Ocultando el sol con la cabeza de un alfiler

Diario de Sergio Parra

  • Menú

  • Suscripción

    • Subscribe via Feedburner
    • Subscribe in Yahoo
    • Subscribe in Rojo
    • Add to Google
    • Add to netvibes
    • Subscribe in Bloglines
  •  

  • Categorías

  • Fotos

    fotoswarner6

    fotoswarner13

    untooned_jessicarabbit

    More Photos
  •  


    Estadísticas
  •  

¿Dónde te gustaría vivir?

Posted by Sergio Parra Castillo on Julio 19th, 2008

Siempre me han parecido un poco paródicos los arrebatos patrióticos de la gente. La gente que se enorgullece del lugar donde ha nacido me da un poco de miedo: ¿no es mucha casualidad que precisamente el lugar donde te han inscrito catastralmente sea el lugar que te gusta? Suena parecido a la gente que cree que su religión es la verdadera sólo porque… fue educado en esa religión. ¿Realmente han hecho un estudio comparativo profundo para estar tan seguros?

No es mi caso. Además de ateo anticlerical (o bright, como dicen ahora los yankies), repudio el terruño celtíbero y garbancero donde el azar me ha hecho nacer. Como enseguida se me calienta la boca, le pasaré el testigo a Josep Maria Espinàs, que escribió lo siguiente en El Periódico:

Mi amigo Patrick cogió un tren para ir de Múnich a Salzburgo. Todo iba perfectamente cuando el tren se detuvo. Las personas que se encontraban en el tercer vagón no tuvieron mucho tiempo para preocuparse. El maquinista se comunicó con los pasajeros de todo el tren por un altavoz. “Tenemos un problema que no es grave. El viento ha hecho que un árbol cayera sobre el último vagón. Procuraremos que el tiempo de espera sea mínimo”.
A partir de ese momento, el maquinista se dedicó a informar a sus clientes cada dos minutos. “Ya se ha avisado a una grúa para enderezar el árbol”. El lector recordará aquellos días en los que una gran tormenta se precipitó inesperadamente sobre Austria y Alemania. Al cabo de dos minutos, se oyó la voz de nuevo: “La grúa ya está viniendo”.
La voz siguió informando regularmente. “Entre tal estación y tal otra se ha cortado la circulación de trenes en dirección contraria para que venga otro tren a recogerles, señores pasajeros”. Efectivamente, no tardó mucho en comparecer un convoy vacío, que se paró paralelamente al accidentado. “Por favor, que todos los pasajeros vayan hacia el vagón número tres para pasar al tren que ha llegado”. Se había instalado rápidamente una pasarela metálica para que el traslado fuera más fácil. “El nuevo tren irá sin problemas a la velocidad adecuada para que ustedes puedan llegar a Salzburgo con un retraso aproximado de siete minutos. Disculpen las molestias y gracias por su colaboración”.
El hecho es absolutamente real, aunque para nosotros sea increíble.
Esto es la civilización, y yo soy partidario de esta civilidad. Como escritor, puede atraerme el exotismo de algunos paisajes, la simpatía de sus habitantes, la sugestión de sus costumbres, de su vestuario o de su cocina. Hace años fui a la India y a Nepal, y el recuerdo es imborrable. Pero, en la vida cotidiana, el pintoresquismo no me hace ninguna gracia. Cada vez admiro más a los países que funcionan. En los que los responsables de un servicio, privado o público, tienen la consciencia de ser realmente responsables. En los que hay capacidad de coordinar acciones. En los que se considera un deber o, más aún, un hecho natural, tener que informar a la gente.
Me doy cuenta de que mi interés por los países no mediterráneos es progresivo. Las formas de relación. La consciencia de que el otro existe. De que el ciudadano tiene derecho a que le comuniquen: “Dentro de dos minutos…”.

Posted in e-lucubraciones | Comments Off

#7 ‘Espuelas de papel’, de Olga Merino

Posted by Sergio Parra Castillo on Julio 15th, 2008

(Publicado originalmente en PeB)

En los años cincuenta, Juana, andaluza de nacimiento, emigra con su familia a Barcelona huyendo de la pobreza. Entrará a servir en casa de Salud Monterde y sus hijas, enriquecidas por un turbio asunto y, a modo de Cenicienta moderna, acabará enamorándose de un anarquista perseguido, su único refugio en una vida sin ilusiones.

Pero en esta segunda novela de la barcelonesa Olga Merino, que se estrenó en 1999 con Cenizas rojas, el argumento poco importa. En realidad, Espuelas de papel constituye un retablo costumbrista de la España triste, oscura y vencida de la Guerra Civil. Un mosaico de escenas (hiladas entre sí con una fina hebra), descritas todas ellas con una prosa preñada de lírica. Espuelas de papel , de hecho, podría leerse como un largo poema interrumpido por esporádicos diálogos que recogen fielmente el habla popular de la época.

Así que no espere el lector encontrar aquí una historia con su planteamiento, nudo y desenlace bien definidos, tampoco grandes misterios o cabriolas argumentales, sino el amor a las palabras que profesa Olga Merino, una esteta especialista en recrear ambientes y sensaciones. La experiencia de leer Espuelas de papel se parece, de algún modo, a repasar la versión de posguerra dee los artículos de costumbres de Larra como si estos hubiesen sido construidos con una sucesión de ingeniosas greguerías.

