Ocultando el sol con la cabeza de un alfiler

Diario de Sergio Parra

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Archive for Febrero, 2007

Recuerdos escolares

Posted by Sergio Parra Castillo on 27th Febrero 2007

De muchos es sabido que mi época académica ha sido la más turbulenta de mi vida, sobre todo la centrada en mis años de BUP y COU en un instituto de Barcelona llamado Res Nostra (Cosa Nuestra, en latín; muy mafioso). Sin embargo, aquel campo de concetración, unida a la hostilidad y la insularidad que me generaba el lugar y sus gentes, agudizó mi sentido de la observación.

Una observación que tendía a fijarse en la impostura de aquellas edades, que, tal vez, sea una impotura que sobrevive, transfigurada, en edades más provectas.

Con miradas preñadas de ira y resquemor, en aquella época finisecular, vislumbraba los motivos intrínsecos de cada escorzo, de cada pose, de cada peinado o piercing, de cada frase manufacturada o comportamiento estandarizado.

En el cine, todo aquello era más sencillo y obvio: las chicas pijas vestían el último modelo, se esponjaban el cabello y hablaban con voz chillona; los chicos transgresores exhibían tatuajes, aros en la nariz y otros perendengues; los skinheads, el uniforme que correspondía a su grey; etcétera.

Pero la realidad entremezcla las ideas y los estilos, los confunde unos con otros en una suerte de mestizaje ideológico o palimpsesto estético cuya principal razón de ser consiste en sobresalir o construir una imagen que defina la individualidad de su portador.

En mi clase, nadie se adscribía a un grupo predefinido porque eso significaría una falta de identidad demasiado evidente. Así que la solución más socorrida era la de ataviarse con un collage de tendencias a fin de que, por exceso y embarullamiento, por complejidad y densidad, se confundiera con más facilidad la premeditación, como el que se peina despeinándose para dar la impresión de que no se peina.

Yo, sin embargo, atisbaba los intentos de soterrar en aquella amalgama de impostura ecléctica la falta de originalidad, y de personalidad. Y advertir aquellos comportamientos tan primarios, y sin embargo tan eficaces para instalarse en el podium del respeto y la admiración, incrementaba el desprecio que sentía por mis compañeros de clase y por la juventud en general. 

Me exasperaba contemplar cómo uno de ellos, con agilidad de malabarista, se pasaba entre los dedos un bolígrafo de talle transparente. Y más acreditaba mi animadversión el aire como de descuido que había entorno a aquella pose minuciosamente estudiada y reinterpretada durante generaciones de estudiantes.

También me exasperaba la forma en la que llevaban la mochila colgada de la espalda: de un solo cinto, arrugada y casi vacía, como una prueba más de que su paso por clase era meramente notarial; bien que en el brazo portaban unas robustas carpetas atestadas de folios, hojas de colores, cuadernos, un bolígrafo de marca (o uno barato y arañado por unas dentelladas ansiosas, ambas modalidades eran aceptadas) atrapado en la goma elástica y demás útiles que amenazaban con reventar la carpeta; y la mochila vacía y arrugada, como si el alumno fuera un viajero transportando arroz a puñados y, paradójicamente, también se pertrechara con un zurrón lleno de aire. Las chicas, por contra, se colgaban la mochila de ambos cintos, y ésta se hallaba henchida de la misma puerilidad de simulacro que sus carpetas.

Toda carpeta que se preciase estaba forrada de afiches, portadas de discos, fotografías de actores y cantantes o del Che, de Albert Einstein y de clásicos del cine (los que pretendían dar la imagen de interesantes); pero nadie despuntaba del tópico. En aquella mezcolanza superpuesta de imágenes que trataban de definir a su dueño, ostentar manifiestos políticos o consignas ideológicas (o el vacuo alardeo de una personalidad pretendidamente voluminosa), nunca se veía a Feynman o Minsky, por ejemplo. O a un cantante feo que no conoce nadie (a no ser que la elección hubiera sido deliberadad en algún grado para llamar la atención).

Contemplaba todo eso y muchas más cosas. Y ello subrayaba mi trato sombrío y distante, de animal herido. Y en mi rostro jamás prosperaba la dicha.

Oh, los recuerdos escolares. Menos mal que ya pasaron.   

