
El miedo
agarrotó sus
piernas, volvían
a por ellos.
De súbito, en la
borrosa
periferia de su
visión,
descubrió que
una sombra
acechaba detrás
suyo. El impacto
del bate de
beisbol en sus
corvas le obligó
a caer de
rodillas,
desprendiéndose
de su espada, y
al instante
siguiente
recibió otro
golpe en la
espalda que lo
dejó tendido en
el suelo cuan
largo era. Ahora
tenía delante el
cuerpo exánime
de Simplicio, a
tan sólo un par
de metros. El
hilo de sangre
que le corría
por la frente
evidenciaba que
había sufrido un
golpe brutal en
la cabeza.
Levantó la vista
con osadía y se
encontró con los
ojos de esas
tres figuras de
silueta
demoníaca. Por
las carcajadas
deducía que tras
él habían otras
dos.
-Vaya, vaya, así
que viendo la
tele otra vez,
¿eh? -barboteó
el joven de la
calavera
fluorescente,
blandiendo una
barra de hierro.
-Os avisamos que
no queríamos
gente como
vosotros por
aquí -apostilló
otro de ellos,
corpulento como
un oso, mientras
se acariciaba su
cabeza rasurada.
Pudo escuchar la
voz de subido
diapasón de uno
de los que
aguardaba detrás
de él.
-Estos
gilipollas sólo
captan las
hostias, el
lenguaje
universal.
Las carcajadas
volvieron.
Entonces el
último que había
hablado se situó
junto a
Simplicio; era
la primera vez
que Groucho lo
veía. Endureció
la mandíbula
enseñando los
dientes y empezó
a patear con
crueldad la
cabeza de su
amigo.
Groucho trató de
incorporarse,
pero el agresor
que quedaba tras
él le hundió la
rodilla en la
espalda para
inmovilizarle.
El aliento se le
había
cristalizado en
la garganta y no
podía emitir
sonido alguno.
Cerró los ojos
para no ver como
destrozaban a
Simplicio. Pero
continuaba
escuchando los
golpes, el
crujir de los
huesos al
quebrarse, los
salivazos y los
insultos; y las
carcajadas. Las
endiabladas
carcajadas.
-¡Dale! ¡Dale!
-¡Así, que
aprenda!
¿Por qué la
imaginación
podía volverse
tan cruel? Los
sonidos se
convirtieron en
imágenes en su
cabeza. Vio como
la tensión
arterial
bombeaba la
sangre a través
de las heridas
de Simplicio;
vio su rostro
abotargado por
los golpes y sus
dientes
astillandose,
saliendo de su
boca como
metralla; vio un
ojo reventado
por la barra de
hierro,
secretando un
humor viscoso;
vio los mohines
del gozo en esos
monstruos,
mientras se
ensañaban con
aquel
desgraciado.
Groucho sollozó,
intentando
levantarse en un
postrer conato
de furia. Pero
no fue capaz, un
objeto punzante
comenzó a
internarse en su
espalda. Todo su
cuerpo tembló de
dolor a la par
que las lágrimas
acumuladas en
sus ojos
comenzaron a
brotar. Aún le
restaron fuerzas
para exhalar un
alarido
estremecedor que
le desgarró la
garganta. Sin
embargo, nadie
se presentó en
su ayuda.
-¡Muérete, hijo
de perra!
Sintió un golpe
en su cabeza.
Y sin más
dilación, todo
cesó.
Un túnel y al
final una luz
cegadora.
Algo se
desconectó.
La luz cegadora
se desvaneció.
La enfermera
estaba cambiando
el envase de
suero vacío de
Alejandro
Canovellas.
Odiaba el turno
de noche, le
deprimía
contemplar esa
larga alineación
de camas
separadas por
cortinillas, en
absoluto
silencio. Sin
embargo, durante
aquel turno no
tenía que
soportar la voz
chillona de la
señora Berlanga.
-Ya se podría ir
al Evo -musitó
para sí mismo,
cuando aquel
orondo cuerpo
acudió a su
mente.
Estudió el
rostro de uno de
los pacientes,
indiferente a
todo lo que
ocurría a su
alrededor,
incapaz de
reaccionar a los
estímulos
sensoriales.
Según su
historial,
llevaba mucho
tiempo
desconectado de
la realidad. No
era
especialmente
atractivo, pero
tenía algo. Tal
vez esa cicatriz
en la ceja
izquierda era lo
que le daba ese
toque especial,
o la nariz
ligeramente
escorada.
Un pitido la
apartó de su
ensimismamiento.
Comprobó
sorprendida las
lecturas del
sistema de
soporte vital.
Volvió a mirar
al paciente
postrado en la
cama, seguía con
los ojos
cerrados.
-¿Señor
Canovellas? ¿Me
oye?
Groucho abrió
los ojos.
Groucho había
permanecido en
un estado
vegetativo
persistente y
ahora había
vuelto a
comenzar. Debido
al traumatismo
cerebroencefálico,
las neuronas
habían sufrido
un daño
irreversible.
Ahora su cabeza
se asemejaba a
una especie de
caja negra que
se resistía a
mostrar su
interior. Era
como un niño que
no sabía leer ni
escribir, ni
siquiera
articular una
mera palabra.
Todo su pasado
se había
emborronado. Y
su estado físico
era lamentable,
no era capaz ni
de mover una
silla de ruedas
con sus brazos.
Pero a pesar de
las terribles
secuelas, se
había saltado la
fase de mínima
consciencia, en
la que a menudo
entran los que
han vivido una
situación
crónica de
inactividad
cognitiva.
Tras pasar seis
meses realizando
un duro programa
de
rehabilitación,
tragando un buen
número de
pastillas
diarias y ser
atendido por
varios
psicólogos y
fisioterapeutas,
la conclusión
fue contundente:
la recuperación
de Groucho era
milagrosa.