Como muestra, un par de fragmentos:

 

El balcón del cuarto abocaba a la calle de Jesús del Gran Poder. El murmullo del agua al verterla sobre la jofaina de loza resbaló en el calor de la habitación, a resguardo de la resolana por un esterón de pleita. El capitán se miró en el espejo surcado por vetas de azogue cariado. Se pellizcó las mejillas con dedos gruesos, cortos, de falanges velludas. Eructó. Forzó una sonrisa de quijadas prietas y se husmeó en el hueco de las manos, que retenían el olor dulce y salado de una vagina. Se las lavó con desgana en el aguamanil.

 

 

Cuando llegan los meses de calor, la humedad enardece las emanaciones de la factoría y amortigua el ruido de las máquinas. El sudor acre y sexual de los obreros, las tufaradas de faria y genuino Floïd mentolado vigoroso, los efluvios comestibles de la seda, las vaharadas volcánicas de la plancha industrial y el olor mineral del lubricante se afilan y entremezclan hasta el aturdimiento.

 

Y es que la propia autora, en una entrevista, hacía hincapié acerca del cuidado formal de la novela:

 

He procurado recrear el lenguaje de mis familiares, oriundos de Osuna, de las faenas agrícolas que se van perdiendo. Me fascina el lenguaje. Además he tenido la suerte de que mi familia provenga de un medio rural. Desde pequeña he escuchado muchas palabras que ahora se están perdiendo. Me viene a la cabeza que, cuando era pequeña, a los diez años o así, pedí que los Reyes Magos me trajeran un diccionario.

 

Así pues, para quienes ya disfrutan de la prosa sinestésica de Olga Merino en El periódico, sirva este saludable ejercicio de memoria sobre los andaluces que emigraron a Barcelona durante la posguerra y sobre las injusticias cometidas por los vencedores en la administración del país. Una joya estilística que precisa de una lectura lenta y sosegada, no apta para consumidores compulsivos.

Editorial: Alfaguara, 2004
Páginas: 282

 (Reto de leer 50 libros al año)

Posted in Libros | Comments Off

#6 ‘Happiness’, de Will Ferguson

Posted by Sergio Parra Castillo on Julio 12th, 2008

(publicado originalmente en PeB)

Como respuesta a la avalancha de títulos de autoayuda, realización personal y coaching empresarial con ribetes new age (muchos de ellos superventas), Will Ferguson arremete con una satírica novela en cuyo epicentro gravita el mensaje (textualmente pronunciado por el protagonista):

 

La razón por la que tenemos tantos libros de autoayuda es que no sirven de nada.

 

Y es que Happiness no se queda en la mera sátira, también constituye un lúcido análisis sobre los mecanismos que nos conducen a la felicidad y sobre la inutilidad de su búsqueda; así pues, paradójicamente, Happiness podría ser catalogada como un excelente libro de autoayuda, un libro de autoayuda que deja al descubierto el truco: la infelicidad es el verdadero motor del mundo, así que no debemos cometer el error de erradicarla.

La historia comienza cuando Edwin de Valu, editor de éxito, encuentra entre un montón de borradores (impagable la escena de cómo se descartan los borradores que llegan a la editorial y se redactan las formales cartas de rechazo) un libro de autoayuda que verdaderamente funciona. Funciona hasta límites insospechados. Tanto es así que, al publicarse el libro, el mundo empieza a volverse insoportablemente feliz. Todos dejan el tabaco, el alcohol, sus trabajos asfixiantes… y se marchan a pescar, entre otras cosas.

El libro de autoayuda en cuestión se titula Lo que aprendí en la montaña, de un tal Tupak Soiree, del que poco se sabe, y poco a poco desencadenará el fin del mundo tal y como lo conocemos. Una vez alcanzada una estabilidad edénica, cuando la sociedad ya no esté interesada en rellenar sus orfandades escalando nuevas cumbres, la vida perderá todo sentido, tal y como refiere un fragmento de la novela:

 

¿Qué somos, Jack? ¿Quiénes somos? No somos nuestros cuerpos. No somos nuestras posesiones, ni nuestro dinero ni nuestra posición social. Somos nuestras personalidades. Nuestras flaquezas, nuestras manías, nuestras excentricidades, nuestras frustraciones y nuestras fobias. Si quitamos todo eso, ¿qué nos queda? Nada. Sólo caparazones humanos felices y estúpidos. Miradas vacías y expresiones insípidas, Jack (…) Pronto todo el mundo hablará igual, sonreirá igual, pensará igual. Las personalidades se diferencian cada día menos. Las personas están desapareciendo. Y usted es el culpable, Jack. Es un asesino.

 

Si Edwin de Valu no quiere ser responsable de la extinción de la humanidad, deberá localizar de nuevo a Tupak Soiree para que arregle el desaguisado: quizá escribiendo otro libro, esta vez totalmente opuesto: netamente pesimista.

