Violación pro vida
Posted by Sergio Parra Castillo on 27th Septiembre 2007
Resistirse a una violación, señores y señoras, podría constituir un delito, pues vendría a equivaler (si la víctima quedase embarazada) al asesinato de un potencial niño. Así que mejor es dejarse violar.
No lo digo yo, lo comenta sarcásticamente el genial Richard Dawkins en su último libro, El espejismo de Dios, a propósito del manido argumento antiabortista que consiste en considerar que el embrión es potencialmente un ser humano, así como los experimentos con células madre también constituyen asesinatos a ser humanos potenciales.
Dawkins se asombra de que las asociaciones pro vida que esgrimen este argumento no advierten que la mecánica interna del argumento no tiene lógica. Y la gente se limita a repetir esta consigna falaz sin detenerse a pensar qué está diciendo exactamente. Una mezcla de parámetros religiosos, sentimentalismo de segundo orden y antropocentrismo propio de una mente poco instruida en biología pueden ser los principales agentes causantes de esta ceguera.
Porque si nosotros no debemos privar de la posibilidad de convertirse en ser humano a un conglomerado de células (que lo haga la Naturaleza en la mayoría de casos, en los llamados abortos naturales, parece no ser importante, ni tampoco investigar cómo paliarlo), siendo coherentes también deberíamos aprovechar siempre todas las oportunidades de mantener relaciones sexuales. No hacerlo sería, también, privar de que de resultas de la fecundación potencialmente surja un ser humano a los nueve meses. Cada rechazo de alguna oferta de copular con un individuo fértil es equivalente al asesinato de un potencial niño. También el uso de métodos anticonceptivos. También, por supuesto, resistirse a una violación (el sector duro antiaborto se niega a practicar el aboro a las mujeres que han sido víctimas de una violación).
La línea en la que debemos considerar moral o inmoral practicar un aborto o una privación de vida potencial debe trazarse en otro punto, seguramente igual de arbitrario que el actual, pero también más acorde con los parámetros que la ciencia ofrece sobre qué produce dolor, qué significa estar vivo, cuándo somos conscientes de nosotros mismos y demás. (Dawkins vuelve a sorprender cuando en pocas líneas argumenta que si nos basamos en la complejidad del sistema nervioso de un feto, que es lo que produce en definitiva la sensación de estar vivo o de sufrir y no que se tenga forma de bebé o se reaccione automáticamente a estímulos externos, en base a ello, dice, moralmente parece ser más positivo salvaguardar el sistema nervioso de la madre que no quiere tener un bebé y el prejuicio que esto le ocasionaría que no el sistema nervioso incompleto o inmaduro de un feto, que de buen seguro sufrirá menos “dolor o penuria” que el ganado en el matadero).
Como hace Dawkins, yo también me tomo la libertad de recomendar la canción Cada esperma es sagrado de El significado de la vida, de Monty Python.
NUEVAS TÁCTICAS DE LIGUE: “Churri, o me dejas violarte o incurriremos ambos en un aborto potencial”.
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