Arnoldo González
se había
convertido en el
fisioterapeuta
particular de
Groucho. Le
ayudaba a
recuperar su
forma física, y
colaboraba junto
con los
psicólogos en la
ardua tarea de
estimular sus
recuerdos y las
funciones
ejecutivas.
Arnoldo empujaba
la silla de
ruedas de
Groucho,
siguiendo el
camino de
asfalto de los
jardines del
hospital. En el
cielo
predominaba un
sol espléndido,
pero se
avecinaba una
tormenta. Los
anegadizos
jardines se
volverían pronto
intransitables.
-Bueno, colega.
Creo que por hoy
ya hemos acabado
el paseo
matutino. Vamos
a machacarnos un
poco en la sala
de
rehabilitación,
¿vale?
En el cerebro de
Groucho aún
persistía un
procesamiento de
la información
más lento de lo
habitual, por
ello se demoró
en contestar.
-La verdad es
que no me
apetece mucho.
-¿Qué? Vamos,
Alejandro, lo
vamos a pasar
guay. Hoy tengo
un nuevo
ejercicio para
ti, te va a
encantar.
-Prefiero que me
llames Groucho.
-Groucho. ¿Por
qué ese nombre?
¿Recuerdas algo?
-No lo sé-.
Intentó
concentrarse.
-Sólo sé que lo
prefiero así.
-Bueno, tú
verás. A mi me
puedes llamar
Arn. Parece
nombre de
insecto, de
hormiga,
¿verdad?
Groucho no supo
qué contestar.
Arnoldo hablaba
muy rápido y se
trababa
continuamente,
añadiendo
dificultad a la
comprensión de
las frases
largas. Eso
obligaba a
Groucho a forzar
más su cerebro,
y la sensación
le irritaba. No
obstante, ese
enfermero no
estaba
contaminado por
el frío -o el
blanco- ambiente
hospitalario.
Estar con él era
como estar con
una amigo
tomando una
cerveza; hablaba
como un ser
humano y no cómo
un robot.
Arnoldo situó su
enorme tez
morena delante
de Groucho, a
diez centímetros
de su rostro.
-Venga, sé que
estás pensando.
Sé que recuerdas
por qué te haces
llamar Groucho.
Venga, tío,
esfuérzate. ¿No
recuerdas que
eras un
vagabundo? Eras
un vagabundo y
te hacías llamar
Groucho, vamos,
dime algo.
-Espera...
espera, déjame
concentrarme.
-No, hoy no hay
concentración.
Cuéntame algo
ahora y te
prometo que
haremos media
hora menos de
ejercicio;
podrás ir a
hacer lo que te
dé la gana
durante ese
tiempo. Y te
garantizo algo
de la cafetería
para comer. Pero
primero exprime
esa cabezota.
Groucho rememoró
aquella
sustancia
pastosa e
incolora con
sabor a pollo
que le
suministraban
los martes para
comer. Cualquier
novedad era
mejor que esos
preparados del
hospital. Cerró
los ojos con
fuerza.
-Recuerdo que
era vagabundo,
pero no sé
exactamente
porqué. Algo me
pasó, vivía en
la calle... no,
en la calle no.
Tenía una
furgoneta...,
quiero volver a
mi furgoneta-.
Abrió los ojos y
miró fijamente
al enfermero.
-Quiero volver a
mi furgoneta.
-¿Por qué? ¿Por
qué quieres ir a
tu furgoneta?
-No lo sé, me
apetece.
Simplico estará
allí.
-¿Simplicio?
Groucho se
sorprendió al
pronunciar ese
nombre.
-Es... es un
amigo. ¿Dónde
está?
Arnoldo suspiró.
-¿Dónde está
Simplicio, Arn?
-volvió a
preguntar
Groucho.
-Tranqui, lo has
hecho muy bien.
Te mereces el
descanso de
media hora y un
bollo de
chocolate de la
cafetería. Te
prometo que la
próxima semana
iremos a ver al
doctor Castillo,
él te explicará
qué te ha
pasado.
La nube de Oort
era una vasta
extensión de
cometas que
rodeaba todo el
sistema solar.
Millones de
rocas de nieve y
polvo se
extendían más
allá de la
órbita de
Plutón.
Tras pasar por
su periodo de
aislamiento, #?Akeshi//
se hallaba
adherido con su
órgano
succionador a un
cometa de unos
treinta
kilómetros de
diámetro,
absorbiendo el
agua de esa roca
nívea para
realizar la
posterior
fotosíntesis.
&Violeta# se
acercó a la
corteza helada.
-¡¡¡Percibo a
alguien ajeno a
la Familia!!!
¡¡¡No
corresponde a
ninguna de las
seis nonillones
de cabezas!!!
-¡¡¡Yo también
lo percibo, está
muy lejos!!!
-contestó #?Akeshi//,
desprendiéndose
del cometa-.
¡¡¡Pertenece a
la granja
cuartogénita!!!
Los dos
oortianos se
alejaron del
cometa. Eran
esféricos, del
tamaño de un
balón de fútbol.
Su fungoso
cuerpo estaba
recubierto por
una especie de
vello
puntiagudo, que
disimulaba las
escoriaciones de
la armadura
cutánea. Esos
pelos oscuros
recogían la
energía del Sol
y mediante la
fotosíntesis
producían la
energía y el
oxígeno
necesarios para
su propio
consumo.
Arnoldo empujó
la silla de
ruedas de
Groucho al
interior del
despacho del
doctor Castillo.
-Bueno, yo te
espero fuera,
colega.
-Gracias,
enfermero
Gonzalez -dijo
el doctor
Castillo,
sentado tras una
mesa repleta de
papeles. Arnoldo
palmeó la
espalda de
Groucho y
abandonó la
estancia.