La novela es muy entretenida, en el canadiense Ferguson oímos ecos del humor inglés de Tom Sharpe, y pese a avanzar principalmente con diálogos rápidos e ingeniosos (el propio autor admite que la novela surgió originalmente como un guión cinematográfico), también se disfrutan poéticas disquisiciones que demuestran el mejor pulso del autor. Disquisiciones, por cierto, en perfecta consonancia con lo último que sabemos acerca de los mecanismos de la felicidad: la felicidad en exceso es paralizante, pareja a la muerte, como puede comprobarse en experimentos con ratas que disponen de un pulsador para transmitirse, vía neuroquimica, un subidón de endorfinas. Al poco de que la rata descubre la felicidad sintética que le suministra el pulsador, comienza a perder el interés por efectuar otro tipo de tareas, incluso la de alimentarse para sobrevivir. La felicidad, pues, funciona como una droga potente, y sólo el acto de su búsqueda (que no su posesión absoluta) tiene verdadero sentido.

La conclusión que arroja Happiness, pues, es que debemos caminar cual funambulistas por la delgada línea que separa la felicidad paralizante de la depresión paralizante. Aunque aquí, en el final de Happiness, es cuando Will Ferguson se muestra más meándrico y soporífero, demasiado moralizador al estilo de los libros de autoayuda que critica. Con todo, un ligero traspiés para un libro brillante y muy, muy divertido.

Editorial: Emecé Editores, 2007
Colección: Booket
Páginas: 416

(Reto de leer 50 libros en 1 año)

Posted in Libros | Comments Off

#5 ‘Nocilla Dream’, de Agustín Fernández Mallo

Posted by Sergio Parra Castillo on Julio 11th, 2008

Bueno, por fin ha llegado a mis manos esta novela promocionada como un salto generacional en la literatura española. Nada más lejos de la verdad, como de costumbre. Es un lástima que las, cada vez más agresivas estrategias de márketing, intenten envolver una obra de un aura que, a poco que uno se zambulle en ella, descubre como de cartón piedra. Es una lástima porque ello hace perder la confianza en la editorial y, más importante todavía, en el autor.

Y es que el autor no es culpable de nada, hasta él mismo ha tratado de quitar hierro al asunto en numerosas enrevistas, rebajando el tono grandilocuente de su novela, de su sencillita novela, pues supongo que él también se olía que tanto y bombo platillo podría terminar por perjudicarle. La cuestión es que Nocilla Dream, primera parte de un tríptico que ya ha sido semicompletado por Nocilla Experience, no ha inventado la sopa de ajo; como dice David Torres, XXX Premio Tigre Juan y finalista del Nadal 2003, “la pretendida novedad de la propuesta de ‘Nocilla’ no es tal. Nuestra vanguardia literaria recuerda a una retaguardia”. No podría estar más de acuerdo.

Eso no significa que la novela sea mala, por supuesto. De hecho, es dinámica, imaginativa, diferente, con cierta influencia del mundo científico, y fácil de leer para esta nueva generación del ADSL: apenas se consume en lo que tarda en verse una película. El problema, quizá muy personal, es que no ha dejado poso en mí: he tardado tan poco en leerla como en olvidarla. Mala cosa.

Porque Nocilla Dream, también, es una conjunto de narraciones cortas y dispares, casi flashes, que no aspira a mucho más. Esto no es negativo. Lo negativo es las expectativas que le crea a uno tanto bombo y platillo. 

Posted in General, Libros | Comments Off

Eurocopa de mis amores, no me toques los cojones

Posted by Sergio Parra Castillo on Julio 2nd, 2008

Como a uno le cuesta ser imparcial con el asunto del fútbol: no lo entiendo, me aburre, considero a los forofos algo así como versiones spanish-bizarro de primates (y los no-primates que simplemente disfrutan con este deporte que no sientan vergüenza propia y ajena por hacerlo también entran de carambola en la categoría), me asquea el tiempo y la atención prestada a una especie de nueva aristocracia de perseguidores de pelotas, me parece aberrante que este lunes no existieran noticias en la televisión porque la llegada de los gladiadores a la ciudad monopolizara toda la programación… Como me cuesta, ya digo, aguantarme los exabruptos y mantener el arma con el seguro puesto, prefiero ceder el testigo al muy estimable Juli Capella, mucho más ponderado y razonable que un servidor, con el fragmento de una columna aparecida en la edición de hoy de El periódico:

Siento no trempar con el éxito de la selección española de fútbol. Tampoco me excito cuando gana el Barça. Lamento no sentirme aludido por los gritos de “hemos ganado”, ni compartir la expresión “un triunfo de toda España”. Para mí, unos cuantos futbolistas nacidos en España han metido más goles que otros futbolistas, nacidos en otros países. Me parece muy bien y les felicito. El partido fue estupendo, vale. Pero ni me siento especialmente contento, ni tengo la sensación de haber vivido ningún “apoteósico éxito nacional” de los “héroes de España”, como insisten en bombardearnos todos los medios. ¿Es que hemos inventado la penicilina? Tampoco entiendo la euforia colectiva de que seamos campeones. Campeones lo serán ellos, los que jugaron: yo no hice nada desde el sillón de casa y no merezco sentirme orgulloso. Me parece muy exagerada la escenificación de patriotismo obligado de estos días. Y muy mezquina la utilización por parte de los políticos del festejo.
Reconozco cuán listas han sido las empresas que han aprovechado el impulso gregario para vender su españolidad envasada en latas de cerveza. Se van a forrar, y Zapatero volverá a ganar las elecciones, como si ambos triunfos se interconectasen. Tampoco me gustó la posterior celebración de los iracundos, ni ver a los hinchas descamisados y pintarrajeados como los sioux en son de guerra.

