Ocultando el sol con la cabeza de un alfiler

Diario de Sergio Parra

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#17 ‘Dulces sueños’, de Daniel C. Dennett

Posted by Sergio Parra Castillo on Agosto 20th, 2008

Otro libro de mi filósofo de cabecera. El último que me quedaba para completar su bibliografía. El subtítulo de Dulces sueños es “Obstáculos filosóficos para una ciencia de la conciencia” y de eso trata exactamente el libro: de los horizontes y sus límites que se plantean desde el punto de vista de la ciencia cognitiva para explicar qué es la conciencia.

Dulces sueños no deja de ser un aumento y corrección mediante la recopilación de diversas conferencias y artículos del autor de una obra interior: La conciencia explicada, de 1991. De modo que su lectura queda un poco coja si antes no se ha leído la obra principal, mucho más interesante y jugosa.

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#16 ‘Chesil Beach’, de Ian McEwan

Posted by Sergio Parra Castillo on Agosto 20th, 2008

Última novela del autor de Expiación, Ian McEwan. Es una historia bien corta que, en esencia, cuenta con minuciosidad la primera relación sexual de una pareja en su noche de bodas. Podríamos decir que el cincuenta por ciento del libro es la descripción minuciosa y repugnante de un beso, de una caricia, de un coito desde sus inicios hasta su fatídico final.

 

Emprendí esta lectura con ciertas expectativas, no en vano la popularidad de McEwan está subiendo como la espuma (sobre todo entre los gafapasta). Y aún reconociéndole un tratamiento formal minucioso y evocador, Chesil Beach me ha dejado un poco frío. No deja de ser una pequeña anécdota alargada. Aunque la lectura de las últimas 20 páginas valen su peso en oro y han provocado que no me arrepienta de probar a McEwan. ¿Volveré a probarlo? Si así sucede, será dentro de un buen plazo de tiempo. 

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#15 ‘El arte de viajar’, de Alain de Botton

Posted by Sergio Parra Castillo on Agosto 17th, 2008

(Publicado originalmente en PeB

Viajar se ha convertido en una de las actividades más placenteras (o al menos, más ubicuas) de las sociedades pudientes. Y como cualquier otra actividad ligada íntimamente a la capacidad económica (con sus ofertas, con sus desplazamientos en manada, con sus colecciones de postales y fotografías con las que luego mortificar a familiares y allegados, con sus créditos para financiarse una semanita en una playa paradisíaca), uno termina desarrollándola con voracidad, sin preguntarse para qué sirve lo que está haciendo o si realmente ello le hace feliz. El arte de viajar, de Alain de Botton, si bien no responde del todo a estas preguntas, sí que pertrecha convenientemente al lector con las herramientas para empezar a viajar de otra manera, de una manera más satisfactoria e inteligente.

Alain de Botton (Suiza, 1969) es filósofo, aunque de los cercanos y divulgativos, nada pedantes, pero sí enciclopédicos, sobre todo cuando se pone a hacer referencias literarias: enseguida te entran unas ganas locas por leer todo lo que recomienda. Botton es ya autor de diversas obras que han acercado la filosofía al gran público desde prismas totalmente nuevos, como Las consolaciones de la filosofía, Cómo cambiar tu vida con Proust o Ansiedad por el estatus. Algunos de ellos, incluso, han tenido adaptaciones para la pequeña pantalla en forma de documentales, todos ellos altamente recomendables.

(Suiza, 1969) es filósofo, aunque de los cercanos y divulgativos, nada pedantes, pero sí enciclopédicos, sobre todo cuando se pone a hacer referencias literarias: enseguida te entran unas ganas locas por leer todo lo que recomienda. es ya autor de diversas obras que han acercado la filosofía al gran público desde prismas totalmente nuevos, como , o . Algunos de ellos, incluso, han tenido adaptaciones para la pequeña pantalla en forma de documentales, todos ellos altamente recomendables.Así que, a la luz filosófica de Alain de Botton, viajar precisa de un adiestramiento propio del que pretende embarcarse en cualquier otra actividad artística o intelectual. Porque viajar puede ser algo muy serio y trascendente, y no una mera huida de la rutina diaria donde apenas importa el destino siempre que éste sea lejano. Para ello, Botton recomienda, en primer lugar, prescindir de las guías de viajes sobre los lugares que vamos a visitar. A su modo de ver, las guías de viaje nos impiden que nuestra curiosidad, la verdadera brújula que debe encaminar nuestros pasos, aflore y enriquezca la experiencia con encuentros fortuitos. Porque, aunque parezca increíble para muchos, la Torre Eiffel no tiene por qué ser lo que un turista de París necesite visitar para regresar a casa satisfecho. La mayoría de viajes guiados por los lugares comunes suelen defraudar al viajero. El verdadero viaje debe alimentarse previamente con lecturas y experiencias personales.