Era un pequeño
cubículo
dominado por el
blanco,
escuetamente
decorado. Sólo
algunos dibujos
muy coloristas
del cerebro
daban un poco de
vida al lugar.
-¿Cómo estamos
hoy, señor
Canovellas?
-preguntó el
doctor Castillo.
Era un tipo muy
grueso, cuyos
botones de la
bata amenazaban
con salir
disparados en
cualquier
momento. Su
placa de
identificación
decía: Dr.
Vicente
Castillo. Jefe
de la Unidad de
Politraumatizados.
Hospital
Pancracio Ojea.
-Prefiero que me
llame Groucho.
El doctor
Castillo frunció
el ceño,
desconcertado.
-Claro, Groucho.
Me han informado
de que no ha
dejado de hacer
preguntas. Es
normal que se
sienta confuso.
Sin embargo,
opino que ya
está preparado
para saber lo
que le ha
ocurrido
exactamente.
Esta semana ha
hecho una gran
mejoría en todos
los aspectos,
aunque si no
entiende algo o
voy demasiado
deprisa para
usted, no dude
en avisarme.
Groucho se
sintió aliviado,
ya estaba harto
de que le
contestaran con
evasivas.
Asintió.
-Bien. Usted ya
recuerda algunos
fragmentos de su
pasado. Como ya
sabe, era un
vagabundo.
Cuando lo
trajimos aquí,
entre sus
efectos
personales no
encontramos nada
que lo
indentificase. Y
nadie preguntó
por usted.
-Recuerdo que
unos chicos me
atacaron, y en
la escena
aparece un amigo
mío, Simplicio.
El doctor
Castillo ojeó
unos informes
antes de
proseguir.
-Verá, la
policia no
encontró a sus
agresores. Y...,
bueno, esto será
un poco duro
para usted.
Simplicio Aragón
ingresó cadáver
el siete de
noviembre del
2005.
Groucho cerró
los ojos,
pasándose las
manos por la
cara. De súbito
le invadió la
cólera, pero
logró aplacarla
con rapidez.
Intentó no
lamentarse por
la muerte de su
amigo, ahora no
servía de nada.
-¿Cómo murió?
-preguntó.
-Señor Cano...
Groucho, no creo
que deba
profundizar más
en ello; todavía
está usted...
-Quiero saberlo,
es la única
persona que
recuerdo.
El doctor
Castillo volvió
a recurrir a los
informes.
-Después de
practicarle la
autopsia, se le
detectó la
rotura del hueso
parietal
izquierdo, que
le provocó una
hemorragia
interna y un
coágulo en el
cerebro -relató
fríamente.
Groucho apretó
los puños y los
nudillos se le
pusieron
blancos, como si
el hueso fuera a
atravesarle la
piel. Se iba a
recuperar
totalmente y
saldría del
hospital en
busca de esos
asesinos; aunque
en el fondo
estaba seguro de
que nada iba a
borrar el rastro
indeleble que
había dejado la
muerte de
Simplicio.
-¿Cuánto tiempo
más pasaré aquí?
El doctor
Castillo
esperaba esa
pregunta.
-Bien, siento
darle tantas
noticias
desagradables a
la vez. Es
cierto que estos
últimos días se
ha recuperado
extraordinariamente,
pero no sabemos
como puede
evolucionar a
partir de ahora.
Tal vez nunca se
recupere del
todo. El cerebro
continúa siendo
un misterio para
nosotros. Pero
quiero que
olvide cualquier
tipo de
represalia
contra sus
agresores, el
mal ya está
hecho. Si la
policía no los
ha encontrado
después de tanto
tiempo, usted no
tendrá ninguna
posibilidad de
hacerlo ahora.
Así que quiero
que se
tranquilice e
intente hacer
todo lo posible
para volver a su
vida normal. Ha
logrado salir de
un estado
vegetativo
persistente,
aproveche esta
segunda
oportunidad para
empezar de
nuevo.
Groucho se
sintió abatido,
impotente. Pero
había algo que
no encajaba.
-¿Estado
vegetativo
persistente? Me
dijeron que
había despertado
de un coma
profundo.
-Bien, ahora
viene la parte
más difícil.
Intrínsecamente
es lo mismo.
Pero lo que le
ha ocurrido a
usted es algo
más grave y
duradero.
Groucho frunció
en entrecejo.
-Continúe.
-Sufrió un
traumatismo
craneoencefálico
que le provocó
una lesión en el
cerebro y entró
en el estado
vegetativo.
Utilizamos el
término
<<persistente>>
para los
enfermos que han
permanecido en
estado
vegetativo más
de tres meses
para las heridas
traumáticas.
Groucho comenzó
a entender, y se
temió lo peor.
-¿Cuánto tiempo
he estado yo?
-preguntó.
-No quiero
engañarle
-admitió el
doctor Castillo,
resoplando-,
unos nueve años.
Groucho tuvo un
ligero vahído,
los
acontecimientos
le abrumaron; no
podía creer lo
que había
escuchado.
¡Nueve años!
¿Qué sería ahora
de su vida? Todo
habría cambiado
demasiado, todo
habría quedado
atrás.
-No es tan grave
-le tranquilizó
el doctor
Castillo-. Si
como parece, no
tenía nada que
le vinculara con
su vida
anterior, ni
familia, ni
posesiones -Groucho
estuvo a punto
de interrumpirle
para decir que
recordaba una
furgoneta, pero
optó por guardar
silencio-, su
reinserción en
la vida será
fácil. Piense
que ahora su
cerebro
desconoce mucho
sobre su vida
anterior, así
que es como una
tabula rasa en
la que podemos
reescribir toda
la actualidad.
Es un poco
exagerado, pero
un buen símil
para su
situación es que
ha vuelto a
nacer.