Y no, no se trata de no ser un snob o un pedante elitista que sólo consume a los clásicos de la música y la literatura. Se trata de no ser un completo gilipollas.
 

Posted in e-lucubraciones | Comments Off

Editor en Papel En Blanco

Posted by Sergio Parra Castillo on Julio 2nd, 2008

Weblogs SL, la empresa de blogs comerciales más veterana de España, ha tenido a bien contar con mis servicios como editor de uno de sus blogs colaborativos, Papel en blanco, dedicado a la literatura en todas sus manifestaciones. Allí publicaremos noticias, reseñas, entrevistas y comentarios varios, de modo que si quieren ustedes seguir leyendo mis cosillas, pásense por mi sección en PeB

Sirva esto a modo de compensación por la misérrima tasa de actualización de este sitio. 

Posted in Egolandia | Comments Off

Eureka(s)

Posted by Sergio Parra Castillo on Junio 25th, 2008

(Publicado originalmente en Fantasymundo). 

Si se descubriera que existen más autores brillantes de los que creemos, ¿seguiríamos adorando a los autores brillantes? Margaret Atwood dice: Interesarse por un escritor porque nos gusta su libro es como interesarse por los patos porque nos gusta el foie.

Que no se engañe nadie: existen miles de Shakespeare, miles de Cervantes, miles de Stephen King. Y quizás afirmando algo así estoy entrando en terreno peligroso. Porque seguramente nadie pueda estar de acuerdo con tal afirmación: que la genialidad no es algo tan único y escaso como percibimos.

Estoy hablando de que no existen autores magníficos. Más aún: que las obras ni siquiera tienen autor (con todo lo que eso supone para el espinoso asunto de los derechos de autor, tan en vigor hoy en día con el nuevo canon que grava determinados soportes electrónicos).

Pero al menos intentaré demostrar que mi teoría no es baladí, que al menos puede discutirse hasta cierto nivel. Tal vez no tenga razón (suelo no tenerla), pero muchas veces cuestionar lo incuestionable permite descubrir argumentos e ideas que de otra forma difícilmente hubieran salido a la luz. (Los refractarios a cualquier influencia que no esté en sintonía con sus ideas deberían abandonar esta lectura de inmediato).

Vayamos a ello. Parto de la base de que los avances tecnológicos e incluso ideológicos no provienen de mentes escogidas y raras, tocadas por la genialidad o la locura, sino de contextos socioculturales en los que todos, como una mente colmena, participamos de manera inconsciente hasta que uno de nosotros, por casualidad, respaldo social y mediático o por receptividad general cristaliza dicha innovación tecnológica o ideológica. Así pues, ningún libro estaría escrito de forma individual sino de manera colectiva. En las sociedades recelosas del cambio o de las ideas nuevas, por ejemplo, sería más difícil que naciera en la mente de alguien una noción filosófica revolucionaria, por decir algo. Esta también es la razón de que históricamente la tecnología haya evolucionado a ritmos diferentes en continentes distintos. No porque haya más genios per se en unos continentes que en otros sino porque determinadas condiciones permiten que existan más genios.

El fonógrafo inventado por Thomas Edison es un ejemplo paradigmático de esta idea. Tal y como refiere el libro Armas, gérmenes y acero, de Diamond: “Cuando Edison construyó su primer fonógrafo en 1977, publicó un artículo en el que proponía diez usos a los que podía aplicarse su invento. Entre estos figuraban la conservación de las últimas palabras de personas en trance de morir, la grabación de lecturas de libros para que las oyeran personas ciegas, el dar las horas y el enseñar ortografía. La reproducción de música no figuraba entre las aplicaciones de la lista de Edison. Algunos años más tarde Edison dijo a su ayudante que su invento carecía de valor comercial. Unos años después cambió de opinión y se dedicó al negocio de la venta de fonógrafos, pero solo para utilizarlos como dictáfonos en oficinas. Cuando otros hombres de negocios adaptaron el fonógrafo a la fabricación de gramolas tragaperras que interpretaban música popular introduciendo una moneda, Edison protestó contra esta degradación que en apariencia restaba seriedad al uso de su invento en oficinas. Hubieron de transcurrir unos veinte años para que Edison por fin admitiera que la principal aplicación de su fonógrafo era la grabación y reproducción de música”.

Por esta razón nunca he entendido las colas de gente que se forman frente a un escritor para que les firme un ejemplar de su obra. Nunca he entendido la fascinación que nos produce un famoso. Bien, por supuesto que lo entiendo, entiendo los entresijos psicológicos que subyacen en este fenómeno, comprendo los motivos culturales y hasta meméticos. Pero lo que no entiendo es que todavía a estas alturas nadie haya hecho demasiado por pulverizar este fenómeno irracional; o al menos, se haya diseccionado con mayor sentido crítico. Tal vez dejar de creer en algo así sería tan traumático para la psique social como dejar de creer en Dios. Tal vez a quienes dirigen los medios de comunicación tampoco les interesa descubrir el truco, como ilusionistas que viven de interpretar siempre el mismo show.

