Secuestrada portada antimonárquica de El jueves
Posted by Sergio Parra Castillo on 21st Julio 2007
Bueno, decir antimonárquica quizá es excederse. Porque la portada es un chiste, sólo un chiste. Y, aunque todos sabemos el poder que tiene el humor, el chiste en cuestión no critica la monarquía per se (o, al menos, no es inequívoco que así lo haga), sino que critica que la monarquía viva del cuento, por ejemplo; y aprovecha para dejar en evidencia la propuesta electoralista de Zapatero.
Aquí está la portada de marras, la que el juez del Olmo ha secuestrado por considerarla insultante para la monarquía española:

Es inevitable acordarse ahora en el revuelo que se montó por aquí cuando se publicaron las viñetas que parodiaban a Mahoma (y digo yo que Mahoma, por su rango, deberá merecer más respeto). La gente se rasgaba farisaicamente las vestiduras, nos erigíamos como adalides de la apertura de miras, del respeto, de la tolerancia. Pero claro: siempre vemos la viga en el ojo ajeno… y no la mierda en el nuestro. Es fácil criticar el burka, pero luego, sin esgrimir el mismo sentido crítico, promocionamos una pasarela de moda o nos trae al pairo que las monjas vistan como soldados imperiales.
Pero las cosas funcionan así. Y también funcionan así las leyes. Tú no puedes injuriar a alguien. Tú no puedes insultar a alguien, ni mucho menos a la institución monárquica o a la religión vigente.
Como todo esto no puedo hacerlo y no quiero que me secuestren el blog ni que me metan en la cárcel, sé una forma de decir lo que quiero sin consecuencias. Es muy fácil, veréis: las palabras son lo que se criminaliza, en el fondo. Si llamas hijo de puta a alguien, te pueden denunciar. Si le llamas tumpitum, no pasará nada. Porque tumpitum no existe en el diccionario. Ni siquiera está recogido en el acervo popular como insulto. Es un truco muy sencillo, ¿verdad?
Bien. Pues ahí va: la monarquía es una tyurandaka; la gente que aplaude la monarquía es kartiga; los individuos que censuran esta portada de El jueves son gijollos de mucho cuidado.
Y es que uno no puede insultar si el otro no se siente insultado. Uno sólo puede protegerse de un insulto riéndose de sí mismo, porque es sano no creerse demasiado importante. El miedo es un arma muy efectiva de control social. La risa, el estallido de una carcajada, difumina el miedo hasta convertirlo en una parodia. La risa, como se explica en el La poética de Aristóteles… bueno, no lo leamos, que ya sabemos gracias a El nombre de la rosa qué nos pasaría si intentamos echarle un vistazo
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