Para ratificar su teoría principal, Botton divide cada capítulo de El arte de viajar en dos partes: por un lado se narra un viaje del autor, y por el otro se invoca a un escritor o un artista célebre para señalar algunos aspectos sobre la actitud que debe tomar un viajero. Así, además de las lúcidas descripciones y reflexiones de Botton en torno a los aeropuertos, las alfombras exóticas, los romances o los minibares de hotel, encontraremos apuntes de Baudelaire y Flaubert y su vindicación del movimiento geográfico; de William Wordsworth y su aprecio por la naturaleza; o de Edgard Hopper y Van Gogh y su afición por ilustrar sus viajes. Este último punto es relevante en la tesis de Botton: la necesidad de plasmar con dibujos lo percibido en el viaje (o escribirlo en un diario) debería suplir la obsesión por tomar montañas de fotografías en las que uno aparece siempre posando en los lugares típicos (fotografías que son como postales que pueden ser adquiridas o descargadas de Internet sin efectuar realmente el viaje). Sin embargo, una forma mucho más poderosa de capturar la belleza y la extrañeza de lo que vemos es dibujarlo en un cuaderno, o escribirlo, lo cual también añade un plus de exclusividad con la que ninguna postal puede rivalizar.

Un impulso dominante al encontrar la belleza es el deseo de aferrarse a ella: poseerla y darle relevancia en nuestras vidas. La necesidad de decir “he estado aquí, lo he visto y me ha importado”. Mas la belleza es fugitiva, la hallamos con frecuencia en lugares a los que puede que jamás regresemos, o bien es el resultado de una insólita conjunción de la época, la luz y las condiciones meteorológicas. ¿Cómo arrreglárselas pues para poseerla, cómo aferrarse al tren flotante, a los ladrillos con aspecto de torta dulce o al valle inglés?

En definitiva, un libro imprescindible para amantes de los viajes, muy bien documentado aunque nada denso, de uno de los filósofos más mediáticos del momento. Un libro que, incluso, abogará por reconocer con nuevos ojos los lugares que nos rodean, tal y como hizo Xavier de Maistre en 1790, que acabó emprendiendo un viaje por su propia habitación, titulando la crónica de lo que allí había visto de este modo: Viaje alrededor de mi cuarto.

Editorial Santillana
Colección Taurus Pensamiento, 2002
246 páginas

(Reto de leer 50 libros en un año)

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#14 ‘El ángel negro’, John Connolly

Posted by Sergio Parra Castillo on Agosto 9th, 2008

Ha caído otro volúmen de las aventuras del detective Charlie Bird Parker. Craso error. Dicen que El ángel negro es la peor novela de la saga. Y me lo creo. Demasiado ocultismo, demasiada sobrenaturalidad. Y encima todo sucede en Maine. Es decir, una especie de Stephen King, pero tedioso, muy tedioso y anticlimático. Una pena.

La cosa es tal que así: una prostituta llamada Alice desaparece en un sórdido barrio neoyorquino; una colección de misteriosas cajas de plata de origen medieval, dispersas por el mundo, guarda en cada ejemplar un fragmento de un extraño mapa; una subasta de objetos arcanos suscita una gran expectación en Boston; en Francia y la República Checa se profanan varias iglesias…
El detective Charlie Parker debe enfrentarse, además, a un conflicto de lealtades. Por un lado, su amigo Louis, ex asesino a sueldo, necesita ayuda en la violenta búsqueda de su prima, la prostituta desaparecida en Nueva York; por otro lado, su mujer, Rachel, ya no resiste la tensión del peligro ni la continua amenaza que implica la convivencia con él. Y esta vez el peligro es mayor que nunca, porque Charlie se encara a seres dudosamente humanos, seres arraigados en un pasado remoto, la encarnación misma del mal: el ángel negro.