Porque, a mi juicio, aunque la teoría del genio colectivo no sea del todo acertada, se exagera la importancia de los autores singulares, como si sus cerebros discurrieran de una forma tan distinta de la nuestra como lo haría la de un marciano. Pero los marcianos no existen. “Se nos dice con frecuencia que James Watt inventó la máquina de vapor en 1769 supuestamente inspirado por haber observado salir el vapor por el pitorro de una tetera. Esta maravillosa fábula queda desmentida por la realidad de que Watt concibió la idea de su propia máquina de vapor mientras procedía a reparar un modelo de la máquina de vapor de Newcomen, que éste había inventado 57 años antes y de la que ya se habían fabricado más de cien en Inglaterra para la fecha en que Watt realizó su tarea de reparación”. Entonces ¿quién debería ser dueño de la patente de la máquina de vapor? ¿A quién debemos rendir honores? ¿Qué nombre deben memorizar los escolares en clase? ¿Watt? ¿Newcomen? ¿Los autores de los libros de ingeniería que leyeron ambos? ¿Sus padres? ¿Las serendipias?

Mi respuesta es: ¿a quién le importa? Por supuesto, a la gente le importa, eso es obvio, pero ¿por qué debería importar? Partiendo de la base de que las ideas se forjan de formas complejas y fortuitas, que nacen inconcretamente, ¿por qué continuamos sin cuestionar ese deseo de entronizar a un Autor? Sin duda todo esto recuerda sospechosamente a la necesidad del hombre por hallar un Autor, un Creador del mundo y de todo lo que está contenido en él. El Autor es una versión laica de Dios.

Sigue Armas, Gérmenes y Acero: “Todo esto no significa negar que Watt, Edison, los hermanos Wright, Morse y Whitney realizaran grandes mejoras y, con ello, incrementaran o inauguraran éxitos comerciales. La forma del invento que con el tiempo se adoptó podría haber sido algo distinta sin la contribución reconocida del inventor. Pero a nuestros efectos, la cuestión es si el panorama general de la historia mundial habría experimentado alteraciones significativas si alguno de los genios inventores no hubiese nacido en un lugar y una época determinados. La respuesta es clara: nunca ha existido tal clase de persona. Todos los inventores famosos reconocidos han tenido predecesores y sucesores capacitados, introduciendo sus mejoras en una época en que la sociedad era capaz de utilizar su producto.”

La idea que se defiende aquí es que todas las obras, incluidas las literarias, por qué no, se desarrollan por acumulación; ergo, su autor original es difuso, por mucho que la SGAE se empecine en lo contrario pagando royalties por politonos a Ramoncín.

Nadie gritó ¡Eureka! Y si lo hizo, fue demasiado egocéntrico para darse cuenta de que él sólo estaba transmitiendo aquello que le rodeaba, y que podría haberlo hecho cualquiera antes o después de él.

Sigamos transcribiendo ahora El mundo de las palabras, de Steven Pinker: “Los historiadores convienen en que existió un hombre llamado William Shakespeare que vivió en Stratford-on-Avon y en Londres a finales del siglo XVI y principios del siglo XVII. Pero durante siglos se ha dudado de que ese hombre compusiera las obras que se le atribuyen. Quizá suene esto igual que la teoría de que la CIA hizo estallar el World Trade Center, pero así lo creyeron seriamente Walt Whitman, Mark Twain, Henry James y muchos estudiosos contemporáneos, y esta idea se basa en toda una serie de hechos condenatorios. Las obras de Shakespeare no se publicaron mientras vivió, y en aquella época la autoría no se registraba tan minuciosamente como ahora. El propio hombre no tenía estudios, nunca viajó, tuvo hijos analfabetos, en su ciudad se le conocía como hombre de negocios, no se le hizo panegírico alguno cuando falleció, y en su testamento no dejó libro ni manuscrito alguno. Incluso los famosos retratos no se pintaron mientras vivió, y no hay razón para pensar que se parecieran al hombre en cuestión. En aquellos tiempos, escribir obras de teatro era un trabajo de dudosa reputación, de manera que es posible que el verdadero autor, que, según diversas teorías, puso ser Francis Bacon, Edgard de Vere, Christopher Marlowe y hasta la reina Isabel, quisiera mantener en secreto su identidad.”

Lo relevante de esta teoría de la conspiración no es si Shakespeare existió o no realmente. Lo importante es imaginar qué pasaría si se demostrara sin ningún género de dudas que Shakespeare no fue no autor de Hamlet. ¿Qué implicaciones acarrearía una afirmación como ésta? Obviamente, Shakespeare caería en el descrédito. Pero ¿Hamlet perdería algún tipo de virtud? En absoluto. Hamlet nos parecería una obra igualmente interesante. Hamlet se tornaría anónimo, y entonces no adoraríamos a Shakespeare, sino la obra en sí. Con esto se trata de demostrar que la estructura de producción editorial entorno a la obra de Shakespeare no se resentiría. ¿Ocurriría algo diferente si los libros contemporáneos dejasen de estar firmados por una persona, si ya no se produjeran presentaciones oficiales del autor de la obra frente a un público expectante? Visto lo expuesto, es difícil decantarse pero ¿realmente es tan importante mantener una falacia para preservar un negocio, en este caso la venta de libros?

Pero existe otra razón para que los autores sean tan o más importantes que las obras que escriben y que los consideremos seres especiales y poco comunes. Las vacas sagradas también existen debido a que tenemos un grave problema a la hora de operar con números grandes. No hay que olvidar que nuestros cerebros se forjaron hace miles de años, en otras circunstancias muy distintas a las actuales, y que nuestro estilo de vida es muy exiguo en comparación.