-Entonces... que
día es hoy.
-Estamos en el
2016. 22 de
febrero del
2016.
-Dios mío
-musitó Groucho-.
Pero esto no
puede ser. No
soy estúpido,
una persona que
hubiera pasado
tanto tiempo
desconectada de
la vida, jamás
habría superado
las secuelas
como yo lo he
hecho.
-Bien, veo que
conoce algo
sobre el tema.
Es cierto, sus
posibilidades de
volver eran
mínimas, su
cerebro estaba
muerto. Pero
hemos hecho unos
cuantos
adelantos en
neurología.
<<Supongo que
sabe que las
neuronas no
proliferan,
cuando una muere
no aparece
ninguna para
reemplazarla; no
se multiplican.
Después de un
coma, hay
pacientes que
recobran la
consciencia, ya
que existe lo
que llamamos
plasticidad
neuronal. Es
decir, que las
neuronas tienen
la habilidad de
establecer
nuevas
conexiones
sinápticas
capaces de
asumir las
funciones de las
células vecinas
que han quedado
inutilizadas por
el coma. Hemos
utilizado la
última
tecnología
disponible para
que, durante
tanto tiempo
inactivo, su
cuerpo se
resintiera lo
mínimo posible.
También hemos
utilizado un
fármaco
experimental
para que
aumentara el
fenómeno de la
neuroplasticidad
en su cerebro.
-He sido una
especie de
cobaya.
-Puede llamarlo
así, pero está
resultando muy
bien. Gracias a
usted, se
salvarán
muchísimas
vidas.
Groucho sonrió
con cinismo, por
lo menos había
servido de algo
todo su
sufrimiento.
Pero aún le
atormentaba la
idea de que
había
transcurrido
demasiado
tiempo, de que
no debería haber
resucitado.
En ese instante
sonó un pitido
agudo. El doctor
Castillo cogió
un interfono y
habló por él.
-Sí..., es la
enésima vez que
lo advierto.
Enseguida voy-.
Colgó el
interfono y
escrutó a
Groucho. -¿Se
encuentra bien?
-Supongo que sí
-admitió
levantando los
hombros.
-De acuerdo, me
necesitan un
momento aquí al
lado. Vuelvo en
dos minutos, le
irá bien
reflexionar un
poco; comprendo
que es difícil
aceptar todo lo
que le he dicho.
El doctor
Castillo rodeó
la mesa y salió
por una puerta
que daba a una
habitación
contigua.
Groucho se quedó
solo,
recapitulando la
avalancha de
acontecimientos
que se le
echaban encima.
Nueve años. Me
puedo considerar
un muerto
viviente, pensó
esbozando una
sonrisa amarga.
Miró vacilante
las hojas que
poblaban la
mesa. Ahí estaba
su ficha, bajo
un estetoscopio.
No pudo contener
su curiosidad y
la cogió,
siempre había
tenido la
impresión de que
los médicos le
ocultaban
información o,
al menos, que la
endulzaban.
Comenzó a
revisarla por
encima, ya que
había aprendido
a leer hacía dos
semanas, y se
dio cuenta de
que aparecía su
historia, el
examen físico
realizado el día
de su ingreso
-el siete de
noviembre del
2005-, notas
sobre la
intervención de
los enfermeros,
gráficos de sus
signos vitales
durante todos
los años que
había
permanecido
inconsciente,
registros de
diferentes
pruebas, valores
de laboratorio y
un largo
etcétera.
Detectó un
parágrafo
curioso en la
sección que
hablaba de su
ingreso en el
2005:
<A pesar de que
el estado
vegetativo
surgió después
del Mensaje
sobre el Evo, se
descarta la
inducción
voluntaria al
mismo. Quede
aquí suscrito
por el doctor
Vicente
Castillo, de la
Unidad de
Politraumatizados,
para los
posibles efectos
retroactivos de
la Ley del Evo
del 2009.
Pasó unas
cuantas páginas
y continuó
leyendo.
<EXAMEN:
respuesta
negativa a la
luz, cuando se
le habla y al
dolor intenso.
La anoxia...
Saltó de
parágrafo.
<El examen del
líquido
cerebroespinal
revela una
presión de...
Pasó la página.
<SEGUIMIENTO DE
LA UNIDAD DE
POLITRAUMATIZADOS:
Bajo consenso
general, la
recomendación
del doctor
Narciso
Hinojosa, el
apoyo de capital
privado y los
valores
positivos del
líquido
cefalorraquídeo,
se aprueba el
suministro de
DENDROGEX.
(Remitirse a
Dendrogex, pp.
301-308.)
Groucho localizó
las páginas en
cuestión.
<DENDROGEX GM1.
<Cambios
persistentes en
el calcio libre
citosólico,
[Ca2+]i, pueden
ser responsables
de la
plasticidad
neuronal. Por
ejemplo,
modificando la
liberación de
neurotransmisores.
Se han estudiado
las posibles
acciones de dos
mensajeros
interneuronales,
el óxido nítrico
(NO) y el ácido
araquidónic
(AA), en la
regulación de
[Ca2+]i en
sinaptosomas de
hipocampo
inmovilizados
mediante
microfluorimetría
de 2-3
sinaptosomas.
Donadores de NO
inducían un
aumento
persistente en
los aumentos
transitorios de
[Ca2+]i
producidos por
despolarización
sin modificar
[Ca2+]i basal,
aumento que
podría estar
implicado en
alguna de las
formas de
plasticidad
neuronal donde
participe el NO.
Groucho sacudió
la cabeza, el
texto era
demasiado
técnico. Saltó
unos parágrafos
hasta encontrar
algo mínimamente
comprensible.