Tusquets 2007
464 Páginas.

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#13 ‘Putas es poco’, de Hernán Migoya

Posted by Sergio Parra Castillo on Agosto 6th, 2008

(Publicado originalmente en PeB

Dicen que esta clase de libros son peligrosos, nocivos para la sociedad bienpensante. Y sin duda, Putas es poco es un libro con contenido de alto voltaje, pero también de alto octanaje: el asunto que trata es peliagudo pero lo hace con maestría y honestidad. Putas es poco es la segunda parte de Todas putas, volumen que fue censurado en numerosas librerías, siendo acusado de misógino, machista y apologeta de la violación. Putas es poco no ha disminuido ni un punto el alto voltaje de la primera parte, pero tampoco el octanaje.
Porque ¿la ficción debe evangelizar? ¿El arte debe de plegarse a las exigencias morales de la sociedad en el que se manifiesta? ¿Dónde, pues, trazar la línea? ¿Quién le pone el cascabel al gato? ¿Quién decide si es más peligroso o irrespetuoso Todas putas que un pase de modelos de alta costura? Dicen que si no molestas a nadie, es que no has dicho nada. ¿Es más peligroso que de la lectura de Putas es poco nazca un violador o un machista (si es que eso es posible) o que de la lectura del último bestseller borderline nazcan mil idiotas? ¿Para cuándo una encuesta para decidir de una vez por todas sobre qué se puede o no se puede escribir para evitar que unas cosas se condenen caprichosamente y otras pasen inadvertidas? ¿El resultado de la encuesta sería que hay que censurarlo absolutamente todo?
Debates acerbos aparte, Putas es poco, de Hernán Migoya (1971, Ponferrada), es una antología de cuentos excepcional, en la que se mezcla una prosa estilizada y precisa (impresionante el despliegue narrativo que muestra el autor en una atroz secuencia de violencia de género) con puntuales expresiones vulgares o llanas palabrotas de la calle que (seré simple) en ocasiones me provocaban la pura carcajada. Mi cuento favorito, sin duda, es Seguro que lo tengo, donde Migoya es capaz de retratar una imagen desopilante y también terrorífica sobre la posibilidad de contraer el sida a causa de las servidumbres del deseo sexual.
Sí, sida y risa, violencia de género (con un giro final del cuento), apología de la violación (¿también era apología del asesinato el clásico de Thomas de Quincey?). Migoya no déjara títere con cabeza, ni siquiera él se salva de la quema: en este volumen descubriremos la segunda parte del controvertido cuento El violador, aparecido en Todas putas, donde descubriremos la campaña de acoso y derribo a la que fue sometida el autor, en una especie de cuento autobiográfico, donde finalmente admitirá que sí, que todos tenían razón, que debería ser censurado y hasta encarcelado, porque es un maldito violador.

Su libro recién publicado incluía un cuento titulado El violador en el que, adoptando un hipotético punto de vista de un susodicho, el narrador se explayaba sobre las ventajas sexuales y afectivas que procuraba el uso de la violación por encima del resto de las relaciones sentimentales socialmente aceptadas y loaba los supuestos beneficios físicos, anímicos y psicológicos que conlleva forzar mujeres, así como el ahorro de tiempo que implica el no enredarse en el farragoso proceso de cortejo, conquista y apareo de la hembra humana. Todo desde un punto de vista explícitamente satírico, faltaría más. O eso creía el autor.

   -Pero… ¿por qué? ¿No se dan cuenta de que es humor?

   -Pues no les está haciendo ni puta gracia. Ni la más repajolera. Hoy día esos temas sólo provocan animadversión. Ahora mismo están todos a voz en grito para que prohíban el libro.

   -Pero… pero… es ficción. ¡No pueden hacer eso!

   Por si fuera poco, su editora, a la que había entusiasmado el relato en su momento, acababa de ser nombrada directora del Instituto de la Mujer. El escritor siempre había pensado que se trataba de un cargo anecdótico e insignificante dentro de la inevitable sección feminista –poseedora en todas sus encarnaciones de un esprit de corps que ni la Legión- del Ayuntamiento de su ciudad, pero nada de eso.