Los homínidos de los que descendemos vivían en un mundo del que podían ser expulsados en cuanto bajasen la guardia: el número de individuos era escaso y las condiciones de supervivencia, difíciles. Así que sólo se reproducían los hombres que tuvieran esto muy en cuenta: los hombres y mujeres que gustasen de practicar sexo y reproducirse y los hombres y mujeres que tuvieran mucho miedo de extinguirse, mostrando dolor y preocupación cuando alguien cercano muriese o enfermase. Antes, también, los homínidos convivían en comunidades pequeñas, de 40 o 50 individuos, por lo general, y todos los integrantes de estas comunidades tenían funciones importantes para la supervivencia general de la comunidad: si uno de ellos moría, era preocupante; si morían 20, la comunidad probablemente sucumbiría al completo. (Por eso hoy en día nos siguen llamando la atención las cifras de víctimas en accidentes de tráfico aunque, porcentualmente, no supongan un menoscabo importante para la supervivencia de la especie; al menos nos llaman excesivamente la atención por la incidencia mediática en la noticia si lo comparamos con la cifra de muertes por accidentes en los cuartos de baño, mucho mayores que las de tráfico).

Así pues, si el entorno mediático es el apropiado, la vida de diez personas nos puede importar más que la vida de diez mil. Porque diez personas son computables por un cerebro criado en comunidades pequeñas, pero diez mil escapa a nuestra imaginación. Vertemos más lágrimas y furia por la historia individual de una asesinada con cobertura informativa importante que por la noticia de las decenas de muertes por hambruna que se suceden durante los segundos en los leemos estas líneas. Del mismo modo, prestamos más atención al logro de una persona (o un número asequible) que el logro de una sociedad por haber favorecido un ambiente concreto para que dicha persona plasmara ese logro.

Me viene ahora a la cabeza el éxito artístico de la mayoría de miembros de la familia Bardem; actores, escritores, directores; o de la familia Flores, cantantes, actrices, compositores. Al ser interpelada Pilar Bardem acerca del creciente éxito de su hijo Javier (mucho antes de que ganara el Oscar), expresó que su hijo se lo había ganado, que se lo había currado desde cero. Sin desmerecer el trabajo artístico de los miembros de estas familias, sin duda (a no ser que tengamos una idea casi mística del poder de la genética) es cuando menos sospechoso que todos ellos hayan logrado prosperar artísticamente en mayor o menor medida. Lo cual hace pensar que no parten de la nada; nacer Barden o Flores es garantía de que al menos se te escuchará con más atención; también se te criticará más, por supuesto, pero partes de una situación distinta del cualquier otro artista anónimo. Porcentualmente, dado que hay miles de millones de personas en el mundo, deben de existir cientos o miles de artistas con las mismas o incluso mejores cualidades que Javier Bardem, pero sólo hay un Javier Bardem porque sólo hay un foco informativo poderoso incidiendo en él y no en otros cientos de actores similares que se deben conformar haciendo obras de teatro amateur. Lo cual abre una línea de debate no menos interesante: aceptando que somos demasiados los individuos que potencialmente podemos ser artistas geniales, esta criba espontánea y natural (aunque injusta y caprichosa), ¿es útil y debe preservarse o quizá habría que apostar por otro modelo cultural? Difícil cuestión, pues la estructura actual se halla ciertamente muy arraigada.

Aunque Internet, que permite que cada vez podamos ser más escritores, más directores de cine, más autores con voz y voto (el mismo Ramoncín criticaba esta tendencia diciendo que al final habría más cantantes produciendo música que escuchando música), en definitiva, puede cambiar esta idea de Autor por primera vez en la historia. Internet es la forma más revolucionaria de demostrarnos que somos muchos más en el mundo de lo que creemos.

Concluyendo y uniendo las dos ideas fundamentales vertidas; a saber: 1) que las invenciones son sólo mezclas de invenciones que flotan entre nosotros nacidas de los miles de cerebros que nos rodean, combinaciones fortuitas que normalmente no salen a la luz porque nadie las apoya; y 2) Que somos incapaces de asimilar cifras grandes de personas y así preferimos centrarnos emocionalmente en grupos pequeños o personas individuales pese a que existan muchos seres que en potencia deberían merecer nuestra atención. Uniéndolas, digo, ponemos de manifiesto nuestra obsesión por buscar la autoría de cualquier idea, libro o invento.

Pero, así como las modas no tienen autor sino que nacen de la sinergia de comportamientos colectivos; las ideas, corrientes de pensamiento, inventos o libros tampoco tienen más autor que la infoesfera en la que vivimos todos inmersos. Será interesante ver cómo todas estas nuevas ideas van calando poco a poco en el mundo, provocando cambios que somos incapaces de predecir.

Y por si alguien empieza a sospecharlo: No, obviamente, yo tampoco soy el autor de este artículo. Lo sois vosotros. Enhorabuena.