Posted in General, e-lucubraciones, Egolandia | 3 Comments »

Visita a la Escuela de Magia de Salzburgo

Posted by Sergio Parra Castillo on 27th Febrero 2007

En el siguiente enlace podéis deleitaros con la grabación que hicimos hace poco en una visita a la Escuela de Magia de Salzburgo, en Ramingstein (Austria), lugar donde está ambientada buena parte de la novela Jitanjáfora.

El castillo es una propiedad privada, una suerte de albergue cristiano, así que tuvimos que colarnos de rondón y movernos por todas sus estancias con extremado sigilo, evitando los pasos de los demás huéspedes. Por eso, el que suscribe, avanza estevado y con cara de miedo. (Bueno, lo de estevado es congénito, vale).

Fue difícil tomar los planos, y la mayoría están movidos o mal iluminados, así que hemos añadido algunas fotografías del lugar.

Quede por delante que la novela fue escrita antes que este viaje por Austria. Después de haber estado allí, admito que no podría haber escogido mejor emplazamiento para las correrías de Conrado Figueredo.   

 

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Argumento ad metralletum

Posted by Sergio Parra Castillo on 26th Febrero 2007

Existe una larga lista de falacias lógicas que todo buen diálogo debe evitar en aras de una conclusión razonable.

A veces, sin embargo, frente a la estulticia del interlocutor, sólo queda la alternativa de incurrir en el llamado argumento “ad metralletum”.

En ESTE VIDEO podéis ver como en academias norteamericanas se preparan familias enteras para descerrajar dichos argumentos. Fijaos bien en cómo imprime sus ideas la niña de 6 añitos.

Al menos, los disparos también son capaces de deleitarnos con imágenes como las que siguen.

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Lectura de viva voz de Hyperion

Posted by Sergio Parra Castillo on 23rd Febrero 2007

Lectura muy personal y sandunguera de la primera página de la mítica Hyperion, de Dan Simmons.

Pincha aquí para escucharlo.

Posted in General, Libros, Chascarrillos | 3 Comments »

Jitanjáfora ya se escucha

Posted by Sergio Parra Castillo on 21st Febrero 2007

En Curioso Pero con Arte (CPA) ya puede leerse una estupenda reseña de Jitanjáfora. Pero con una sopresa al final. Una de las artífices de CPA también narra de viva voz algunos de sus fragmentos favoritos para que los lectores puedan escucharlos.

Podéis echarle un vistazo aquí.

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Y que viva el puritanismo

Posted by Sergio Parra Castillo on 21st Febrero 2007

Y siguiendo la línea abierta con la anterior entrada, ahora la polémica ha nacido con el último anuncio gráfico de Dolce & Gabbana.

La prueba del delito.

El Instituto de la Mujer, el Gobierno… todos han solicitado la retirada del anuncio. Según su interpretación, la imagen promueve la violencia de género, la violación, la violencia en general y vaya usted a saber qué más.

Puede que la imagen sugiera el morbo que suscita una violación (no en vano, es una fantasía sexual recurrente en ambos sexos). Pero también reviste un componente sadomasoquista que seguro que, para muchos, no tienen ningún componente de violencia no consensuada.

O, como diría Quim Monzó, puestos a interpretar, también puede parecer que un grupo de hombres están salvando a una pobre mujer de un infarto de miocardio.

Vivimos en la sociedad menos violenta de la historia de la humanindad (incluso menos violenta que los lugares donde no llega la publicidad transgresora de Dolce & Gabbana). A pesar de los videojuegos violentos, las películas gore, los granguiñolescos telediarios o el bovino fútbol, la violencia desciende. Tal verá porque sabemos separar muy bien realidad de ficción (como prueba, la sociedad japonesa, que compagina productos hiperviolentos con los índices más bajos de crímenes de sangre). Y, tal vez, como ya dijimos en la entrada anterior, los que acaban copiando el modelo estético de un anuncio fotográfico en su vida cotidiana o en su corpus ideológico, no abandonará su línea patológica al retirarle ciertas imágenes propagandísticas.

Pero si esto es no es así y se puede rebajar los casos de violencia de género retirando publicidad gráfica que supuestamente la induzca, entonces me sumo a la propuesta. Con una postilla: también retiremos los anuncios de Dolce & Gabbana en general, porque inducen a gastarnos el dinero en ropa presuntuosa, inflada de fatuidad y gregaria; y no hay nada más peligroso que alimentar el gregarismo y el pensamiento único. Y retiremos los anuncios que induzcan a adquirir coches veloces, así disminuirán los accidentes de tráfico. Y retiremos los anuncios de mujeres bellas y delgadas, así lucharemos contra la anorexia y el narcisismo. Y retiremos los anuncios de hombres musculados y aceitosos, pues promueven la oligofrenia y el absentismo escolar en aras de rentabilizar el tiempo en el gimnasio. Y retiremos los anuncios de ropa escotada o ceñida, pues bajará así el número de violaciones u onanismos (que van en contra del credo católico). Y retiremos los anuncios de comida suculenta y trastesada de calorías, pues fomentan las comidas pantagruélicas, y no olvidemos que la primera causa de muerte en el primer mundo se debe a los accidentes cardiovasculares.

