Presentación de “La moleskine”
Posted by Sergio Parra Castillo on 23rd Diciembre 2006
El pasado lunes 19 tuvo lugar la presentación de la última novela de Sergio Parra (el que suscribe), La moleskine, en Toledo (12:00 h.) y Guadalajara (17:00 h.). Aunque, más que una presentación, los actos consistieron en reuniones en petit comité con los medios de comunicación.
Antes de entrar al trapo, quisiera agradecer el exquisito trato que Club Siglo Futuro tuvo conmigo, en especial a su director, Juan Garrido, que fue un excelente anfitrión en todo momento.
El tour de force dio comienzo a las nueve de la mañana en Guadalajara, donde Juan Garrido pasó a recogerme en coche al hotel donde me hospedaba. Durante el trayecto hacia Toledo viajamos solos, pues Valentín García Yebra, el matusalénico miembro de la Real Academia Española, no pudo acompañarnos debido a una indisposición. Fue, de todas formas, un entretenido viaje en el que descubrí que mi anfitrión estaba bregado en mil enjundiosas batallitas.
Ya en Toledo (preciosa ciudad, por cierto), nos dirigimos al Palacio Bezancón, donde volví a estrechar la mano del finalista del premio, José Ramón Navarro, gracias a su original y fresca El síndrome del niño-galgo.
A partir de entonces, todo empezó a desarrollarse con el tempo frenético de un screwball hawksiano. De pronto me vi inmerso en una avalancha de flashes, micrófonos, grabadoras y alguna que otra cámara de televisión. Presentamos la novela en una sala de actos de aire medieval ante la atenta mirada de los reporteros que, bolígrafo en ristre, tomaban nota de todo lo relevante.
Cuando me tocó el turno de hablar, lo hice con movimientos adamados y seriedad funérea (más que nada para enmascarar el cangueli), desgranando la filosofía de aquella relación epistolar entre dos chicas casi antagónicas, como si se tratase del culmen de la trascendencia. Hablé en un tono carente de mordiente (raro en mí), así que no fue hasta que llegaron las entrevistas posteriores, más íntimas y privadas, que me vi capaz de cometer alguna que otra trasgresión que espero que tengan el valor de publicar.
Acto seguido, sin pausa, acordé futuras entrevistas, atendí a llamadas telefónicas de la Cadena Cope, Onda Cero y la Cadena Ser, ya fuera para salir en antena en aquel mismo instante o para grabar la conversación para algún programa futuro. Sonrisas, apretones de manos, agradecimientos a tutiplén… la gripe y el agotamiento ya me estaba doblando como una torre de Pisa humana.
Sinceramente, no me esperaba semejante repercusión.
Sin tiempo para respirar, acudimos a una cafetería próxima que tenía aire de mezquita cordobesa, donde mantuvimos una protocolaria conversación diversos organizadores del evento y un servidor; y, sin terminar la taza de café, marchamos raudos y veloces a Guadalajara. Allí nos esperaban miembros del Club Siglo Futuro para comer en el mejor restaurante de la ciudad (sic).
He de admitir que a la gripe y a la fatiga se unió una somnolencia de aupa de resultas de la pantagruélica comida, donde corrió el cordero a la leña, las habas con jamón, los pimientos con atún, las patatas con cebolla, las croquetas caseras, los surtidos de pasteles y los bizcochos borrachos; y un vino que me dejó casi noqueado. Todo y así, fui capaz de cazar al vuelo muchos de los entresijos burocráticos que hay detrás de premios de semejante calado (hasta presencié en directo cómo se fraguaba un futuro certamen de poesía).
La presentación de la tarde se celebraba en la Cámara de Comercio de Guadalajara, a la que asistieron todavía más medios (incluso se me presentó la oportunidad de aparecer en un programa de televisión local: oferta que tuve que rechazar por cuestiones de agenda).
Con una terrible espesura mental, pues, opté por hablar en un tono lento y divagatorio a fin de que nadie se diera cuenta de mi oligofrenia galopante. Por suerte, sólo debía repetir las claves que ya había formulado en la presentación matinal y las diversas entrevistas, lo cual le ahorré mucho trabajo a mi depauperado hardware neuronal. (Un buen truco consistía en repetir por activa, por pasiva y por perifrástica qué era una moleskine: me limitaba a leerlo en mi guión mental, aunque tratar de indocumentado al auditorio me pudiera granjear cierta aureola de intelectual insoportable).
De nuevo posar para innumerables fotos, junto a aquella estatua, en aquel balcón, sosteniendo un ejemplar de la novela, a la vera de unas ¿fans? otoñales: ya estoy preparado para presentarme a Supermodelo 2007. Dediqué más libros, me sometí al tercer grado de dos periodistas muy bien pertetrachados con preguntas inquisitivas (uno de ellos, incluso, se había documentado profusamente sobre mi persona, buceando en este humilde blog) y, en suma, exprimí hasta la última gota de mi vitalidad antes de, al fin, parti de nuevo hacia Barcelona.
Sin duda, hasta para ser un aspirante a escritorzuelo hay que convertirse en un todoterreno hiperactivo.
Buf.
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