More news by category Topic -: Buy phentermine saturday delivery ohio Tramadol hydrochloride tablets Picture of xanax pills Free shipping cheap phentermine Buying phentermine without prescription Safety of phentermine Pyridium Generic viagra cialis Cialis generic india Pink oval pill 17 xanax identification Buy free phentermine shipping Best price for generic viagra Information about street drugs or xanax bars Ordering viagra Snorting phentermine Hydrocodone overdose Lithium Amiodarone Get online viagra Order viagra prescription Order xanax paying cod Cheap phentermine free shipping Imiquimod Tramadol next day Linkdomain buy online viagra info domain buy onlin Pfizer viagra sperm Vidarabine Cheapest viagra price Prevacid Viagra cialis levitra comparison Dutasteride Lisinopril Thiotepa Female spray viagra Black market phentermine Betamethasone Cialis forums What does xanax look like Loss phentermine story success weight Order xanax overnight Viagra alternative uk Diet online phentermine pill Order xanax cod Mecamylamine Eulexin Cheap hydrocodone Buy cheapest viagra Viagra xenical Phentermine with no prior prescription Xanax in urine Macrodantin Cheap phentermine with online consultation Epivir Buy phentermine epharmacist Ditropan Woman use viagra Cialis erectile dysfunction Xanax withdrawl message boards Viagra online store Atorvastatin Generic ambien Is phentermine addictive Next day delivery on phentermine Buy online viagra Ethanol Natural phentermine Avandamet Xanax long term use Diet page phentermine pill yellow 5 cheap Cheapest secure delivery cialis uk Information medical phentermine Cialis experience Phentermine no perscription Compare ionamin phentermine Viagra cialis levivia dose comparison Noroxin Effects of viagra on women Buy cheap cialis Viagra shelf life Hydroxyurea Phentermine discount no prescription Buy cheap online viagra Dog xanax Online cialis Viagra class action Viagra price Phentermine without prescription and energy pill Hydrocodone cod only Nicoumalone Cheapest viagra Cheap ambien Vicodin without prescription Phentermine prescription online Phentermine snorting Mirtazapine Quazepam Isradipine Buy generic viagra online Xanax look alike Moxifloxacin Viagra experiences Piroxicam Nicorette Free try viagra Sotalol Cash on delivery shipping of phentermine How do i stop taking phentermine Xanax prescriptions Cheapest phentermine 90 day order Niacinamide Phentermine weight loss Phentermine

Posted in e-lucubraciones | Comments Off

Relato radiofónico sobre el agua

Posted by Sergio Parra Castillo on Junio 24th, 2008

Regresaba la otra noche de Barcelona en coche. Era tarde, muy tarde: más de las 3 de la mañana. Y entonces me quedé prendado de una narración radiofónica llena de efectos de sonido en la que se narraba el agua en diferentes manifestaciones.

Al llegar a casa, pude hacerme con la emisión en cuestión. Es un reportaje de Severino Donate, sobre el Agua, con motivo de la expo de Zaragoza, la Expo del Agua, que fue emitida en el programa de radio Punto de Fuga, de la Cadena Ser.

Aquí os dejo con él. Cerrad los ojos.
 

Posted in General | No Comments »

Regreso de tierras helvéticas

Posted by Sergio Parra Castillo on Junio 24th, 2008

Después de este largo silencio en el que hemos aprovechado para recorrer Suiza encima de una bicicleta como parte de la documentación de un futuro libro de viajes (aquí el absurdo video-montaje como prueba de ello), estamos de nuevo aquí con un alud de novedades que iremos desgranando poco a poco.

De la sinopsis de Youtube a propósito del video-viaje-lisérgico-dadaista-glam-ochentero:

Don Sergio Parra y don Alexis Mejías emprenden la aventura de recorrer tierras helvéticas en sus corceles de acero, prosaicamente llamados “bicicletas”.

Finalmente, una entidad multiforme y gregaria denominada “Eurocopa” (que tiene que ver con el fútbol y los afectos que este deporte produce en las mentes débiles) frustraron la loable iniciativa de estos dos jinetes en busca de la libertad perdida.

Pues eso. Que el fútbol siempre fastidiando.

Posted in General, Egolandia | No Comments »

Inventando palabras

Posted by Sergio Parra Castillo on Mayo 20th, 2008

Lo que se ha venido a llamar “acuñación recreativa”, es decir, inventar palabras por diversión, puede ser muy entretenido, sobre todo si estas palabras nuevas rellenan lagunas léxicas.
 

 

Muchos abordan el asunto de incorporar nuevas palabras a nuestro vocabulario con un recelo acaso excesivo, propio de quienes arrastran un montón de tópicos por bagaje. En el otro extremo, están los que niegan la importancia de mantener unas reglas lexicográficas elementales, que suelen darle patadas al diccionario a la mínima ocasión, más por incultura o desidia que por verdadero convencimiento. Es difícil, pues, posicionarse en un punto medio sin enzarzarse en diatribas ideológicas acerbas.
 

Es un fenómeno curioso, pero no nuevo. Los defensores de la primera posición, que suelen ser los más doctos aunque también los menos flexibles, tienen como referente el Diccionario de la Real Academia y consideran una enfermedad venérea la invasión de anglicismos que sufre nuestro idioma. Ellos sostienen: si ya existe una forma de decir algo ¿para qué cambiarlo? Son sin duda es el tipo más peligroso, pues también es el tipo más respetado y hasta venerado por la elite intelectual. Pero estos señores catedráticos ignoran algo: que el idioma es un organismo vivo que se pliega y se debe plegar a las necesidades cotidianas. Originalmente, tildar a alguien de “as” era un insulto muy grave, pues se le estaba asociando con un “asnejón”, un “burro”; pero hoy en día nadie se siente ofendido si se le cataloga como el “as del balón”. Los defensores de la pureza de la lengua ya han aceptado este cambio en el significado de una palabra, pero siguen siendo remisos a asumir otros, y ya no digamos a aceptar nuevos vocabularios, sobre todo si provienen del ámbito de la tecnología o son préstamos de otros idiomas.
 