Para acabar: otro anuncio de la misma colección gráfica de Dolce Gabbana mostraba a la misma mujer de pie, pisando con el tacón al hombre tendido en el suelo. ¡Nadie ha dicho nada!  

 

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No digas ni mu (sin ánimo de ofender a los mudos)

Posted by Sergio Parra Castillo on 21st Febrero 2007

Estos días han saltado a la palestra dos casos consecutivos de gazmoñería políticamente correcta, en la misma cadena (Tele 5) y en la misma serie de FICCIÓN (Aída).

En el primer caso, la protagonista, Aída, se acuesta con un cura interpretado por el actor Lluis Homar. Los censores eclesiásticos pusieron el grito en el cielo: natural, el humor está reñido con el dogmatismo más argiloso, y cuanto más endeble y frágil es éste, más teme la ironía, no digamos ya el sarcasmo directo. El humor desnuda de atributos de cartón piedra todo lo que toca. Que se lo digan a los airados por las caricaturas de Mahoma.

El segundo caso ha hecho saltar a la Fundación Alpe Acondroplasia, que se dedica a velar por los derechos del colectivo afectado por una forma de enanismo óseo. Ha presentado una demanda contra Tele 5, otra contra Globomedia y otra contra el director del episodio, Marc Vigil. ¡Toma, Jeroma, pastillas de goma! Y no denuncian a todos los humoristas que en alguna ocasión han ridiculizado a los enanos porque no les habría quedado tiempo, supongo.

Si parece un repuesto del futbolín“, fue una de las frases proferidas en el capítulo.

El futuro de las personas con acondroplasia pasa por romper el estigma del bufón”, fue una de las frases pronunciadas por Carmen Alonso, coordinadora de Alpe.

Uno se pregunta si evitando que un personaje de FICCIÓN se refiera de ese modo a un enano se podría eliminar de la faz del planeta el estigma de bufón de los aquejados por esta patología. Si es así, quizá deberíamos empezar también a denunciar a todos los productos de FICCIÓN cuyos personajes de FICCIÓN lancen burlas a otros personajes feos, viejos, pobres, espigados, narigudos, estevados, tartamudos, estrábicos, pecosos, ciegos, mudos mancos, ninfómaníacos, impotentes, politólogos, pueblerinos, gordos y una larga, interminable lista… tan larga e interminable como larga e interminable sea nuestra capacidad para inventar ofensas.

La parte negativa es que, probablemente, eliminaríamos de un plumazo todas las producciones de FICCIÓN. O, al menos, todas las producciones de FICCIÓN en las que aparezca un mentecato que ridiculice al prójimo. (Los anaqueles de mi librería se quedarían vacíos de novelas, seguro).

Pero en la REALIDAD existen personas que se burlan de los defectos de los demás. Eso es indiscutible. Así que, bajo esa premisa, uno se pregunta, también, ¿la FICCIÓN recrea alguna faceta de la REALIDAD o debe obligatoriamente, so pena de excomunión o denuncia, deformar la FICCIÓN para que influya en la REALIDAD para que ésta última se acabe pareciendo a la FICCIÓN?

Si así fuera, ¿no deberíamos denunciar a los creadores de contenidos de FICCIÓN por tratar de cambiar la REALIDAD a su antojo bajo los parámetros ideológicos de la mayoría? ¿La FICCIÓN debe evangelizar?

Sin ánimo de profundizar más en ello (que habría para rato), finalmente uno se pregunta si el que disfruta del humor grueso basado en la burla de cualquier anomalía o discrepancia con esa masa estólida llamada humanidad, le servirá de algo evitarle el visionado de ciertas secuencias de FICCIÓN. ¿Sus parámetros humorísticos cambiarán simplemente obviando los chistes que le gustan?

No puede ser que con la excusa de un humor vulgar tengamos que tolerar que nuestros niños sean de nuevo objeto de bromas dolorosas en la escuela“, apostilló Carmen Alonso, de Alpe.