La diferencia entre los moralistas (sean del signo que sean) y los bufones, estriba en que estos últimos tampoco se salvan de su propio sarcasmo. Y Migoya es un bufón que dice lo que mucha gente piensa y que la mordaza de la corrección política no permite expresar (y esperemos siga su línea satírica cuando en breve se estrene como director de cine). En consecuencia, Migoya lo hace empezando por él mismo: en la portada del libro aparece una Pin-up posando como en un foto de los años cincuenta, que resulta ser el propio Hernán Migoya trasvestido. ¿No es genial?
Obviamente, esta obra está dirigida a quienes consideran la serie South Park como el epítome de la lucidez, la libertad de expresión y la crítica corrosiva quintaesenciada en 20 minutos de dibujos animados esquemáticos con propensión a la coprolalia. Intelectuales apolillados, abstenerse.


 Ediciones Martínez Roca
Colección Heterodoxia
284 páginas

(Reto de leer 50 libros en un año)

 

 

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#12 ‘Las ovejas de Glennkill’, de Leonie Swann

Posted by Sergio Parra Castillo on Agosto 5th, 2008

(Publicado originalmente en PeB)

Hay novelas cuyo planteamiento, por sí mismo, ya resulta lo suficientemente atractivo como para captar nuestra atención. Las ovejas de Glennkill forma parte de esta clase de libros.

Imaginad lo siguiente: en la pintoresca aldea de Glennkill, un aparente locus amoenus de la Irlanda rural, se comete un horrible asesinato. El pastor George Glenn ha aparecido en mitad de la pradera con una pala atravesándole el pecho. No existen pistas, no existen sospechosos, no existen testigos. Pero se da la circunstancia de que aquel pastor tenía la costumbre de leerle libros en voz alta a su rebaño de ovejas: cuentos de hadas, novelas románticas, tratados de enfermedades del ganado lanar y, sobre todo, novelas policíacas. De modo que aquellos rumiantes sobreinformados acuerdan dedicar todo su tiempo libre (que es mucho) y toda su sabiduría ovina (que es estrafalaria) a investigar la muerte de su pastor usando la mejor de sus armas: la simple observación de los enigmáticos comportamientos de los seres humanos que pueblan Glennkill.

Una trama sin duda surrealista, pero que en manos de la autora, Leonie Swann, acaba siendo tremendamente divertida, ingeniosa y adulta, filosóficamente profunda.

Leonie Swann (1975, Munich) se ha estrenado en el panorama literario con esta extraña novela que ha suscitado un inesperado interés en Alemania, donde fue el quinto libro más vendido durante el año 2006, y posteriormente ha desembarcado con éxito a nivel internacional, traduciéndose en quince idiomas. Y es que Las ovejas de Glennkill lo merece: pese a ser una historia de misterio protagonizada por ovejas en vez del arquetípico detective privado, el lector acaba identificándose con el peculiar pensamiento de los animales, sintiéndose de pronto en una revisitación con ribetes de humor británico de Rebelión en la granja.

Ya en el comienzo, podemos asistir al curioso Dramatis personae (aquí, Dramatis oves), descubriendo las primeras pinceladas de personajes como Miss Maple, la más lista del rebaño, Mopple The Whale, provisto de una memoria prodigiosa, o Sir Ritchfield, que le falla el oído, le falla la memoria, pero al menos tiene una excelente visión. Pero, pese a las apariencias, no encontraremos aquí personajes de mentalidad antropomórfica, como los protagonistas de Rebelión en la granja, sino ovejas de verdad, con mentalidad de oveja, incapaces de hablar el idioma de los humanos, con las limitaciones propias del mundo de las ovejas. Ésta, quizá, sea la mayor baza de la historia: la candidez, la ingenuidad de las ovejas, su estupidez de oveja, en suma; ovejas que recuerdan a antihéroes como el inspector Closeau o Colombo, que, aunque parece que nunca concluirán con éxito sus erráticas investigaciones, al final, con una carambola, salen siempre airosos.

Las mentes de las ovejas protagonistas, además de ser esquemáticas y estólidas (el acto de pastar, por ejemplo, es la mejor forma que tienen de templar gaitas) también nos muestran el mundo a través de un prisma de metáforas y símiles intrínsecamente “ovejil”: las nubes, por decir una, son como ovejas sin trasquilar.