A mi modo de ver, los garantes de la pureza del idioma incurren en un error: no hay nada más inútil que un idioma escasamente dinámico incapaz de rellenar lagunas léxicas. Se deben conocer las acepciones de las palabras, por supuesto, y también hay ser estrictos con su uso; pero nunca hay que perder de vista la realidad social en la están inmersas las palabras. ¿Por qué tardó tanto tiempo en aceptarse el verbo chatear? ¿Para cuando MMORPG o upload?
 

Pero no es el fin de este artículo criticar la estrechura de miras de muchos lingüistas sino animar a los hablantes y escritores a jugar con las palabras, sobre todo con las palabras que todavía no existen. Por ejemplo, las jitanjáforas. Las jitanjáforas son palabras que no figuran en ningún diccionario del mundo y que se emplean en poesía simplemente porque suenan bien: podemos inventar la que queramos.
 

Luego están las palabras (sobre todo sinónimos) que en círculos íntimos solemos usar a modo de jerga; una jerga que sólo nuestros allegados son capaces de entender. Yo uso mucho la palabra “pirulacho” para designar algo que es divertido, trapisondo o interesante. También he acuñado palabras para alguna de mis novelas, como en “Jitanjáfora”, donde se emplea con normalidad el verbo “temperar”, que viene a significar el cuidar más la calidad de los conocimientos que su cantidad, el abordar cualquier asunto con objetividad, el no tomarse en serio ni siquiera lo que uno mismo propugna. O incluso, aficionado como soy a leer diccionarios, empleo términos en desuso, como “escible”: algo que puede o debe ser sabido.
 

“Temperar” también es esa clase de palabras que rellenan un vacío léxico. Ser inteligente no es exactamente temperar, ni tampoco lo es ser culto, ni rápido mentalmente, ni abierto de mente, ni nada parecido. “Temperar” es, sencillamente, una actividad para la cual no existía antes vocablo alguno.
 

En ese sentido, Douglas Adams (autor de la desopilante Guía del autoestopista galáctico) publicó el siguiente razonamiento en The Deeper Meaning of Liff: En la vida, hay muchos cientos de experiencias, sentimientos, situaciones y hasta objetos comunes que todos conocemos y sabemos distinguir, pero para los que no existe una palabra. Por otro lado, el mundo está atestado de miles de palabras de repuesto que pasan el tiempo ni hacer nada que no sea holgazanear en señales que indican determinados lugares.
 

Bajo esta premisa, Adams propuso definiciones a nombres de lugares a los que nadie necesita ir:
 

-Shoeburyness: la sensación vaga e incómoda que nos invade al sentarnos en una silla que conserva aún el calor del trasero de quien la había estado ocupando.
 

-Lamlash: las carpetas que suelen haber sobre la mesa de las habitaciones de los hoteles y que contienen informaciones sobre el mismo.
 

Y es que, además de entretenido, resulta muy útil jugar a la acuñación recreativa de palabras. Aquí propongo una que he vivido en mis propias carnes: en cualquier reunión, tras haber soltado alguna genialidad, la decisión de guardar silencio el resto de la noche para no empañar esa genialidad con alguna obtusidad o incorrección; o sea, retirarse en el momento justo.  
 

Aquí una relación de palabras nuevas extraídas de la columna Style Invitational del Washington Post, el libro Word Figitives, de Barbara Wallraff, y El mundo de las palabras, de Steven Pinker:
 

-Elbonics: las acciones de dos personas que maniobran para ocupar el mismo posabrazos en la butaca del cine.
 

-Furbling: andar entre una maraña de cintas en el aeropuerto o el banco aunque no haya nadie más haciendo cola.
 

-Phonesia: marcar un número de teléfono y, en el preciso instante en que descuelgan, olvidarse de a quién se está llamando.
 

-Sarchasm: el abismo que media entre el escritor sarcástico y la persona que no se entera.
 

-Pandephonium o ringchronicity: confusión momentánea que un grupo de personas experimenta cuando suena un teléfono móvil y nadie está seguro de si es o no el suyo.
 

-Parentriloquism: decir algo a tu hijo para luego darte cuenta de que le dices lo mismo que tu padre o tu madre te decían a ti.
 

¿Se os ocurre alguna más? Steven Pinker propone algunos conceptos muy comunes para los que no existe le mot juste: una melodía que se nos va de la cabeza; un hecho que se puede aprender cientos de veces sin que se nos quede en la memoria; o el insomnio de las primeras horas de la mañana debido a que la vejiga está llena, pero uno está demasiado cansado para levantarse, ir al baño y dormirse de nuevo.
 

Sigamos inventando (a más palabras, mayor variedad y riqueza en nuestro catastro léxico). Y que se fastidien los puristas.

(Publicado originalmente en Fantasymundo)

Posted in General, e-lucubraciones | No Comments »