Sobran las palabras.

Espero la pronta creación de una fundación para quienes gozan de cierto nivel cultural, a fin de que ésta denuncie declaraciones públicas insustanciales y carentes de una mínima formación científica; evitaremos al menos que los niños, aunque sigan con sus bromas sangrantes, no se conviertan en gilipollas redomados. (Y al no ser gilipollas nadie les podrá ofender como tales, a no ser que ser gilipollas sea lo corriente y, entonces, el ofendido sea objeto de las chanzas por ser inteligente o el empollón.

Menudo galimatías… mejor no abrir la boca nunca más, así sólo corres el peligro de ofender a los mudos. 

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Avance editorial de Tanatomanía

Posted by Sergio Parra Castillo on 19th Febrero 2007

A punto de salir a la venta Tanatomanía, BEM ha tenido la gentileza de publicar una sinopsis y la portada (primicia) de Koldo Campo, así como un avance editorial del primer capítulo.

Solazaos con todo ello aquí

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Otra encomiástica crítica de Jitanjáfora

Posted by Sergio Parra Castillo on 19th Febrero 2007

En esta ocasión, proviene de Lolaberinto, donde Lola, su artífice, dice esperar una segunda parte de la novela. Habrá que convencer al editor.

Podéis leer la crítica aquí

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Coches polla Versus Escotes coño

Posted by Sergio Parra Castillo on 19th Febrero 2007

Trataremos de explicarnos sin parecer machistas recalcitrantes, conscientes de que al hollar ciertos terrenos pantanosos se te endosan, automáticamente, ciertos epítetos. Por ejemplo, si uno defiende la homosexualidad, es gay o un vicioso; si uno trata de demostrar que la homosexualidad es una enfermedad o una tara genética, entonces es homófobo. Del mismo modo, si a uno se le ocurre criticar algún comportamiento del género femenino, es, cómo no, un misógino.

Pero arrostraremos el riesgo de coleccionar nuevas (des)calificaciones, que siempre es divertido epatar al personal, amén de reafirmar la condición de iconoclasta y herético.

Disparemos la primera saeta robinhoodiana.

Acostumbra a ser objeto de mofa el coche lujoso o de gran cilindrada que un hombre compra, seguramente, para hacer ostentación de los guarismos de su cuenta bancaria. Incluso, se suele relacionar inversamente el tamaño y el precio de un coche con el calibre del miembro viril de su dueño.

Hasta ahí, suscribimos todo lo dicho.

El problema empieza cuando la crítica al vulgarmente llamado coche-polla la enarbola el sexo femenino. Cuando eso sucede, uno no puede replicar que las mujeres, en contraposición, por ejemplo, exhiben escotes-coño

¿Cómo puede una mujer sostener sin ápice de rubor que tal o cual hombre se pasea en su coche-polla o que es un chulopiscinas de pecho descubierto cuando, entre sus palabras, se adivina el tintineo de la colgajería de oro, plata y estrás en cuello y muñecas? ¿Cómo puede ridiculizar a un macho ibérico a la vez que resalta las dos medias lunas de su pandero con unos pantalones deliberadamente ceñidos? ¿Cómo osa desprestigiar la cháchara pagada de sí misma del hombre mercachifle que vende su estatus social mediante objetos desproporcionados y trapisondos cuando ella misma, quizá en un lenguaje más ladino, más susurrante, se aplica carmín en los labios, acude a la peluquería o disimula presumidamente su edad biológica? ¿Cómo puede vituperar a los usuarios de las casas de lenocinio cuando ella acude vocinglera y desinhibida a los conciertos de algún cantante melódico cuya voz nace en el escroto? ¿Por qué los hombres aceptan de buen grado la mofa e, incluso, la exageran y ellas no?

Ellos potencian lo que, mayormente, les atrae a ellas: sus recursos materiales. Ellas potencian lo que, mayormente, les atrae a ellos: su belleza y su lozanía. La naturaleza repartió estos papeles hace incontables años en aras de una viabilidad reproductiva. Quizá es triste que sea así, quizá nos deja al nivel del betún, así pues, adelante con la crítica, la mofa y el escarnio a fin de evidenciarlo. Y quien no quiera evidenciarlo, quién quiera dejarse llevar por los dictados de su naturaleza, que lo haga conscientemente: consciente de que resulta ridículo, de que debe estar dispuesto a reírse de sí mismo.