 

Sir Ritchfield decidió contar ovejas, un procedimiento fastidioso: sólo sabía contar hasta diez, y no siempre, así que las ovejas tenían que formar pequeños grupos. Surgieron desaveniencias porque algunas ovejas afirmaron que no se las había contado, mientras que Ritchfield sostenía que ya lo había hecho. Todas las ovejas temían ser pasadas por alto en el recuento y que, en tal caso, pudieran desaparecer. Algunas intentaron introducirse a hurtadillas en otros grupos para ser contadas dos veces, por si las moscas. Ritchfield balaba y bufaba, y al final llegaron a la conclusión de que, en total, había treinta y cuatro ovejas en la pradera.
Se miraron desconcertadas: sólo entonces repararon en que no sabían cuántas ovejas debía haber en la pradera. Aquella cifra que tan laboriosamente habían calculado carecía de valor para ellas.

 

La radiografía de las ovejas sobre el mundo humano, pues, es el motor que acaba despertando el verdadero interés del lector, no tanto la resolución del caso (que, además, esconde alguna que otra sorpresa). Una radiografía made in Forrest Gump: sus análisis simplificados y ensimismados arrancan detalles más lúcidos de los que cabría esperar. La mirada limpia e inocente que acaba evidenciando que Glennkill acaso no era la aldea idílica que parecía en un principio, y que los humanos esconden muchas más mezquindades de lo que aparentan. Una mirada tan entrañable que la autora jamás acaba tropezando en el moralismo. Una novela, en resumidas cuentas, deliciosa como un la hierba fresca.

Ediciones Salamandra, 2007
Colección Narrativa
320 páginas

(Reto de leer 50 libros en un año)

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#11 ‘El poder de las tinieblas’, de John Connolly

Posted by Sergio Parra Castillo on Julio 28th, 2008

(Publicado originalmente en PeB)

Dos hechos aparentemente inconexos (un sangriento tiroteo durante el cobro de un rescate y el suicidio de un anciana en un bosque) acaban introduciendo al protagonista de El poder de las tinieblas, Charlie Bird Parker, ex policía convertido en detective privado, en el submundo de la mafia italiana, en el siniestro pasado de los bosques de Maine y, sobre todo, en la vida casi fantasmal de un villano cuyo nombre causa escalofríos: Caleb Kyle. John Connolly (1968, Dublín) se dio a conocer en el panorama literario con la inteligente, elegante y culta Todo lo que muere, que fue galardonada con el Shamus Award a la mejor primera novela. La que nos ocupa es la segunda entrega de la serie de novelas protagonizada por el detective negro Charlie Parker, aunque su lectura puede ser independiente de la anterior. 

El poder de las tinieblas está narrada en primera persona, desde el punto de vistta de Charlie Parker, así que está escrita en el tono duro, florido y sarcástico que epitomiza al detective arquetípico de los años cincuenta o sesenta (aunque la acción trascurra en la actualidad). Las metáforas y símiles empleados en la novela, pues, corresponden en gran parte a la idiosincrasia y la mundología de un personaje acostumbrado a tratar con los bajos fondos. Por ejemplo: 

Por su organismo corría tal cantidad de adrenalina que a su lado las hormigas parecían tranquilas. 

La única manera de que Billy Purdue sacase dinero de un cajero automático era arrancándolo de la pared con un bulldozer. Walter olía de tal modo a poli que podrían haberle puesto su nombre a un perfume. 

Esta limitación estilística, sin embargo, no es impedimento para que Connolly despliegue un pulso narrativo sobresaliente; exceptuando pequeñas digresiones pretendidamente profundas que se quedan en tópicos grandilocuentes, del tipo “todos escondemos una parte oscura” y demás. Pero, afortunadamente, estos traspiés son los menos. Siguiendo con las objeciones, quizás el autor abusa de las escenas ñoñas o melodramáticas, de los sueños y las evocaciones hollywoodienses de su mujer y su hija muertas, con cierto tufo neogótico (lo de recurrir a las voces de los muertos en mitad de un sueño para guiar los pasos del protagonista en sus pesquisas está muy trillado). Pero son momentos que apenas empañan la frescura que desprenden casi todas las páginas, desde unos diálogos que envidiaría Quentin Tarantino hasta unas excelentes descripciones de personajes y ambientes. 