<DENDROGEX
facilita los
procesos de
reinervación y
regeneración
axonal y
neurítica. Al
paciente,
Alejandro
Canovellas Soto,
se le ha
suministrado una
dosis diaria de
100 mg., que
contenía
monosialogangliósido,
aplicado vía
intramuscular.
Recordó esas
dolorosas
inyecciones que
le ponían cada
día; aquello era
el Dendrogex.
Siguió leyendo
las últimas
líneas,
saltándose
algunas páginas
de
incomprensible
lenguaje
técnico.
<Se advierte que
DENDROGEX no es
recomendable
para el
embarazo, la
lactancia, la
enfermedad de
Tay Sachs, la
enfermedad de
Bielschowsky y
la enfermedad de
Spielmeyer.
Se sintió de
nuevo aliviado,
esas inyecciones
no estaban
contraindicadas
para él. Por lo
menos podía
estar seguro en
lo referente al
embarazo y la
lactancia. Sí,
no cabía ninguna
duda. No tenía
ni idea de lo
demás, pero
supuso que los
médicos lo
habrían tenido
en cuenta.
Groucho
continuaba
observando su
rostro ante el
espejo del aseo.
Ahora tenía 49
años. Se le
habían formado
arrugas, un
tizne le
aureolaba sus
ojillos zarcos y
la nariz se
había ensanchado
y estaba más
escorada hacia
la izquierda. Se
mesó el escaso
cabello blanco,
otrora negro
azabache, con
una profunda
nostalgia.
Aquellos días
jamás volverán.
Se sentía vacío,
con una
sensación de
pérdida. Pero no
se lamentaba por
los nueve años
que había
permanecido
dormido. No.
Advirtió que era
el pasado, los
fragmentos de
pasado que
recordaba, lo
que había
malgastado; se
había dejado
llevar por la
vida, empleando
mal el tiempo,
las horas, los
minutos. Pero no
se hundió. Ahora
no iba a caer en
el mismo error,
iba a exprimir
al máximo lo que
le quedaba. Iba
a vivir. Suspiró
y su imagen se
borró con la
condensación de
su aliento.
Groucho salió
del aseo. Aún se
tenía que ayudar
con un andador,
pero al menos
podía levantarse
para ir al
lavabo por su
propio pie, sin
tener que
recurrir a un
denigrante
orinal de cuña.
Le habían
trasladado una
habitación
doble, que
compartía con un
paciente llamado
Rogelio Pardo.
Era un crítico
de cine y
televisión que
había entrado en
coma tras un
terrible
accidente de
automóvil. Era
un tipo bajito
que siempre
hablaba como si
estuviera
enfadado con el
mundo. Aseguraba
que el cine
contemporáneo
era una basura,
salvo algunos
minutos lúcidos
de alguna
película, y que
su retina sólo
se excitaba con
el blanco y
negro.
A Groucho le
agradaba esa
mezcla de
egocentrismo
endémico con
unas gotas de
misantropía. No
era
especialmente
simpático, pero
al menos era
capaz de
mantener una
conversación
interesante.
Arnoldo penetró
en ese momento
en la
habitación.
-Hola, colega.
¿Preparado para
salir?
-Sí. Por cierto,
Arn, nunca había
dormido en una
cama tan cómoda.
Las sábanas
son... no sé
cómo explicarlo,
como una segunda
piel.
-Ah, claro -el
enfermero no
puedo evitar
reírse-, supongo
que hace diez
años, la ropa no
era inteligente.
-¿Ropa
inteligente?
-Groucho arqueó
una ceja,
palpándose el
camisón que
cubría su cuerpo
desnudo.
-Debió ser por
el 2010, si no
recuerdo mal,
cuando
aparecieron los
primeros tejidos
inteligentes.
Tienen todo tipo
de añadidos para
ser realmente
una segunda
piel. Son
calientes en
invierno y
frescos en
verano. Por lo
que sé, tu ropa
está hecha de
una fibra
antibacteriana.
-Vaya -bajó la
cabeza para
mirar el tejido
blanco, llevaba
uno de esos
clásicos
camisones de
hospital que se
anudaban por la
espalda. Era
suave y liviano,
pero no era
capaz de ver
ninguna
diferencia con
su gabardina.
Más limpio, nada
más.
Arnoldo extendió
una etiqueta de
la esquina de la
sábana.
-Aquí está...
Mundallas ofrece
un estrato
interno de fibra
polipropilénica
que conduce el
sudor hacia el
exterior, donde
es absorbido por
una segunda capa
de algodón.
-Caramba, si que
han cambiado las
cosas.
Arnoldo miró a
los ojos de
Groucho.
-Eh...
-titubeó-, sí,
es verdad... han
cambiado mucho.
Desde que había
despertado del
estado
vegetativo,
tenía la
sensación de que
aún le ocultaban
algo. Apartó esa
idea por el
momento y
salieron a
almorzar,
Arnoldo le había
prometido un
buen menú en la
cafetería.
No obstante,
habían cosas que
no cambiaban. La
habitación
disponía de un
aparato de
televisión y,
cómo era
habitual,
estaban
emitiendo
anuncios. Esas
breves historias
embaucadoras
eran una
herramienta muy
útil para
conocer la
evolución de una
sociedad.
Groucho no
perdía detalle
de los adelantos
socio-culturales
y tecnológicos;
reparó en que
continuaban
perviviendo
algunos tópicos.
Después de todo,
diez años no era
tanto tiempo.
Entonces
emitieron un
anuncio que ya
había visto un
par de veces
pero que no
acababa de
comprender.
Sobre un fondo
negro emergían
unas letras que
acababan
formando una
palabra: VIVE, a
la par que una
voz grave hacía
una llamada a la
razón y a la
madurez.
-No creo que con
eso convenzan a
demasiada gente
-murmuró
Rogelio, con su
característica
voz atiplada. Se
sentía inútil
postrado en
aquella cama y
le hostigaba la
necesidad de
desempeñar su
antiguo empleo,
criticando todo
lo que se le
pusiera por
delante.