¿Cómo, pues, una mujer puede rasgarse farisaicamente sus vestiduras, si éstas están firmadas por Versace, Gucci u, horror, Agatha Ruiz de la Prada sin que nadie, absolutamente nadie, les amoneste por ello?

Sencillo: Al igual que la palabra negro la sustituimos por la expresión miembro de la diáspora africana u hombre de color, debido a los movimientos sociales para combatir la discriminación de la mujer, que han cristalizado en toda clase de discriminaciones positivas, hoy en día se debe andar con ojo si no queremos parecer unos retrógrados que no apoyamos el desarrollo femenino. Y la consecuencia de ello ha sido nefasta: protegida de los más leves vapuleos, ellas han perdido el sentido del humor, ya no toleran la crítica más nimia.  

Porque, y ahí va la segunda saeta robinhoodiana, quizá el colectivo femenino debería relajarse un poco consigo mismo. Quizá su autoestima dependa demasiado de la valoración masculina, aunque lo niege con fiereza. Quizá no posea suficiente arrojo para admitir frente al espejo que su escote (entre otras cosas) forma parte de un escaparate que fomenta la vacuidad; que sin ese escote, sin culo, sin maquillaje, ella es tan poco atractiva e interesante como un cubo de Rubik totalmente monocromo. Y no lo posee porque los algodones de lo políticamente correcto han anestesiado su sentido crítico. Por eso encontraremos más fácilmente un chiste gráfico sobre un coche-polla antes que un escote-coño (y ya no digamos si el escote no es especialmente vertiginoso ni pertenece a una lumia arquetípica sino a una madre de familia corriente).

Y cuidado, no postulamos que la mujer deba aplastar sus protuberancias orográficas, ni siquiera disimularlas con recato. Que las enseñen. Que seduzcan con ellas. Pero que admitan que lo hacen por esa razón si mayores ambages (no vale la excusa huera de “lo hago por mí, lo hago porque me siento mejor, lo hago porque aumenta mi autoestima”, que no responden en absoluto a la pregunta: ¿por qué lo haces por ti, por qué te hace sentir mejor, por qué aumenta tu autoestima eso, precisamente eso, y no, por ejemplo, un cuerno en la frente?). Que lo admitan sin tautologías, y que admitan, también, que se las ridiculice por ello, pues su elegancia estoica también es de cartón piedra, como los ardides del hombre por seducir a las mujeres. 

No hay que preocuparse. Los propietarios de coches ostentosos, a pesar de los vituperios y las chanzas continuas, siguen ligando: por eso se siguen vendiendo los coches-polla. De igual modo, a las propietarias de escotes de carne turgente no les sucederá nada malo si empiezan a ser valoradas por el mismo rasero. Y quien no sea ser valorado de esta guisa, lo tiene sencillo: que no adquiera un coche llamativo ni que asome ni un centímetro de escote.

Así pues, quede por delante que estas saetas no son disparadas para herir, sino para alertar. Son benignas. Sólo así, el género masculino y el femenino conseguirán agarrar algunos de sus comportamientos y, quizá, corregirlos, reorientarlos, minimizarlos, objetivizarlos o lo que el usuario escoja a su discreción. Y, sobre todo, se juzgarán actitudes de forma mucho más objetiva: porque puede resultar risible cuando un hombre trata de disimular las entradas y tonsuras de su cabello, sobre todo si recurre a un bisoñé con vocación de rata hirsuta; pero igual de risible puede resultar contemplar a una mujer mesándose, rastrillándose y esponjándose hasta la extenuación su larga escultura capilar. Todos tropezamos en las mismas piedras, sólo que unas invitan a la carcajada y otras, por prudencia y (transcurrido el tiempo) por ciega costumbre, lo hacen a la impavidez. 

Todos jugamos al mismo juego, se posean esferoides gametogénicos XY o no. Y no vale que unos nieguen ese juego con un grado de solemnidad que, visto lo visto, no es mas que una pose incansablemente estética.  

Todos tenemos coches-pollas, o similares. Todos tenemos escotes-coño, o similares. Porque dos tetas pueden tirar más que dos carretas, pero un Ferrari o un Porche (a la vista más lujosos que una carreta) tiran, a su vez, como la pescadilla que se muerde la cola, de dos tetas.

Y por hoy, después de esta harakiri blogueril, dejamos de pontificar en tono papal y nos vamos a la cama bien protegidos ante las inmimentes amenazas de muerte. Buenas noches.

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