Porque, por encima de estos altibajos, El poder de las tinieblas es una lectura inolvidable, adictiva, con mucho ritmo, con unas imágenes de veras truculentas y unos villanos interesantes a la vez que terroríficos. Una historia que sigue la clásica estructura de la novela negra, pero que ofrece una visión renovadora y aguda sobre los entresijos psicológicos que mueven a las personas. Un bestseller en el sentido de que puede atraer a muchas clases de lectores, pero no en el de haber sido escrito con escuadra y cartabón. Y un protagonista, el viejo y atormentado Charlie Parker, que es un ejemplo fascinante de dudas, contradicciones, cobardía, violencia y pasión. Como curiosidad, recalcar la enciclopédica documentación de John Connolly para plasmar El poder de las tinieblas: la historia está ambientada en Portland, sobre todo en los inabarcables bosques de Maine, y Connolly tiene especial fijación por enumerar las calles por las que transita nuestro protagonista, los locales, las tiendas, los restaurantes, e incluso aprovecha cualquier tiempo muerto para desgranarnos la geografía, la vida animal y vegetal, la historia pretérita de lo que vemos. Lo cual acaba convirtiendo la novela, además, en una pequeña guía de viajes de Portland. 

Con todo, a El poder de las tinieblas quizá le sobrarían cien páginas para ser completamente redonda, pues finalmente se echa en falta más protagonismo del pluscuamperfecto villano, Caleb Kyle, y menos cantidad de personajes y situaciones que poco aportan a la trama y que pueden llegar a marear al lector ocasional.  Tusquets Editores
Colección Andanzas
408 páginas 
(Reto de leer 50 libros en un año)

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Nominado a los premios Ignotus 2008

Posted by Sergio Parra Castillo on Julio 27th, 2008

Otro año más estamos nominados a los Premios Ignotus, en esta ocasión en la categoría de cuento (el año pasado fue en la categoría de novela con Jitanjáfora).

La AEFCFT es la encargada de otorgar los Premios Ignotus o Premios de la Asociación Española de Fantasía y Ciencia Ficción. Estos galardones nacionales recompensan, sobre todo, la labor de los autores españoles en diversas categorías según los criterios de los socios. Podrán participar en la segunda fase todos los socios de la AEFCFT, entidades colaboradoras, y aficionados en general inscritos en la XXVI HispaCon/IndalCon 2008, que se celebrará este año los días 25, 26, 27 y 28 de septiembre en Almería.

Así pues, quedamos en manos del criterio único y exclusivo de los lectores. Estos son los nominados (hace ilusión compartir podio con Vila-Matas):

Aduya, de Sergio Parra (Andrómeda)
El día señalado, de Enrique Vila-Matas (Anagrama)
En la granja de órganos, de Julián Díez (Vórtice en Línea)
La apertura Slagar, de Santiago Eximeno y Alfredo Álamo (NGC 3660)
Procedimiento de rutina, de Ramón San Miguel (Sitio de Ciencia Ficción)

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#10 ‘El pensamiento negativo’, de Risto Mejide

Posted by Sergio Parra Castillo on Julio 27th, 2008

Teníamos ganas de hincarle el diente al primer libro de Risto Mejide. No sólo porque Risto Mejide ha demostrado gran habilidad a la hora de crearse un personaje y que un programa de televisión orbite alrededor de su corta intervención, sino, sobre todo, porque Risto Mejide es un tipo avispado, cuyas columnas en ADN y sus reflexiones en su blog demuestran sobradamente que lo suyo no sólo es impostura.

Como ya apuntó el maestro, hoy día, cuando dices algo, molestas a alguien. O dicho de otro modo, si cuando hablas nadie se molesta, eso es que no has dicho absolutamente nada.

Risto Mejide es un provocador. Y su libro es un compendio de vivencias, reflexiones personales y creencias en esta proporción: 25% de referencias a Operación Triunfo, 40% de relatos personales (relaciones sentimentales, gatillazos), 20% con listados de intenciones (’Cosas que hecho’ ‘Cosas pendientes’ etc.), 15% de reflexiones bastante lúcidas, aunque no profundiza en ninguna de ellas.

Y es que esta última es la mayor virtud y el mayor defecto de El pensamiento negativo: todo es ligero, superficial, ya oído o sabido, aunque presentado con muchos juegos sintácticos, un poco de lírica adolescente y, para darle un toque original, el número de las páginas va decreciendo en vez de creciendo a medida que las lees, como una cuenta atrás.