-¿Qué quieres
decir? -preguntó
Groucho. -¿De
qué trata ese
anuncio?
Rogelio se
incorporó en la
cama.
-¿Pues de qué va
a ser? Cualquier
anuncio
publicitario con
ese pésimo
montaje, esa
ausente
imaginación y
ese burdo
mensaje sólo
puede referirse
al Evo. ¿No lo
has visto?,
menudo bodrio.
Groucho
recordaba haber
leído algo sobre
el Evo en su
ficha.
-¿Qué es el Evo?
Rogelio parecía
asombrado.
-¿No sabes lo
que es? Creo que
no te han
explicado
demasiado sobre
lo que ha
ocurrido durante
los nueve años
que has
permanecido
dormido.
-Aquí no me han
facilitado mas
que unos pocos
periódicos
electrónicos,
que aún no sé
manejar con
habilidad.
Parece que todo
el mundo me
oculta algo. Así
que dímelo tú.
-¿Yo? No, no. Si
no te lo han
dicho será por
algo. Tal vez no
estés preparado
para el impacto.
O a lo mejor
dudan de que si
te lo cuentan se
te pudiera
ocurrir la idea
de suicidarte o
algo por el
estilo. Debe de
ser una
prescripción de
los psicólogos
que te atienden.
Cuando se pasa
por lo que tú
has pasado, el
Evo suele ser el
mejor lugar a
donde ir.
Groucho comenzó
a irritarse.
Todo el mundo lo
trataba como si
fuera un niño,
ocultándole la
verdad como si
no fuese capaz
de afrontarla.
Le vino a la
cabeza aquella
cita de
Poincaré,
<<También
sabemos qué
cruel es a
menudo la
verdad, y nos
preguntamos si
el engaño no es
más
consolador>>.
Pero él siempre
había deseado
saber, aunque
corriera el
riesgo de que lo
que se
encontrara no le
gustase.
-Rogelio, dime
que es el Evo.
-No creo que...
-No importa lo
que creas. O me
lo dices tú o ya
buscaré a
alguien que me
lo explique.
-Está bien. Que
conste que hablo
bajo presión,
luego no quiero
problemas con
tus psicólogos.
El Evo es el
sitio donde van
las personas que
mueren, una
especie de Más
Allá.
Groucho
entrecerró los
ojos asimilando
la información,
su cerebro aún
estaba
adormecido.
Estuvo a punto
de estallar en
una risa
nerviosa.
-Ya. Cómo broma
ya está bien.
-No, no. No es
ninguna broma.
Cuando morimos,
nuestra alma,
aunque el nombre
técnico no sea
ese, se traslada
a otra realidad.
No me preguntes
cómo, porque es
muy complicado.
Pero te puedo
decir que en las
películas que se
hicieron antes
de la Ley Evo
del 2009, se
representaba al
alma como una
especie de
energía. Y con
unos efectos
especiales muy
buenos, muy
caros y muy
inútiles a mi
entender esa
energía viajaba
hasta una nueva
dimensión, un
nuevo universo
donde las leyes
físicas son
distintas. Esta
parte de la
película sí que
me gusta, porque
ese nuevo
hábitat es como
un decorado de
un filme de
serie B de los
años cincuenta,
y ya sabes que
eso me
entusiasma. Es
como si te
hubieras tomado
un alucinógeno,
todo con mucho
colorido y mucha
luz. Sí, es como
aquellos dibujos
animados de la
década de los
cincuenta. Allí,
los animales
hablan, cantan,
todo el mundo es
feliz, te
diviertes
continuamente...
incluso, si te
caes y te
manchas, esa
suciedad es
limpia, si me
permites el
oxímoron. Es una
fusión de los
Chiripitiflaúticos,
Heidi y Mary
Poppins. Pero
bueno, ya se
sabe que los
realizadores de
este tipo de
cine se toman
muchas licencias
poéticas, no sé
si el Evo es
exactamente así.
Groucho tuvo un
fugaz recuerdo
de aquella
señora que
explicaba como
era el Cielo, en
el programa
Controversia
2000. Era
demasiado
extravagante
para ser cierto.
Una persona
equilibrada no
podía creerse
semejante
patraña. Estuvo
a punto de
reprender a
Rogelio por
engañarle de
manera tan
deliberada, pero
acabó por
encajarlo con
buen humor.
-Creo que estás
peor que yo,
Rogelio.
-No, te lo digo
en serio.
Recibimos un
mensaje
extraterrestre
de la nube de
Oort, donde se
nos explica todo
el tema del Evo.
Oortianos llaman
a las
inteligencias
alienígenas que
emitieron el
mensaje. Y...
–señaló la
pantalla de
televisión.
Estaban dando
las noticias de
las nueve de la
mañana y en
aquellos
momentos
retransmitían
una rueda de
prensa
multitudinaria.
-Peter Archer
-decía la
locutora-, uno
de los
radioastrónomos
implicados en la
decodificación
del Mensaje
extraterrestre,
se defendía esta
mañana en la
Sala de
Reuniones del
Instituto Omega
de California.
La cámara
enfocaba el
rostro de un
hombre enjuto y
corcovado, de
unos ochenta
años, que
esgrimía su dedo
índice a la par
que vociferaba
en inglés algo
que Groucho no
entendió.
Por fortuna, la
locutora lo
tradujo.
-Alegó que el
mundo tiene
derecho a saber
la verdad, y que
él no era
responsable de
las
consecuencias de
esa verdad.
La imagen cambió
y se mostró el
final de la
conferencia,
donde todo el
público se
levantaba y
prorrumpía en un
embolismático
rumor.
-Peter Archer
-continuó la
locutora-, más
conocido como
Peter el
Genocida, acabó
diciendo que
continuaría sus
experimentos
sobre el Evo
hasta
desentrañar
completamente
sus misterios.
-Ahí está uno de
los
descubridores
del Mensaje
-apuntó Rogelio.
Groucho deglutió
saliva. Aún no
podía pensar con
claridad, así
que no se
precipitó. En la
televisión no
habían dicho
nada del Cielo,
sólo hablaban
del Evo y de un
mensaje
extraterrestre.
Alcanzó a
tientas el
avisador y
apretó el botón.
El doctor
Castillo se
hallaba ante la
cama de Groucho,
detrás de él dos
enfermeros
tomaban notas.
Otro enfermero
se había llevado
a Rogelio a su
paseo matutino,
así que estaban
solos.
-Es cierto, le
hemos engañado
-admitió el
doctor Castillo.
-Aunque no es
exactamente un
engaño, usted no
preguntó nada
sobre el Evo y
por ello no le
dimos ninguna
información.
Tampoco creemos
que sea algo de
tal
trascendencia
cómo...
Groucho, sentado
en la cama, alzó
el brazo para
interrumpir al
doctor.
-Espere un
momento. ¿Me
está diciendo
que no es
trascendental un
mensaje
alienígena
oriundo de los
confines del
sistema solar,
revelando que
después de la
muerte nos
trasladamos a
una suerte de
maravilloso
cielo donde todo
el mundo es
feliz? Y quizás
no lo sea,
porque hay que
tener en cuenta
que no se ha
demostrado nada
todavía; pero lo
importante es
que me han
ocultado esa
información
porque sabían
que se me podía
pasar por la
cabeza la idea
de suicidarme.
En mi situación
no sería
descabellado,
¿verdad? No sé
si se percata,
pero me han
ocultado
información para
que sus
experimentos no
se fueran al
traste.
El doctor
Castillo
retrocedió ante
el ímpetu de
Groucho, desde
la última vez
que lo había
visto su mejoría
había sido
asombrosa.
-No, Groucho.
Hay muchos
descubrimientos
que han surgido
últimamente que
desconoce, ese
mensaje sólo es
la punta del
iceberg. ¿Por
qué deberíamos
contarle éste
antes que otro
cualquiera?
-Usted y yo lo
sabemos. Tal vez
yo quisiera irme
al Evo porque no
me gusta mi
nueva vida. No
importa si lo
hago o no, lo
que importa es
que no me han
dejado elegir.
-La Ley del Evo
del 2009 prohíbe
expresamente que
nadie se vaya al
Evo...
-Lo sé. Y
también sé que
ese mensaje se
ha llevado a
muchos humanos,
necesitaban a un
indigente
desvinculado de
todo para hacer
sus
experimentos.
Hay demasiado
dinero en juego
como para
perderlo todo
ahora, por eso
me han mantenido
vivo, ¿no?
El doctor
Castillo negó
con la cabeza,
visiblemente
irritado.
-Su recuperación
ha sido posible
gracias a una
enorme inversión
de medios, eso
es cierto. Pero
si todo funciona
bien, podríamos
acabar con
enfermedades
neurodegenerativas,
como el
Alzheimer, el
Parkinson, la
esclerosis
múltiple y la
esclerosis
lateral
amiotrófica.
Mensualmente,
ingresamos a
decenas de
personas con
traumatismos que
les han inducido
el coma; la
mayoría acabaron
con sus vidas
por culpa de ese
mensaje
alienígena.
Podríamos
revivir a toda
esa gente,
darles una
segunda
oportunidad.
Groucho bajó la
cabeza, confuso.
¿Era lícito
revivir a esos
suicidas que
deseaban ir al
Evo? Quizás no
actuaron con
total libertad,
sucumbieron a
los medios de
comunicación, a
la presión de
las personas que
les rodeaban...
pero ¿y si el
Evo existiera?
-Nosotros le
hemos mantenido
con vida durante
nueve años
-continuó el
doctor
Castillo-. Su
cerebro estaba
desconectado,
aunque su
corazón seguía
latiendo. Así
que todo lo que
antes de entrar
en el coma
funcionaba
gracias a su
cerebro, tuvimos
que hacerlo
artificialmente.
Respiración
asistida,
alimentación,
mantener el
nivel de
líquidos y
electrólitos,
regular la
temperatura...
Esa puya hirió a
Groucho.
-¡Era su
obligación! Y si
costaba
demasiado
mantenerme vivo,
haberme dejado
morir. No les
tengo porqué
estar
agradecidos por
nada, ustedes no
hacen todo esto
por mí, sino por
otros, tal vez
por las personas
que pagan todo
esto. Sé que
existe una gran
inversión de
capital privado,
a alguien le
debe interesar
mucho que se
aceleren las
investigaciones
sobre la
neuroplasticidad.
El rostro del
doctor Castillo
se demudó,
estupefacto.
-¿Cómo sabe...?
-Lo sé y basta-.
Groucho se
levantó de la
cama y se agarró
a su andador.
-¿A dónde va?
-Voy a donde
quiero ir
-replicó Groucho
con vehemencia,
dirigiéndose a
la puerta.
-¿Temen que me
escape? ¿Que me
suicide porque
el
descubrimiento
de una vida en
el Más Allá me
ha transtornado?
Deberán correr
ese riesgo,
porque si no
puedo salir de
esta habitación
ahora mismo, no
dude que en
cualquier
descuido me iré
al Evo, al cielo
o al maldito
infierno.
Y cerró la
puerta detrás de
él con un
estrépito.
Groucho
necesitaba
organizar sus
ideas a solas.
Estaban
ocurriendo
demasiadas cosas
a su alrededor.