Me quedo con esto:

A mí que me perdonen, pero yo no pienso interactuar con según quién. No me interesa lo más mínimo. Como alguien dijo, yo con usted jamás intercambiaré ideas, porque saldría perdiendo.

(Reto de leer 50 libros en un año)

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#9 ‘Los trenes del verano’, de José María Merino

Posted by Sergio Parra Castillo on Julio 21st, 2008

Los trenes del verano es una novela juvenil, aunque, como reza la frase de presentación de la colección a la que pertenece, está dirigida a lectores “de ocho a ochenta y ocho años”. Y es que José María Merino (La Coruña, 1941) es un peso pesado de las letras (Premio de la Crítica 1986) que ofrece siempre, tanto en sus obras para adultos como para jóvenes, múltiples niveles de lectura.El que nos ocupa trata de tres amigos que, tras aprobar todos sus exámenes y ahorrar dinero en trabajos esporádicos, emprenden un viaje en interraíl, cargados con mochilas y tienda de campaña, para recorrer diversas ciudades europeas. Sin embargo, sus ansias de aventura se verán desbordadas cuando deban enfrentarse a un fenómeno extraño que detendrá el tren en mitad de Francia. Y ya no podemos desvelar más. Pues el mayor aliciente del libro es precisamente el misterio que se mantiene hasta la última página.

Y es que, como toda novela juvenil que se marque el objetivo de secuestrar la atención de una generación audiovisual, aficionada al zapping y al ADSL, Los trenes del verano emplea toda clase de ardides para convertir el soporte en el que está impreso (un libro, vade retro) en algo más. En un artefacto. La primera estrategia consiste en escribir en la portada, bien grande, con letras mayúsculas, “Esto no es un libro”. Donde debería ir el título de la novela sólo aparece este mensaje. Y el nombre del autor, además, está escrito al revés, como leído en el reflejo de un espejo (la razón de este hecho tiene que ver con el misterio que propone la novela). Y la sinopsis que aparece en la contraportada está truncada por la misma frase repetida una y otra vez: nosoyunlibronosoyunlibro…

Por si todo esto fuese poco, cada cierto número de páginas, en medio de la narración, encontramos mensajes que te suplican que continúes con la lectura, que ni se te ocurra dejarla a medias, pues no sólo tu vida depende de ello sino también la supervivencia de la propia realidad. Sólo si lees, te salvarás. Y todo ello escrito con diferentes fuentes de letras, con cambios de tamaño y con otros juegos que recuerdan a los caligramas de, por ejemplo, El poema de la rosa als llavis (El poema de la rosa en los labios), de Joan Salvat-Papasseit. Sin duda, el mensaje es agresivo, recuerda a esos anuncios sobreimpresionados que aparecen en la televisión tratando de mantener tu fidelidad: en breves instantes contaremos con la presencial de tal; a las 22:00, pascual.

Sin embargo, a pesar de estos continuos trucos para superar el déficit de atención que padecen sus potenciales lectores, la estrategia no se antoja artificiosa. Todo acaba siendo justificado gracias a la trama de ciencia ficción que José María Merino nos propone, en la que resuenan ecos de La historia interminable, de Michael Ende.

En definitiva, una historia correcta, con sus necesarios giros de tuerca, con una prosa musical que puede hacer disfrutar a lectores de cualquier edad y, sobre todo, con una ingeniosa apología sobre la importancia de la lectura que acaba sirviendo también como juego metaliterario que atraerá incluso a los menos aficionados a los libros. Como dice uno de los personajes:

 

Muchos de ustedes piensan que leer una novela es un puro entretenimiento, o algo superfluo. Yo no estoy de acuerdo, y creo que precisamente en las novelas se encuentran conocimientos que no es posible hallar en ningún otro sitio. Pero en este caso les prometo que leer es la única vía para resolver la terrible situación en que nos hallamos. Les aseguro que es decisivo que se lean estos libros con el mayor interés, pasándolos de mano en mano una vez acabados. Cuando lo hagan, ustedes mismos se darán cuenta de que es lo único que nos puede ayudar.

 

Editorial Siruela, 1992
Colección Colección Escolar. 2.
212 páginas

(Publicado originalmente en PeB)

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