Sentía una
mezcla ambigua
de confusión e
indignación,
todo le parecía
irreal. Tras el
descubrimiento
de un mensaje
extraterrestre,
tampoco podía
ocultar cierta
emoción; muchas
veces había
soñado con algo
así, sobretodo
cuando se tendía
sobre la arena
de la playa en
verano para
contemplar las
estrellas. No
estaban solos en
el universo.
Siempre que todo
no fuera un
montaje, cada
vez se fiaba
menos de la
gente.
Caminaba por el
pasillo con los
pies desnudos,
hasta llegar a
los ascensores
que bajaban
hasta el
vestíbulo. Sus
pies se estaban
insensibilizando
al contacto con
el frío piso,
que poseía un
revestimiento
vinílico. Tuvo
que esquivar
todo tipo de
obstáculos;
carritos con la
cena, sillas de
ruedas
aparcadas,
máquinas de
arcanas
funciones, y
cedió el paso a
un camillero que
pasó fugazmente.
No soportaba el
ambiente
opresivo del
hospital, ni su
olor; le
despertaba algún
miedo atávico.
El sistema de
altavoces cobró
vida: Doctor
Cruz, doctor
Cruz, acuda a
traumatología.
Bajó por el
ascensor hasta
la planta baja y
recorrió el
vestíbulo
principal.
Cuando pasó por
la sala de
descanso se
percató de que
se encontraba
vacía. Se apoyó
en la pared, que
brillaba gracias
a una capa de
pintura lacada,
para descansar;
aún le era
difícil avanzar
con ese andador
tan tosco. Tras
recobrar el
aliento,
continuó su
camino hasta los
jardines del
hospital.
En el exterior
hacía frío. Las
nubes habían
oscurecido el
sol y en el
horizonte se
podían divisar
las primeras
luces de la
ciudad. De
pronto, Groucho
experimentó una
intensa
melancolía.
Pero, a pesar de
todo, decidió
continuar en el
hospital. Por el
momento prefería
dejarse llevar,
hasta que se le
ocurriese qué
hacer.
Groucho entró en
su habitación
con la cabeza
gacha y se
dirigió a su
cama. Rogelio ya
había vuelto de
sus ejercicios
de la tarde y
estaba viendo
una película en
blanco y negro
en la
televisión.
-Arn me ha
contado lo que
ha sucedido
-dijo,
levantándose
para apagar el
televisor-. Y es
una putada.
¿Cómo estás?
Groucho se sentó
en su cama.
-Pues creo que
la respuesta la
das tú cada
mañana
-contestó,
rememorando la
primera palabra
con la que abría
el día Rogelio,
cuando algún
enfermero le
hacía esa misma
pregunta.
-¡Fatal!
-completó
Rogelio.
Los dos se
rieron. Y ese
acto,
aparentemente
inocuo, sirvió
para descargar
la tensión
acumulada.
Groucho se
sintió mucho
mejor.
-Parece como si
fuera un niño al
que le desvelan
que los Reyes
Magos no
existen. ¿Por
qué nos mienten
tanto a lo largo
de nuestra vida?
Rogelio suspiró.
-Los chupatintas
y los comecocos
creen que es
mejor para
nosotros que
vivamos entre
algodones.
-Tamborileó con
sus dedos sobre
el televisor.
-¿Por qué crees
que existe esto?
-Ya. Como decía
mi tocayo, <<la
tele es muy
instructiva.
Cada vez que
alguien la
enciende, voy a
la biblioteca y
leo un buen
libro>>.
Se rieron de
nuevo.
Hubo una pausa
reflexiva.
Groucho fue el
primero en
continuar.
-Escucha, me
parece
fascinante todo
el asunto del
mensaje
alienígena.
Siempre había
soñado con algo
así. ¿Cuándo se
recibió?
Rogelio había
revisado más de
un guión
cinematográfico
y estaba
empapado en el
tema.
Igualmente, era
imposible no
conocer algo
sobre el
Mensaje; todos
los medios de
comunicación
habían difundido
tal cantidad de
información, que
hasta la última
persona de la
Tierra era capaz
de contar algo
sobre la
existencia del
Evo y de los
oortianos.
-Fue una noche
del 2005. A
parecer, el
Mensaje fue
enviado en
multitud de
frecuencias y no
sólo lo
detectaron
radioastrónomos
de medio mundo,
sino que además
algunos
programas de
televisión y de
radio fueron
interferidos por
esas radioondas.
Así que
enseguida salió
a la luz
pública.
-Vaya -exclamó
Groucho-. Me
hubiera gustado
verlo, debió de
ser apasionante.
-Lo fue, lo fue.
Todo el mundo
comenzó a hablar
del tema como si
no hubiera otra
cosa en la que
pensar.
-Pero, ¿qué día
fue?
Rogelio se frotó
el puente de la
nariz con el
dedo.
-Mmm... el siete
de noviembre del
2005. A las doce
y media de la
noche, más o
menos.
Groucho abrió
los ojos
desmesuradamente,
sorprendido.
-Esa noche fue
en la que nos
atacaron a
Simplicio y a
mí.
-¿El siete de
noviembre?
-Sí, la
madrugada del
siete de
noviembre. Mi
amigo Simplicio
y yo estábamos
viendo un
programa de
debate,
Controversia
2000.
Rogelio no pudo
creer lo que
escuchaba.
-¿Controversia
2000? Por la
madre de Rock
Hudson, ese fue
uno de los
programas que
fueron
interferidos por
el Mensaje.
-Pues yo no vi
nada. Parece una
broma, pero creo
que acierto al
pensar que
mientras nos
daban una paliza
mortal, se
estaba
recibiendo un
mensaje
extraterrestre.
-Parece el
argumento de una
película. Yo no
suelo ver la
basura infecta
que dan por la
televisión,
salvo algún film
en blanco y
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